Arquitectura

Gaviria: el ocaso de un palacio

Isabel II lo inauguró, fue discoteca de moda durante años; ahora este eduficio histórico languidece buscando inquilino

Vistas del sal├│n de los espejos, inaugurado por Isabel II en 1851
Vistas del sal├│n de los espejos, inaugurado por Isabel II en 1851 - IGNACIO GIL

La Reina Isabel II inauguró el palacio con un baile en el salón de los espejos, en 1851. La rumorología de la época sostiene que en aquellas suntuosas estancias de la que entonces era residencia principal del banquero Manuel Gaviria Donza, marqués de Casa Gaviria, la monarca tuvo el rincón discreto donde departir con sus amigos más íntimos. Ocupaba un lugar privilegiado en la zona preferida de la burguesía de la época, entre la Puerta del Sol y Ópera, hoy centro neurálgico del comercio madrileño. «Se cuenta que había un pasadizo secreto entre este edificio y el Palacio Real y que la Reina Isabel II se veía aquí con sus amantes. Luego se tapió por miedo a atentados terroristas, aunque eso son rumores», afirma Alfonso de Urbina y Arróspide, marqués de Rozalejo. Él es uno de los herederos, numerosos, del imponente edificio situado en el número 9 de la calle Arenal, sobre cuya balconada principal cuelga desde hace semanas un inusitado cartel: «Se alquila planta noble».

El Palacio de Gaviria busca nuevos inquilinos. Sus dueños buscan revitalizar esta joya arquitectónica, que languidece deshabitada desde que hace seis años cerrara la discoteca, del mismo nombre, sin licencia de actividad. Antes, en los ochenta se ubicó allí el Centro Asturiano, con mesa de billar y bingo, lo que le convirtió en un destacado centro social de Madrid. En los noventa, muy lejos del esplendor decimonónico, el negocio de la noche colocó el palacio entre las mejores salas de fiestas de la capital, conocida por sus sesiones de «intercambio» con extranjeros.

Decoración del techo, de Espalter I. GIL

Varias generaciones de jóvenes han bailado frente a los mismos espejos donde lo hizo Isabel II. Tras la noche de juerga, el encendido de las luces dejaba boquiabierta a la muchedumbre al descubrir entre qué fastuosas paredes se daba a la juerga. Pero desde que la discoteca se quedó sin permisos del Ayuntamiento, el acceso público al Palacio de Gaviria quedó cerrado. Las trabas burocráticas no ayudan a su resurgimiento.

Protegido por Patrimonio

La razón es que el edificio está blindado por Patrimonio desde que en 1977 la Comunidad de Madrid incoara un expediente de protección para declarar el Palacio de Gaviria como Bien de Interés Cultural. El trámite todavía no se ha resuelto, pero desde la Comunidad indican que, «de oficio, la protección es máxima». Esta circunstancia «obstaculiza mucho las posibles salidas del palacio», admiten sus dueños, que no se dan por vencidos. Se resisten a «dejar morir» el inmueble heredado después de que el marqués de Gaviria falleciera sin descendencia y pasara a manos de la familia de su mujer. «Mi abuelo, conde de la Revilla, vivió aquí. Mi madre nació en estas habitaciones y pasó parte de su infancia con sus hermanos, hasta la proclamación de la República», relata a ABC Alfonso de Urbina y Arróspide, quien desgrana las bondades del lugar, incluida la capilla con su sacristía, donde se oficiaban misas en familia. Aún se conservan algunas piezas ornamentales de gran interés en los salones, en el despacho del marqués y la pila bautismal. Son originales de alto valor histórico, si bien la gran mayoría de las obras de arte que había entre sus paredes fueron confiscadas con el advenimiento de la República. «Probablemente, eso permitió que se salvaran», reconocen.

Obra de Aníbal Álvarez Bouquel, este tesoro arquitectónico se proyectó entre 1846 y 1847 como uno de los palacios más lujosos del Madrid isabelino, siguiendo el modelo italiano del Renacimiento. En su interior destaca la decoración pictórica de los techos realizada por el pintor de la Reina, Joaquín Espalter y Rull, retratista de la nobleza de la época y autor de pinturas murales del Congreso de los Diputados. «Es la joya de la Corona», se precian los propietarios. Una grandiosa escalera decorada con estuco original de la época, de coloroes rosas y verdes, da acceso exclusivo a la primera planta. Profesores de Bellas Artes de Madrid suelen llevar a sus alumnos para contemplar esta majestuosa estructura. Dos estatuas en hornacina coronan la escalera balaustrada.

El renacer

En los últimos meses, al empeño de sus propietarios ha hecho que el Palacio de Gaviria haya podido retomar cierta actividad. Por ejemplo, en diciembre se instaló durante tres días un mercadillo de Navidad con propuestas innovadoras de diseño, artesanía y gastronomía. Algunas empresas han alquilado el salón de los espejos para cócteles o cenas de gala. Hasta se han rodado anuncios de moda, películas y podría convertirse en plató de una serie de televisión.

El proyecto más ilusionante que en este momento ha fijado su mirada en las posibilidades que da la majestuosidad interior del palacio lo firma el cocinero de moda David Muñoz, de la mano de una conocida firma de ginebra. «La planta noble está a disposición de todo tipo de eventos en régimen de alquiler», se informa al interesado en Gaviria. Son más de mil metros cuadrados por unos 25.000 euros al mes, según la referencia del anuncio, orientativo. Los elevados gastos de mantenimiento del coloso corren a cuenta de sus dueños.

Laura Arroyo abrió hace tres años una tienda de ropa «vintage», donde su padre I. GIL
Toda la actualidad en portada

comentarios