Responsables operativos del CNI se han trasladado a la zona del secuestro para liberar a los dos últimos cooperantes. Hay optimismo sobre el desenlace

El periplo del cautiverio a la libertad
Mauritania. El pasado 29 de noviembre el último vehículo de la caravana humanitaria de Barcelona Acció Solidària es asaltado en la carretera que lleva de Nuadibú a Nuakchot.
Malí. Las sospechas se centran en el vecino Malí, donde Al Qaida suele mantener cautivos a sus rehenes. Las tres provincias del norte (Tombuctú, Gao y Kidal) conforman un enorme desierto casi deshabitado, mayor que España, que se ha convertido en una perfecta guarida para Al Qaida. Se sospecha que los españoles están en el norte de Kidal.
Burkina Faso. Gámez fue trasladada el martes a Gao. Allí la esperaba un avión de Burkina Faso que la condujo a Uagadugú, la capital de este país. De ahí, a Barcelona, en un avión de la Fuerza Aérea Española.
El Gobierno no oculta cierto sinsabor por no haber logrado liberar al mismo tiempo a los tres rehenes españoles secuestrados por Al Qaida del Magreb Islámico (AQMI), pero trata de hacer ver que las negociaciones con los terroristas no son una ciencia exacta y que no es la primera vez que se divide un grupo de rehenes dejando a unos libres y a otros no. Por eso, tras el fin del cautiverio de Alicia Gámez, el objetivo es, sin fijarse plazos concretos, hacer lo mismo con Albert Vilalta y Roque Pascual.
Dentro de la discreción habitual, desde distintas instancias del Ejecutivo e incluso desde otras fuentes de máxima solvencia que trabajan directamente en la liberación, se refleja cierto optimismo ante una próxima resolución del secuestro de los dos compañeros de Gámez.
El Centro Nacional de Inteligencia (CNI) sigue desplegando efectivos en países de la región para tratar de no dar puntada sin hilo. Los espías no pierden de vista el mensaje lanzado por los secuestradores de los cooperantes españoles, que sin anunciarlo como otras ocasiones a través de su aparato propagandístico en internet, dieron a entender la semana pasada que la liberación de los españoles pasa por ser intercambiados por presos de la banda encarcelados en Mauritania.
De esta forma hacían ver que no es momento de lanzar leña al fuego y que queda una parte importante de las negociaciones por sacar adelante. Mientras eso se produce, las palabras de la joven Alicia Gámez, que habló incluso de buen trato por parte de sus captores, contrastaron con el duro relato de las condiciones de su secuestro que hizo hace dos semanas el francés Pierre Camatte, que no ahorró en descalificaciones hacia los terroristas que lo mantuvieron en el norte de Malí.




