Madrid

Madrid / AL DÍA

«Performance» sindical

Día 28/09/2010
Lo de mañana no es una huelga general, sino una «performance» sindical que, si saliera bien, sería llevada a Arco 2011 para epatar a la burguesía, o como se diga eso. De entrada, los sindicatos han tenido el buen gusto de señalarla en miércoles, a fin de que los huelguistas puedan organizar un «puente de la Huelga», que anticipa los puentes del Pilar, de la Inmaculada y de la Constitución, encadenados para obligar a los cinco millones de parados a no permanecer parados. Después de todo, son ellos los que pagan la «performance» de la huelga general que no es ni general ni huelga. Huelga general es lo que montó Largo Caballero en el 34 porque a Gil Robles, que había ganado las elecciones, se hizo cargo de Defensa: «Se acordó declarar la huelga general en toda España», escribe el pobre loco en sus memorias, y añade: «Se compraron y repartieron armas, algunas de las cuales se entregaron a la comisión de Madrid y fueron descubiertas en una casa de los Cuatro Caminos. Una imprevisión de Prieto, que entregó a un individuo una tarjeta con direcciones, ocasionó la detención de algunos compañeros en la Ciudad Jardín, la Ciudad Universitaria y la Ciudad Lineal, con depósitos de armas... Se resolvió que en el caso de ser detenidos, para salvar a la organización obrera y al Partido Socialista se declarase que el movimiento había sido espontáneo como protesta contra la entrada en el Gobierno de la República de los enemigos de ésta... ¿Hice bien o mal al proceder como lo hice? ¿Debía entregar a la voracidad de la justicia burguesa a un defensor del proletariado?» La Revolución sigue pendiente, pero ni Méndez, el Largo de Badajoz, ni Toxo, el Pasionario de La Coruña, van a repartir armas, sino subvenciones. De hecho, esta «performance» sindical no es más que un necesario reajuste de ubres entre tetones que no se dejan destetar. «¡A mí que no me toquen el cocido!» Porque, además, esta vez no hay en el Gobierno de eso que la izquierda y algunos revistosos del puchero llaman
«fascistas». En la última huelga general, la del 20 de junio de 2003, el risueño comunista Romero creyó encontrar un par de ellos en un bar de Málaga y, al cabo, sólo consiguió este titular de prensa: «Antonio Romero condenado por pegar a un anciano que no hizo huelga». El anciano era el cliente, que quería desayunar. Romero, al parecer, llamó «fascista» al anciano burgués, pero sólo por ejercer, dijo, su derecho a la huelga «como piquete informativo». La información, lo primero.
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