El «best-seller» suizo Joël Dicker firma un ejemplar de su libro en el Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela
El «best-seller» suizo Joël Dicker firma un ejemplar de su libro en el Hostal de los Reyes Católicos de Santiago de Compostela - abc
recoge el premio san clemente

Joël Dicker: «Me siento tramposo al no haber llegado a Santiago caminando»

No ha cumplido 30 años y ya acapara el galardón con que antes se agasajó a literatos como Murakami y Auster. El novelista suizo mezcla «sueños a lo grande» y una mundana pasión: «Mi madre no dejó que tuviese una tarántula muerta. Lo de la serpiente fue divertido hasta el día en que se escapó»

Actualizado:

El jurado que criba y otorga el prestigioso premio Arzobispo Juan de San Clemente es un tanto peculiar: los alumnos de bachillerato del Instituto Rosalía de Castro, en Santiago de Compostela y otros cuatro centros de enseñanza de la autonomía, uno por provincia. En pos del galardón han arribado a la capital gallega literatos como el escurridizo Haruki Murakami, que charló con los jóvenes sin arrugarse, Mario Vargas Llosa, Stephen Hawking y Jostein Gaarder, entre otros muchos. Porque van veinte ediciones y 63 escritores reconocidos. En esta ocasión, ha recalado en un jovencísimo y triunfador novelista suizo, Joël Dicker.

En medio de su apretada agenda, pocos minutos después de aterrizar este jueves 28 de mayo en Compostela, atiende las preguntas dirigidas por ABC en el céntrico Hostal de los Reyes Católicos este ginebrino que convirtió su segunda novela, «La verdad sobre el caso Harry Quebert», en un fenómeno mundial con récord de ventas y de crítica. En unas horas es laureado en el auditorio del instituto público, con el propósito encomendado de fomentar la pasión por la lectura entre el alumnado, que, por cierto, se rendirá también ante la inmensidad del océano azul de sus ojos.

En esencia, el galardón reconoce que las jóvenes generaciones tienen voz y opinión literaria. Ellos han considerado que sea este graduado en Derecho y artífice de múltiples cuentos como «Le Tigre», de su primera novela «Los últimos días de nuestros padres», que se lanza ahora, y sobre todo del thriller a la americana por el que fue traducido en 30 idiomas, el escritor del momento.

—¿En qué está trabajando en estos momentos? Porque ha tenido con su libro una gira muy larga y seguro que lleva unos meses, quizás ya un año, trabajando en algo... ¿En qué? ¿Es su nueva novela, qué nos traerá esta vez?

—Sí, ahora mismo estoy trabajando en mi próxima novela, y está casi acabada. Lo que no contaré es de qué va. No me gusta decir que la publicaré en una fecha determinada, ya que no sigo ningún plan. Simplemente siento cuando la historia está llegando a su fin. Soy un poco supersticioso y no me gusta decir si la novela triunfará o no, será lo que tenga que ser y aprenderé de la experiencia de escribirla.

—Le leo los nombres de los anteriores premiados con el San Clemente que recibe usted en Santiago de Compostela: Milan Kundera, Auster, José Saramago... ¿Cómo se queda uno cuando es el siguiente en recibirlo?

—Ser reconocido junto a estos increíbles autores es un privilegio, es impresionante. Supongo que veo este premio desde un punto de vista diferente al resto. Soy un escritor joven, y para mí esta es una experiencia grande, intensa y divertida. Es, además, una gran oportunidad para promover la literatura entre jóvenes y me siento halagado de que las personas del mañana me hayan escogido para recibir este maravilloso premio.

—Y aprovechando que está en Galicia, donde acaba el Camino de Santiago. ¿Adónde le lleva su propio camino?

—Me siento un poco tramposo al no haber llegado a esta ciudad caminando, sino en avión (se ríe). Opino que el camino de cada uno se va trazando según las experiencias vividas, y el mío aún se está escribiendo. Estoy emocionado por todo lo que estoy viviendo, y opino que es un buen momento para empezar a crear algo grande.

—¿Le molestan comparaciones como la de que es el nuevo Stieg Larsson, de la saga «Millenium»?

—La primera respuesta que se me viene a la cabeza es que sí y no a la vez. Fue en la feria de Frankfurt, donde presenté mi primer libro, donde por primera vez me compararon con Stieg Larsson. Es un honor haber sido comparado con él, pero la gente se equivoca al pensar que mi libro es un thriller, una novela policíaca, y no lo es.

—También se le advierten rasgos de Nabokov, Philip Roth… ¿Cómo define al Jöel Dicker escritor? Le he llegado a leer que ni siquiera se ve como escritor… 

—Me veo a mí mismo como Joël. Lo que escribo está influenciado por mis experiencias, por aquello que leo, veo, o escucho.

—¿Y cómo persona? Déjenos conocerle un poco más, ¿cómo se ve a sí mismo? ¿Algún defecto inconfensable?

—Bueno, para empezar podría decir que soy una persona nada paciente, no me gusta esperar. Tengo dificultad para controlar mis ideas, por lo que a veces puedo ser algo difícil de seguir. Lo que siempre digo es que, a pesar de los defectos, la clave está en soñar a lo grande. Como dijo una vez Óscar Wilde: «Los sueños están para cumplirse».

—¿No espanta a sus amigos y familia su afición por los insectos?

—Ahora mismo ya he dejado lo insectos a un lado (sonríe). De pequeño estaba fascinado con los insectos, la naturaleza, y la escritura. La verdad es que mi madre siempre estuvo un poco asustada. Nunca me permitió traer arañas a casa, pero una vez conseguí una tarántula muerta y ella no me dejó quedármela. Pero más tarde sí que tuve la oportunidad de tener una serpiente. Fue divertido hasta el día en que se escapó de su jaula (y aquí se vuelve a reír en alto).

—No ha cumplido siquiera los 30 años. ¿Abruma el éxito más por ser más joven, o cree que lo habría hecho de igual modo si hubiese triunfado a los 20 o a los 40?

—Opino que habría hecho las cosas de forma diferente. No creo que 10 años atrás hubiera sido capaz de escribir mi novela como lo he hecho a esta edad. Sin los libros escritos anteriormente no hubiera sido capaz de formar mi personalidad como escritor, y lo que queda de ellos está reflejado en Harry Quebert.

—Ha vendido cifras mareantes de un libro escrito en francés en países francófonos, pero también en Canadá, España e Iberoamérica. ¿Detecta algo distinto entre el público español? ¿Qué diría del lector de este país, tiene algo que no tengan los demás, es diferente en algo?

—El español es un idioma interesante. La novela fue publicada solamente en castellano a pesar de haberle dado vueltas a la idea de publicarla también en español latino. Noto que en España el público es muy abierto e interesado en la lectura, como ocurrió en la fiesta de Sant Jordi. Esto nunca lo pude ver en Francia.

—Se ha publicado su primera novela, «Los últimos días de nuestros padres», tras el éxito de la segunda. ¿Qué cree que hubiese sido de usted sin «La verdad sobre el caso Harry Quebert»?

—Opino que en caso de no haber publicado la novela, simplemente habría escrito otra. Escribir es mi pasión, lo hago porque disfruto, no por el éxito. Ojalá pueda seguir escribiendo toda mi vida y dedicarme siempre a ello.

—¿Es Suiza un buen país para ser escritor?

—Suiza es un país pequeño dividido en tres pequeñas partes entre Italia, Alemania y Francia. Es un mercado pequeño, por lo que fue necesario salir del país para dirigirme a un público más amplio.

—Déjeme preguntarle sobre su visión política… En España acaba de haber elecciones y se confirma el desapego del ciudadano hacia el dirigente. ¿Cómo ve las cosas en este terreno? 

—Opino que ahora mismo la situación es un desastre. El gran desempleo en España no es bueno para el país, ya que los jóvenes son privados de trabajar y, por lo tanto, de ayudar a recuperar la economía. La gente joven tiene que soñar a lo grande, pero ya no puede, ya que son despojados de la libertad de pensamiento.

—En este país tenemos ejemplos de escritores metidos a políticos, como Luis García Montero. ¿Entraría en política? ¿Cuánto dinero sería necesario para sonsacarle un «sí»?

—En este momento no me vería siendo político. No sabría decir en qué lado me pondría, derechas o izquierdas. La gente tiene que pagar impuestos, pero si son demasiado altos no podremos disfrutar de un café con nuestros amigos y, consecuentemente, las cafeterías se quedarían sin clientes. Por lo tanto, es necesario alcanzar un punto intermedio que nos ayude a disfrutar de la vida.

—Su admirado Houellebecq fue acusado de plagiar algunos pasajes de la Wikipedia francesa y él reconoció haberlos usado, defendiéndose diciendo que «tomar prestados unos textos palabra por palabra no es robar siempre que los motivos de este reciclaje sean artísticos». ¿No le parece un insulto a la magia del escritor y la literatura? 

—No creo que copiar el texto de otra persona esté bien, y menos de Wikipedia. Tenemos que empezar a enseñarle a la gente que no todo lo que está en Wikipedia es creíble. Necesitamos empezar a pensar por nosotros mismos y a utilizar nuestra capacidad individual para sacar lo mejor de nosotros mismos.