Los vencedores: Lloyd George (Reino Unido), Orlando (Italia), Clemenceau (Francia) y Wilson (EEUU)
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La larga guerra del siglo xx (I)

Versalles, más que causa, fue excusa para la Segunda Guerra Mundial

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Durante un año, París había sido capital y centro del mundo. Mientras todo el planeta se intentaba recuperar de la convulsión de la guerra, las potencias vencedoras, las democracias, los Aliados, habían estado discutiendo y preparando el mundo de posguerra.

Los Catorce Puntos, la Nueva Diplomacia, la autodeterminación de los pueblos, el fin de la autocracia…El Tratado de Paz de Versalles y la Conferencia de Paz de París fueron la consecuencia de ese espíritu. Pero fue algo más. Por vez primera se fundaba una organización, la Sociedad de Naciones, en la que todos los países participarían. El objetivo: ser el foro donde todas las naciones resolviesen sus diferencias y conflictos de forma pacífica. De Versalles salió también la Organización Internacional del Trabajo. Todos los obreros tendrían sus derechos y podrían participar de los beneficios de la sociedad industrial.

Tenía también que firmarse una paz justa; los daños, reparados y compensados; los causantes del desastre, castigados. Nuevos estados emergían, otros desaparecían, y sus fronteras debían ser fijadas…, pero, sobre todo, debía evitarse que otra nueva guerra pudiese asolar al mundo como lo acababa de hacer ésta. Sin embargo, la realidad era otra.

El fuego de la revolución.

Mientras los debates y las discusiones se sucedían, la Revolución Rusa alimentaba el alma de muchos. Y también causaba el pavor de otros tantos. Una revolución que, para bien o para mal, estaba subvirtiendo todo el orden conocido. ¿Era realmente la liberación de los oprimidos, o un nuevo monstruo que esclavizaba al ser humano? Fuese cual fuese la respuesta, millones de personas abrazaron su credo y el fuego de la revolución prendió por toda Europa. Las democracias occidentales intentaron por todos los medios apagar el incendio, pero hoy, que ya conocemos la respuesta, todavía vivimos sus consecuencias.

No sólo fue el Tratado de Versalles, hubo más: Trianon, Sevres, Saint-Germain. Y tuvieron muchos aciertos. Pero también graves fallos. El sistema de Mandatos se convirtió en una excusa más para un nuevo colonialismo. A pesar de los plebiscitos celebrados, muchas minorías quedaron integradas en países que les eran extraños e incluso hostiles. Las cláusulas económicas y las reparaciones de guerra eran a todas luces exageradas… En todos los países había alguna facción, más o menos numerosa, que creía que se le había escamoteado el premio justo de la victoria o se le hacía pagar por unas culpas que no eran suyas. Y se provocaron resentimientos, tanto en los países derrotados, principalmente en la nueva República de Alemania y en el Reino de Hungría, como en los países victoriosos, caso de Italia,Grecia o Japón.

El Tratado de Versalles fue excusa, no causa. Hitler y Mussolini, ambos excombatientes, lo utilizaron como ariete para golpear la razón de sus conciudadanos. Ni la Primera Guerra Mundial, ni la Conferencia de Paz de París, ni el Tratado de Versalles habían conseguido frenar las ansias de los nacionalismos más vehementes ni más irredentos, que fueron alimentados por las supuestas o ciertas injusticias de los tratados de paz.

Caldo de cultivo. El fascismo y el nazismo, surgidos como movimientos revolucionarios tras la guerra, no necesitaban de ningún «injusto» tratado para justificar su vacío ideario. Estas ideologías, mezclando socialismo, racismo, darwinismo social y nacionalismoa ultranza, encontraron un caldo de cultivo perfecto en el resentimiento provocado por los tratados, la crisis económica, el nacionalismo exacerbado y el miedo a la revolución bolchevique.

Con el revanchismo nazi como motor principal, Europa, y el mundo entero, se encaminaban hacia un nuevo acto del mismo desastre, pero la magnitud sería esta vez inimaginable.

Decenas de guerras dibujan un nuevo mapa de Europa