ALBERTO FERRERAS
Sociedad

El Sáhara que recibirá a Castilla y León

Una delegación de parlamentarios, concejales y representantes sindicales visitará los campamentos #a los que huyeron de la guerra los habitantes de la última colonia española

ZamoraActualizado:

Por unos días, cambiarán el coche oficial, su sillón en el Parlamento regional o su despacho como líderes de una organización sindical por una casa de adobe, sin grifos de agua corriente, con un agujero por váter y en algunos casos sin electricidad. Una delegación de Castilla y León visitará del 16 al 20 de marzo los campamentos de refugiados saharauis de Tinduf (Argelia).

Se alojarán en casas de algunos de esos refugiados y conocerán la labor de ayuda humanitaria al pueblo saharaui impulsada desde Castilla y León. La delegación, integrada por setenta personas, incluye tanto a procuradores en las Cortes, entre ellos la presidenta, Silvia Clemente, como a concejales, líderes de los sindicatos, representantes de los medios de comunicación y de asociaciones de ayuda al pueblo saharaui. Los campamentos en los que se asentaron los habitantes de la última colonia española al huir de la guerra cuando España abandonó el Sáhara Occidental hace 42 años son hoy en día unos asentamientos en precario en la zona más árida del desierto. Analizamos a través de ocho imágenes su historia, modo de vida y vínculos con Castilla y León.

A. F.
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1. Pueblo hermano: Hasta febrero de 1976, el Sáhara Occidental fue la provincia número 53 española. La ocupación del territorio por parte de Marruecos y el inicio de una guerra obligó a la población civil saharaui a huir a los campamentos de refugiados de Tinduf. Allí, los mayores del lugar todavía conservan sus carnés de identidad o libros de familia -como el que muestra un saharaui en la imagen- expedidos por las autoridades españolas. El segundo idioma, tras el dialecto árabe hasanía, es el español, que todavía se habla en algunas casas y se enseña de forma exhaustiva en las escuelas.

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2. Vacaciones en paz: En la zona del desierto en la que están los campamentos apenas llueve una vez al año, pero cuando lo hace puede pasarse una semana entera, con los destrozos que ello provoca en las casas de adobe. En verano se superan los 50 grados y eso, junto a la precaria nutrición, llevó a promover el programa Vacaciones en Paz, que cada año permite a unos 250 niños saharauis pasar dos meses con familias de acogida de Castilla y León y someterse a un seguimiento pediátrico del que carecen en su tierra.

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3. Economía de subsistencia: Con una situación provisional y en precario que se prolonga desde hace cuatro décadas, la población refugiada saharaui tiene una economía de subsistencia, basada principalmente en la ayuda humanitaria que reciben y en el ordeño de las tres o cuatro cabras que suele tener cada familia. Desde Castilla y León, las asociaciones impulsan programas de recogida y envío de ayuda humanitaria y alimentos no perecederos que se mandan periódicamente.

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4. El problema del agua: Sin manantiales ni oasis, en la «hamada» del desierto del Sáhara en la que se asientan los campamentos la falta de agua es uno de los principales inconvenientes. Hay camiones cisterna de reparto como el de la agencia de ayuda a los refugiados de la ONU. En las casas antes tenían depósitos de chapa que al oxidarse eran nocivos, por lo que hay programas, como uno impulsado desde Palencia que se materializó el pasado mes de diciembre, para sustituirlos por cubas de agua de plástico.

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5. Educación limitada: En los campos de refugiados hay guarderías y escuelas en las que, gracias a la ayuda humanitaria, se facilita a los niños leche y galletas en el recreo, que en algunos casos será su única alimentación hasta la cena. A partir de los 14 años ya no existen posibilidades de continuar estudios superiores. Quienes quieran seguir formándose deben desplazarse a la capital argelina, a 1.800 kilómetros, o a otros países. En Castilla y León el programa «Madrasha», impulsado por las organizaciones de ayuda al pueblo saharaui, permite la escolarización. En la imagen, actuación de Payasos Sin Fronteras en una escuela de Auserdar.

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6. Carencias sanitarias: Pese a que una buena parte de los proyectos solidarios con el Sáhara se destinan a los centros hospitalarios y al envío de comisiones sanitarias desde Castilla y León, la salud es aún una asignatura pendiente, con dificultades de acceso a servicios sanitarios básicos, mayores aún en lo referente a disciplinas médicas especializadas. En la imagen, una comisión sanitaria de odontólogos trabaja con los medios disponibles en un hospital de los campamentos.

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7. Tradiciones arraigadas: Tomar el té, jugar al dominó, respetar el horario del rezo musulmán, preguntar siempre por la familia al saludar a un conocido, conversar de forma reposada en las jaimas -tiendas de campaña- o dejar siempre las puertas de la casa abiertas al visitante son algunas de las tradiciones del pueblo saharaui que se mantienen arraigadas, incluso en los campos de refugiados, donde se estima que residen unas 200.000 personas entre el centro administrativo de Rabouni y los cinco campamentos.

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8. País disperso: La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) es reconocida como estado soberano por más de 80 países de todo el mundo. Su población está dividida entre la que vive en los campos de refugiados, la que reside en los territorios liberados, la que está en la zona aún ocupada por Marruecos y la que ha emigrado por la pobreza. En 1991, Naciones Unidas reconoció el derecho a la autodeterminación y acordó celebrar un referéndum que 27 años después aún no se ha realizado. Hace tres meses, se aprobó por unanimidad una declaración institucional de las Cortes de Castilla y León de apoyo al referéndum que ponga fin al conflicto del Sáhara Occidental.