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El enigmático Luis de Usoz y su colección secreta de libros prohibidos

La Biblioteca Nacional inaugura una exposición con libros perseguidos por su «heterodoxia» religiosa en la España decimonónica y traídos de forma clandestina por el bibliófilo desde todos los rincones de Europa

Dos de los libros que forman parte de la exposición
Dos de los libros que forman parte de la exposición - BIBLIOTECA NACIONAL
ABC.es Madrid - Actualizado: Guardado en: Cultura Libros

Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912) contrajo una inestimable deuda cuando escribió su famosa «Historia de los Heterodoxos Españoles» con un enigmático bibliófilo fallecido cuando él apenas contaba con 10 años de edad. El máximo denostador de cualquier tipo de desviación religiosa en España pudo consultar en la Biblioteca Nacional la más importante biblioteca de autores heterodoxos y libros prohibidos que ha existido jamás en España, cuando acababa de ser donada por la viuda de Luis de Usoz en 1873 y antes de los expurgos que ésta sufrió.

Desde entonces, la colección de Luis de Usoz ha sido de consulta prioritaria para todo interesado en la introducción y difusión del libro prohibido en la España del siglo XIX o en el estudio de las ideas y principios divergentes de los tradicionalmente enseñados. La Biblioteca Nacional muestra desde hoy en la exposición «La librería secreta de Luis de Usoz (1805-1865)» incunables, manuscritos y libros prohibidos que este coleccionista trajo de forma clandestina desde todos los rincones de Europa, conservó y en algunos casos hasta editó.

Entre las piezas que se exponen figuran las Biblias traducidas al castellano que no pudieron circular por la Península, entre ellas la Biblia del Oso, folletos de propaganda de Lutero, libros de Calvino y Erasmo, la primera edición de la autobiografía de Blanco White impresa en Londres o los poemas de un esclavo cubano que fueron pieza importante de la propaganda antiesclavista.

El riesgo del contrabando y difusión de libros prohibidos le llevaron a buscar un anonimato que lo ha convertido casi en un desconocido. «Usoz se impuso un autoaislamiento por su condición de coleccionista, importador clandestino de libros prohibidos y editor de los mismos, por su estrecha relación con heterodoxos como George Borrow o los cuáqueros ingleses B. B. Wiffen y George W. Alexander y por sus múltiples estratagemas para poder financiar los cuantiosos gastos que generó la formación de la RAE (Colección de Reformistas Antiguos Españoles)», explican los responsables de la exposición.

Nacido en 1805 en Chuquiraca, en la provincia de las Charcas durante el virreinato del Perú (actualmente en Bolivia), Luis de Usoz era hijo de un magistrado en América que tras terminar su servicio regresó a Madrid con su familia. Alumno de Lista en el Instituto de San Mateo durante el Trienio Liberal, Usoz estudió leyes, pero pronto se dedicó a otras actividades. Se relacionó con escritores de la época, entre los que destaca Serafín Estébanez Calderón, se interesó por el estudio del romancero, una labor que nunca abandonaría, como tampoco la del estudio de las lenguas.

Compañero de generación de Larra y Espronceda, Luis de Usoz «es un romántico que consagra su vida a la libertad y focaliza esa idea en la recuperación de los protestantes españoles, con su Colección de Reformistas Antiguos Españoles, su apoyo al antiesclavismo y la recuperación de romances y otros ejemplos de literatura popular», explica la Biblioteca Nacional.

Durante sus viajes a Inglaterra en 1841 y en sus estancias en Italia compró muchos libros y posteriormente siguió adquiriendo ejemplares a través de agentes tanto en estos países como en Francia, Alemania y otros puntos de la Europa centro-occidental. Eran libros prohibidos en España por su «heterodoxia», así que Luis Usoz tuvo que ingeniárselas con diversas técnicas para que llegaran a España. Desde ocurrentes medios a los que hubo de recurrir el bibliófilo para colocar en el extranjero el dinero para adquirirlos, a rocambolescas operaciones para introducirlos en el país.

Reunió un total de 11.357 volúmenes, entre ellos algunas de las piezas más emblemáticas de la Biblioteca Nacional como la Biblia impresa por Plantino en 1584 y la joya de la imprenta española que fue la Políglota Complutense, impresa en Alcalá entre 1514 y 1517 por Arnao Guillén de Brocar, bajo la dirección del Cardenal Cisneros.

Interesado también por el teatro, destacan en su colección los autógrafos de dos autos calderonianos, El Divino Cazador y Llamados y Escogidos, así como un cuantioso fondo de teatro breve, compuesto en gran parte por sainetes sueltos del siglo XIX.

Su figura pasó desapercibida durante el siglo XIX, tanto por su falta de interés en la vida pública como por la mala prensa de la que fue objeto. Se decía de él que era «una persona extraña y enigmática». No ha quedado imagen suya.

Usoz manifestó siempre el deseo de que sus libros permanecieran en España tras su fallecimiento pues habían sido adquiridos con dinero español. De ahí que en 1873, ocho años después de su muerte, su viuda entregara conforme a su voluntad su colección de libros, documentos y manuscritos a la Biblioteca Nacional. Eugenio de Hartzenbusch entonces director del centro recibió el 3 de octubre de 1873 la carta de cesión de mano de María Sandalia del Acebal, y al día siguiente ya se había remitido la propuesta al ministerio de Fomento, quien la aceptó ese mismo mes.

La donante regaló a su vez las estanterías, donde fueron colocados libros y cajas de documentos. Un año después la biblioteca había sido incorporada. «Dicha colección sigue constituyendo, en la actualidad, el primer fondo bibliográfico para el estudio de las disidencias religiosas en España», aseguran desde la Biblioteca Nacional, que rescata del olvido la figura del coleccionista de libros prohibidos más relevante de la España del XIX.

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