Economía

El absurdo del «low cost»: cuando comprar barato contribuye a perder el trabajo

¿Qué relación guardan los precios excesivamente bajos con las condiciones de los trabajadores en Taiwán? Josep Burgaya desmonta este «incomprensible sistema económico» y advierte de sus peligros

El absurdo del «low cost»: cuando comprar barato contribuye a perder el trabajo

¿Cuántas veces has leído titulares en prensa sobre Foxconn y las míseras condiciones de sus trabajadores? La situación de quienes forman la plantilla del gigante tecnológico de Taiwán es crítica desde hace tiempo aunque, tristemente, la realidad sigue siendo la misma. De hecho, a comienzos de este año, la organización humanitaria «China Labour Watch» denunciaba cómo los empleados de la citada compañía se veían obligados a cumplir jornadas de 77 horas semanales a cambio de un salario más que alejado de la dignidad. Probablemente hayas escuchado hablar también de la situación extrema que cada día soportan millones de personas en Bangladesh, centro neurálgico de grandes marcas que, a cambio de externalizar su producción, han logrado un inusitado ahorro en costes recortando también, en palabras de la ONU, los derechos de sus trabajadores.

Ambos ejemplos son la viva muestra de algunas de las consecuencias del sistema «low cost», un arma de doble filo que, si bien nos ha ayudado a acumular bienes materiales a precio de «ganga», también lleva tiempo perjudicando a los sistemas económicos occidentales. Así lo explica Josep Burgaya en «La economía de lo absurdo» (Editorial Deusto), su último libro y en el que desgrana los problemas que una economía basada en lo excesivamente barato está causando a nuestra sociedad.

Los peligros del 'low cost'

Para empezar, Burgaya no duda en afirmar que hoy «hay más pobreza que nunca». En opinión del autor, «estamos inmersos en un sistema económico en el que la enorme pobreza contrasta con la gran riqueza concentrada en unos pocos». Pero, ¿qué relación guarda todo esto con nuestro gusto por los «chollos»? «Esta tendencia de comprar lo más barato posible parece, a priori, positiva para el consumidor, que realmente no sabe el daño que se está causando a sí mismo. Cada vez que compramos productos 'low cost' aportamos nuestro granito de arena para que cientos de empresas desplacen su producción a otros lugares. Puede parecer una afirmación rotunda pero creo, sinceramente, que cuando invertimos en 'low cost' invertimos en quedarnos sin trabajo».

Pongámonos en la piel del consumidor. ¿A quién no le gusta comprarse tres pantalones por el precio de uno? Nuestros ingresos, dice Burgaya, «son limitados y cada vez menores, por lo que los productos baratos son la mejor opción en la mayoría de los casos. El consumidor no tiene la culpa, pues la situación es la que es». La solución al problema está, dice el experto, en nuestro sistema político. «El Estado debe establecer ciertos límites a la economía, hacer que esté al servicio de los ciudadanos. Evidentemente no estoy hablando de un modelo intervencionista, pero sí de un necesario control. España, por ejemplo, no debería permitir que productos fabricados con mano de obra infantil cruzasen su frontera».

«Compramos el doble de lo necesario»

El 'low cost', prosigue Burgaya, «es un sistema fundamentado en el despilfarro y basado en el trabajo injusto». «Consumimos el doble de lo que necesitamos y debemos saber que nuestro planeta no podrá sostener este ritmo a largo plazo». Necesitamos, explica el autor, un cambio de paradigma que ponga fin a este modelo «absurdo». «Cuando compramos barato estamos contribuyendo a tener una sociedad sin garantías y con salarios precarios. ¡Es de locos!»

¿Hay marcha atrás? Es decir, ¿estaría usted dispuesto, como consumidor, a renunciar estos precios de «ganga»? «No se trata de que el ciudadano quiera o no quiera pagar de más. Son los gobiernos los que tienen que hacer los deberes, recuperar las riendas de la economía y establecer mecanismos para una cierta redistribución de la riqueza. Con esto no quiero decir que busquemos un sistema económico basado en el igualitarismo, pero no podemos olvidar cuál ha sido siempre la función de la economía: proporcionar el mayor bienestar al mayor número de personas».

El 'low cost' nos empobrece

Preguntamos a Josep Burgaya si cree que nuestra sociedad tiene presente que, cuando compra barato, está contribuyendo a que la miseria de los trabajadores de Bangladesh perdure en el tiempo. «No lo creo», asegura. Lo peor, dice, es «que ni siquiera nos damos cuenta de que nos condenamos a nosotros mismos. Esta dinámica nos está llevando a una vida precaria y a la pérdida de empleos. Buscamos lo más barato sin saber que eligiendo el 'low cost' solo conseguimos empobrecernos».

La creciente desigualdad que este sistema genera dará lugar, además, «a una sociedad fracturada y en la que los problemas de fondo no podrán solucionarse». «Tener un contrato estable será un sueño. Nos hemos instalado en la cultura de la precarización y nos dirigimos a un mundo en el que los trabajadores alternarán el empleo con el desempleo. Creo que todavía estamos a tiempo de solucionarlo».

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