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Juan Pablo Meneses: «Messi no es un ejemplo posible para los niños»

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El periodista chileno Juan Pablo Meneses se compró una ternera para tratar de entender la locura que desataba en su país el negocio de la carne y, tras plasmar la experiencia y la venta del animal en «Vida de una vaca», repite ahora jugada en el terreno del fútbol. «Me llamaba la atención la locura a la que se está llegando, con los hinchas celebrando un buen negocio más que un gran campeonato». Así que Meneses se subió a un avión con un único objetivo: localizar y comprar un niño futbolista. Un talento en bruto y sin atar de México, Colombia, Ecuador, Brasil, Chile, Argentina o Perú que, quién sabe, pudiese acabar convirtiéndose en el nuevo Messi. El resultado de tan agitado periplo es «Niños futbolistas» (Blackie Books), crónica radical de un suculento negocio en la que Meneses denuncia los excesos y desmanes de un deporte-negocio sacudido estos días por los problemas fiscales de Messi o las protestas de «los indignados por el fútbol de Brasil».

—El libro refleja el contraste entre la ilusión de los niños por triunfar en el fútbol y salir de la pobreza, y esa cara sombría del negocio que se mueve a sus espaldas.

—Las dos cosas van de la mano. Fíjese en equipos como el Barcelona: han construido una máquina perfecta para los cazatalentos, ya que todos los niños quieren jugar allí antes incluso de que los descubran.

—El fenómeno Messi sería, en este caso, paradigmático.

—Messi ha sido muy mal ejemplo, ya que el suyo es un caso único. No se puede repetir, y sin embargo muchos intentan hacerlo. El propio Barcelona presentó a Maxi Rolón, «el nuevo Messi». Tiene 18 años y todavía no ha debutado ni en Primera ni en Segunda. A esa edad Messi y Neymar ya eran titulares en sus selecciones.

—Al final, más que un negocio parece una lotería.

—Los chicos quieren hacer la carrera de Messi, sí, pero los que compran jugadores quieren hacer el negocio de Messi. Es más: cuando fui por Latinamérica buscando jugadores y preguntando a los padres, mucha gente me preguntaba: «¿Yo puedo participar? ¿Puedo tener un porcentaje?». No es extraño ver cómo se juntan tres o cuatro amigos y compran un jugador adolescente, pensando que podría ser el nuevo Messi.

—No sé si hay mucha diferencia entre el futbolista como materia prima y la de esa ternera sobre la que escribió en su anterior libro.

—En ambos casos, son negocios en los que hay muchos intermediarios. El que observa, el que da datos, el agente, el mánager, el asistente, los asesores… Te salen unas 10 partes de la cadena que quieren su tajada. Por eso ahora, por ejemplo, el Real Madrid está instalando escuelas de fútbol en Latinoamérica. Quiere eliminar intermediarios y tener sus propios campos allí.

—¿Qué es lo que más le sorprendió de todo el proceso de buscar un niño futbolista para comprarlo?

—La familiaridad con la que hablan todo el tiempo. Los «este chico sirve», «este no», «este es muy lento y hay que cambiarlo». Y, sobre todo, los «que me das a cambio de mi hijo». Todo el mundo habla con un grado brutal de insensibilidad hacia la niñez. Y por eso la FIFA y el resto de organismos no han tratado a fondo el tema, porque para poder hacerlo hay que ponerse a ese nivel.

—¿Ha quedado el deporte completamente arrinconado por el dinero?

—Así es. La parte deportiva ha quedado arrinconada y ha aparecido otra faceta, lo que yo llamo el «postfútbol». Dentro de poco veremos como los suplementos deportivos incorporarán columnistas económicos para explicar, por ejemplo, quién es el dueño de Neymar y los porcentajes de cada jugador. Un caso como el de Messi, que pasó de 10.000 euros a 130 millones, es casi tan valioso en términos deportivos como en términos de fútbol financiero. Ayer, sin ir más lejos, oía a unos chiquillos que hablaban de recuperar rápidamente la inversión hecha por Neymar para poder fichar otros jugadores. Era niños y no hablaban de goles, hablaban de dinero.

—Asumiendo que el caso de Messi es irrepetible, ¿qué ocurrirá con Milo, ese futbolista que «compra» por unos doscientos dólares al final del libro?

—Lo más probable es que fracase. Los que llegan son menos del 1 por 100. Es por eso que el negocio se está convirtiendo en algo industrial, con equipos comprando canteras y creando sus propias escuelas de fútbol. En Argentina, por ejemplo, el único que mantiene un buen trabajo de cantera es Boca Juniors, pero lo que no dicen es que esa cantera es del Barcelona.