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La muestra «Libertad, Igualdad, Fraternidad» rastrea, a través de la obra de artistas contemporáneos, la huella y pervivencia de los ideales de la Revolución Francesa
Una revolución más que pendiente
«LIF», óleo sobre lienzo de José Manuel Broto. Colección del artista
Sede y fechas
Sala de exposiciones Alcalá 31 (Madrid). Del 8 de octubre al 22 de noviembre 2009. Horario: De martes a sábado, de 11:00 h. a 20:30 h. / Domingos y festivos de 11:00 h. a 14:00 h. / Lunes cerrado. Inauguración: 7 de octubre a las 20:00 h. Entrada gratuita. Visitas guiadas gratuitas: Sábados y domingos por la mañana: 12:00 h. y 13:00 h. Sábados por la tarde: 18:00 h. y 19:00 h.
Actualizado Martes, 06-10-09 a las 18:40
«Liberté, Égalité, Fraternité». ¡Mon Dieu, qué tres palabras! Libertad, igualdad y fraternidad. ¡Cuántas sueños y cuántas pesadillas en su nombre! ¡Cuántas utopías y cuántos presidios! ¡Cuántos esfuerzos y cuántas penalidades! Tres palabras (a veces mágicas, a veces el rosario de la aurora) que han recorrido el mundo desde hace dos siglos, desde que en 1789 se convirtieran en el banderín de enganche de la Revolución.
Tres palabras que sirven de título a la exposición homónima organizada por la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid y la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC), con la colaboración de la Embajada de Francia en España, que este miércoles 7 se inaugura en la Sala Alcalá 31 de Madrid. Tres palabras cargadas de historia, pero escritas y pronunciadas en español, ya que como sugieren los comisarios de la muestra, Isabel Durán y Bernard Marcadé, en francés ya se han institucionalizado y han perdido su impronta libertaria.
Tres palabras que suscitan más de doscientos años después muchas preguntas histórica, política y humanamente agridulces: ¿Qué queda de aquellos ideales? ¿Somos más libres, acaso más iguales, tal vez más fraternales? Preguntas a las que se ha pedido contestación por parte de 15 artistas españoles, 14 franceses y 2 portugueses mediante una obra que trace, dibuje y perfile cuál es el estado de las tres palabras a estas alturas del siglo XXI. Dos poetas, Dionisio Cañas y Carlos Edmundo de Ory (lanzando por doquier sus aerolitos poéticos: «El lobo es un hombre para el lobo»; «Os ordeno no ser esclavos de órdenes») han puesto las respuestas por escrito. Al fin y al cabo, como destaca Isabel Durán, «la poesía habla con palabras que se ven. La imagen poética es elocuente y crea en “Libertad, Igualdad y Fraternidad” una carga de sentido intenso que humaniza y trasciende los propios conceptos».
Una visión irónica de la historiaEl resultado no es precisamente la alegría de la huerta, que no parecen los artistas convocados los tipos más optimistas del planeta. Pero hay momentos en la muestra para la sonrisa y hasta la carcajada. Piensen si no en un grupo de quiromantes leyéndole la buenaventura a un molde en bronce de la mano de Francisco Franco, propuesta esotérico-político artística (llamada «Militaria»), de Fernando Sánchez Castillo, cuyos frutos, bien maduros, más vale recoger en persona en la exposición. O imaginen a un grupo de señoras y señoritas atizándole lo suyo al busto de Rousseau en la Plaza de las Salesas, tras conocer que buen salvaje, sí, pero más que machista, en una videoinstalación de Cristina Lucas, «Rousseau y Sophie»). La ironía trufa igualmente la aportación de Jean-Luc Moulène, quien recrea (libre, libérrimamente) iconos de la cultura francesa, con De Gaulle a la cabeza. Multiétnica y multirracial es la sana mirada de Bruno Peinado, capaz de convertir al muñeco de Michelín en todo un Jackson Five. Muy distinto es el punto de vista, surreal y esperpéntico, del lisboeta Gonçalo Pena que presenta una serie de héroes de la Revolución deformados por el lente del humor negro y la crueldad.
Emocionantes los tres lienzos de Chema Cobo que ilustran un ideario expresado por el artista en el catálogo de la exposición: «No hay libertad que no sea bajo fianza». El apasionante juego con el tiempo pasado (probablemente perdido) de Christian Boltanski, y el tiempo quizá recobrado en las placas conmemorativas de Joan Fontcuberta, que reflejan los deseos de la patria de hacerle un hueco en la memoria a los caídos, la recreación de «Los Caprichos» de Goya por Eulàlia Valldosera, y la visión sangrienta (más si cabe, como «si el cuadro orinase sangre», dice el propio creador) de «Los fusilamientos del 3 de mayo» por parte de Yan Pei-Ming, constituyen otras de las pinceladas más intensas de la exposición. «Libertad, Igualdad, Fraternidad». ¿Una Revolución más que pendiente?
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