PREPUBLICACIÓN DE LIBRO «ENRIQUE PONCE, UN TORERO PARA LA HISTORIA»

El día que Paloma salvó a Ponce de su peor cornada

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«En estas páginas vemos revivir la historia, el misterio, la belleza, el riesgo, la gracia y la vitalidad que tienen las corridas de toros y la manera como ellas se encarnan en un diestro que, desde su más tierna infancia, comprometió su vida en esa vocación que lo ha llevado a enfrentarse y lidiar más de dos mil corridas». Son palabras de Mario Vargas Llosa, nobel prologuista de «Enrique Ponce, un torero para la historia» (La Esfera de los Libros), una biografía escrita por el propio torero y Andrés Amorós, crítico taurino de ABC. Ambos maestros recorren la trayectoria y glosan las hazañas de una figura de época, una vida excepcional dentro y fuera de los ruedos. No todo han sido glorias, el torero bordeó la muerte por una gravísima cornada en León: Paloma Cuevas, su mujer, se enfundó de valor y obró el milagro... Pasen y lean en esta prepublicación exclusiva:

El niño prodigio

«Su abuelo Leandro le inicia, desde muy chico, en los secretos de la tauromaquia. (...) Su abuelo le contagia la pasión, pero Enrique demuestra, desde los comienzos, una clarividencia y una facilidad absolutamente excepcionales: lo propio de los elegidos para un arte. Y eso se lleva en los genes o lo da Dios, como se prefiera: se tiene o no se tiene. (...) “A mí nunca se me pasó por la cabeza ser otra cosa que no fuera torero. Desde que tengo cinco años estoy jugando al toro y esa es mi vida”».

Por tierras de Jaén

«“Es como los chicos que se van a estudiar fuera una carrera: unos se van a Londres; otros, a Estados Unidos. Pues yo me voy a Jaén, que, al fin y al cabo, está más cerca...” Eso le dice a su madre, para que no sufra demasiado, con su marcha a Navas de San Juan (...) Ha llegado ya el momento de dar un salto importante. El 10 de agosto de 1986, en Baeza, se anuncia una novillada de Jiménez Pasquau para Juan Pedro Galán y Enrique Ponce: es su debut de luces. Necesita un vestido y Juan Ruiz se lo lleva a Madrid, a casa de Justo Algaba, el sastre de toreros. Como no encuentras ninguno de su talla, el apoderado reacciona: “Mira, Justo, este no es de vestidos alquilados; coge el metro y hazle uno nuevo”. Empezó a sacarle medidas, de rodillas, porque de pie no podía, de chico que era Enrique, y le hizo un vestido blanco y plata. Aquello parecía como de juguete pero era una preciosidad: estrenó este vestido en su debut con caballos (...) Esta tarde Enrique busca en el callejón a Juan Ruiz Palomares y le brinda su primera faena: “Juan, te brindo la muerte de este novillo porque tú y yo vamos a mandar en esto”. El que habla así todavía no ha cumplido los quince años pero lo ve muy claro. Y no se equivoca».

Alternativa y confirmación

«En la trayectoria profesional de Enrique Ponce, cuidadosamente planeada, el año 1990 es el de la alternativa: tiene dieciocho años, lleva ya dos como novillero con caballos (el último a la cabeza del escalafón) y varios más como becerrista. Ha crecido y se ha desarrollado, física y taurinamente. La crítica, unánime, ha señalado su precoz madurez... Ya es hora de demostrar esas cualidades en el escalafón superior, de competir con los grandes maestros».

La cumbre de las cien

«El año de la EXPO de Sevilla, 1992, supone realmente una cumbre: con veinte años, torea por primera vez cien corridas en una temporada. Toda España lo ve, por televisión, triunfar clamorosamente en Fallas. Sale por primera vez a hombros en San Isidro. Indulta al toro Bienvenido en Murcia. Cierra la temporada española matando seis toros en Madrid. Se presenta en la plaza de México y sufre una cornada. En lo personal, comienza a ganar dinero en serio. Y conoce en Cali a Paloma Cuevas, su futura esposa».

Líder del escalafón

«En 1995, bate su récord, con 120 corridas, 174 orejas y 11 rabos. Son cifras que marean... Todo eso tiene también, lógicamente, una repercusión económica. Lo recuerda así Juan Ruiz Palomares: “Nosotros empezamos a ganar dinero en el 92. Me dice una día Enrique que vamos a comprar un Mercedes. Y yo le digo: “Enrique, vamos a comprar una finca primero y después compramos un Mercedes”. “Hombre -me dice-, que fulano (un torero de su generación) tiene ya dos Mercedes”. Le digo: “Pues déjale que tenga dos Mercedes, que nosotros hasta que no se pague la finca esta, no vamos a tener Mercedes”. Y compró aquella finca con muy poco dinero en el banco, pero, como yo le dije: “Tú tienes cojones para pagar esta finca y otra que hay al lado”. Así fue».

La cornada de León

«El 23 de junio (2002) participa Ponce en la corrida de León, ocho toros de Zalduendo, alternando con Paco Ojeda, Morante de la Puebla y El Juli. Vestido de tabaco y oro, consigue una oreja en el segundo toro y las dos y el rabo en el sexto, después de ser herido al matar. La fotografía del ABC impresiona, con el diestro en el aire, clavado en su cuerpo el cuerno derecho. (...) El parte facultativo alerta ya de la gravedad: “Politraumatismo frontal y torácico derecho, con fractura de tres costillas”. (...) Ha sido, sin duda, la cornada más grave de toda su carrera, que ha puesto en peligro su vida... “No era consciente de la gravedad de la cogida, estaba en una nebulosa. Gracias a mi mujer, Paloma, estoy aquí. Le echó valor y, bajo su responsabilidad, me trajo a Madrid, a un cirujano torácico, el doctor Madrigal...”».

La familia

«“Torero casado, torero acabado”, reza un refrán que Ponce niega rotundamente: “Es uno de los muchos tópicos que hay en el toreo. Si te casas con la mujer que quieres de verdad, encuentras la estabilidad personal; lo otro, lo de ir de flor en flor, es perjudicial para el torero. Yo me casé muy joven. La felicidad que me ha dado Paloma se ha reflejado también en la plaza”. (...) Todos los que conocen a Ponce saben que ha perdido la cabeza por su hijas. “El motivo fundamental de que yo toree menos es la familia. Quiero estar con mis hijas, verlas crecer. Ese era ya el planteamiento cuando Paloma y yo nos casamos (...) Yo he ido consiguiendo lo que soñaba: entonces vino Palomita; ahora ha venido Bianca (...) Si no existieran mis niñas, a lo mejor toreaba ochenta corridas”».

La vida social

«Es todo lo contrario de un bohemio. Ha llevado siempre una vida personal y familiar muy ordenada, ha sabido invertir bien lo que ha ganado. (...) Contoda sencillez, sin ninguna pedantería, se ha ido abriendo a una vida social de alto nivel. Paloma, su mujer, ha supuesto una ayuda fundamental».

La política

«¿Se podría comparar la tauromaquia con la política? “También tiene su peligro: hay que ver cómo arrean algunos políticos... La política es un toro con genio que, a veces, puede romper en manso y con peligro”. (...) No duda al señalar el acontecimiento político que más le ha marcado: “El 11-M. En democracia, el terrorismo es la mayor de las manipulaciones. En España, se han ganado elecciones, de ese modo”».

La religión

«Ponce, por supuesto, piensa dar una educación religiosa a sus hijas: “Estoy convencido de que la educación es la mejor herencia que puedo dejarles. Eso incluye todo, también la educación religiosa. De niños, en mi casa, íbamos siempre a Misa. A Palomita, mi hija mayor, la he llevado ya a la iglesia para que vea el respeto con el que debe uno comportarse... Allí, todos encontramos paz, serenidad y consuelo».

Cabeza, arte y valor

«Algunos han podido confundir su facilidad con frialdad: “...En mis manos, el toro no se veía tan malo, no se le notaba el peligro... Si oyes tocar a un gran guitarrista, parece que la guitarra suena sola, pero ponte tú a hacerlo... No es mejor guitarrista aquel a quien le sangran las uñas al tocar”».

Conclusión

«¿Por qué sigue toreando si ya lo ha conseguido todo? “Por vocación, por afición, porque me siento en mi mejor momento artístico... O algo más sencillo: porque soy torero, y eso supone una manera de ser y de vivir...”. Después de tantos éxitos, ¿qué es lo que todavía le falta? “Que Dios me haga ver cuál es el momento oportuno para dejar de torear, vestido de luces: no para dejar de ser torero, porque siempre lo seré”».