Publicado Viernes, 03-04-09 a las 01:54
LAS playas son de todos. ¿O no? En realidad, las playas son de Costas. ¿Y quién es «Costas»? «Costas» es un reducto administrativo que defiende, teóricamente, la integridad de la franja costera española, esa que va desde Gerona hasta Huelva y desde Vigo hasta San Sebastián. Las costas de España son de «Costas», un grupo de funcionarios particularmente malencarados que consideran que las playas son suyas. La última del Ministerio de Medio Cuento consiste en pergeñar una acción legal mediante la cual se proceda a la retirada de las playas de España de los perversos chiringuitos que hacen medianamente agradable tomar el sol a la orilla de la mar. Según los talibanes de «Costas», ninguna construcción puede estar a unos cuantos metros de la línea de las olas, con lo que lo preceptivo es que se aparten hasta los límites urbanos de cada paseo marítimo, en el caso de que exista, y así se deje la playa expedita de construcción alguna. Sea de madera y brezo, sea de obra. ¡Fuera las sardinas de la playa! Muy del «estilo Borrell», para entendernos, el mismo que consideraba inoportuno el toro de Osborne por tratarse de publicidad de una marca concreta. En el caso de prosperar esta estupidez ministerial que ha llegado a los predios del mismísimo Congreso de los Diputados, todos los chiringuitos que alivian los rigores de las playas españolas deberán ser retirados y pasados a mejor vida. Semejante tontería está suficientemente sustanciada en un proyecto que debaten los diputados como si se tratase de un asunto capital y/o transcendental. Tremendo. No caen en la cuenta sus señorías de que aquellos que van a la playa un domingo son los que exactamente no pueden ir a otro sitio. Los que no tienen apartamentos con piscina o casas con jardín sólo pueden ir a la playa. Son los que van con fiambrera, sombrilla, mesa auxiliar y hamaca reclinable. Son los que, a medio día, se acercan a pedir un tinto de verano a la barra del chiringuito cercano, los que saborean unos calamares a la romana o un arroz medianamente trabajado. Son los que compran una botella de Casera para mezclarla con una de tinto peleón. Un gazpacho, una tortilla, unos jureles. Ya saben. A esos son los que estos señoritos del ministerio les quieren quitar parte de sus domingos de playa. Porque la playa es suya; de ellos, los ministeriales. La playa no es de los españoles que cargan con bolsas y toallas para echar un día al sol, desde el mediodía hasta el atardecer; la playa es de los funcionarios aburridos que fotografían las sandías y las hamacas.
El objetivo es claro: váyanse de las playas. Empezamos por retirar los chiringuitos, seguimos por prohibir comer en la arena, y acabamos por impedir el acceso a gente con sombrilla. Prohibido disfrutar del litoral. Podrán pasear a determinadas horas y en determinadas proporciones. La playa se convertirá en un espacio protegido por el que podrán pasear brigadas de ecologistas vigilantes y al que pasarán unos cuantos visitantes controlados por una agencia medioambiental. Este aparentemente exagerado panorama no es tan improbable: si los ciudadanos dejamos que una serie de integristas antipáticos manejen nuestro paisaje y se apropien de él, acabaremos por perder una parcela sustanciosa de nuestra libertad. Los ciudadanos tenemos derecho a pasar un domingo en la playa y a comernos unas sardinas en bañador por mucho que les repugne a los funcionarios del Ministerio de Medio Ambiente con su ministra al frente. Prohibirán fumar en la playa, prohibirán beber en la playa, prohibirán comer en la playa. Nos quieren prohibir la playa, en una palabra. Valiente pandilla de cantamañanas.
Tengo curiosidad por ver si un partido tan demagogo como el socialista se atreve a despojar de su relajo a la gente que sólo tiene un domingo playero como alternativa de ocio de fin de semana.
A ver si hay cojones.

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