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Los 1.200 rascacielos de Hong Kong en cuatro minutos de vértigo

Un vídeo retrata la agobiante belleza de la jungla urbana de la antigua colonia británica

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Con más de 1.200 rascacielos, 300 de ellos con una altura superior a los 150 metros, Hong Kong es la ciudad vertical. Uno de esos lugares del mundo, como Nueva York o Dubai, donde el hombre se ha empeñado en dominar el entorno a base del ingenio – y la ingeniería – que han traído sus multimillonarias fortunas, o viceversa. Javin Lau, joven fotógrafo canadiense, de Toronto, retrata en este vídeo esa ciudad vertical desde perspectivas nuevas, con un resultado entre agobiante y hermoso.

Al ser una de las urbes más densamente pobladas del planeta, con siete millones de habitantes en su poco más de 1.000 kilómetros cuadrados, a Hong Kong no le ha quedado más remedio que crecer hacia arriba. Desde la orilla de Kowloon, que se extiende en la parte continental hasta la frontera con China, el «skyline» de la isla de Hong Kong luce majestuoso al anochecer mostrando la riqueza que atesora uno de los principales centros financieros de la economía global. Así lo atestiguan los deportivos y Rolls-Royce que recorren sus calles, las carísimas mansiones que se enseñorean frente a la playa de Repulse Bay, en la parte posterior de la isla, y los sofisticados clubes y bares que marcan las últimas tendencias de moda en Asia.

Plagado de rascacielos y galerías comerciales de lujo comunicadas por atestados corredores de mármol o pasos elevados sobre sus colapsadas avenidas, en Hong Kong se puede andar un día entero sin pisar la calle. Tan sólo hace falta seguir a la multitud que, cargando bolsas de diseño, deambula de tienda en tienda y de cafetería en restaurante de lujo. Un ecosistema propio de pasadizos subterráneos y escaleras mecánicas, como el famoso Escalator que con 800 metros de longitud trepa hasta 135 metros de altura por las calles desde Central hasta el Soho.

En una auténtica muestra de clasismo urbano, la calle se queda para las decenas de miles de criadas filipinas e indonesias que los domingos aprovechan su único día libre para reunirse con las amigas e improvisar «picnics» en las aceras de Central, bajo los escaparates de Chanel y Dior, y en el parque Victoria. La acera también se la patean, y bien, las despampanantes jovencitas tailandesas que, luciendo minifaldas y botas hasta la rodillas, hacen la calle en Wan Chai entre neones de locales de alterne y «strip-tease», cuyas «madames» queman incienso ante los budas plantados a sus puertas para que no les falten los clientes. En Hong Kong, la sonrisa es tan vertical como sus edificios.

Hubo una época, en los 80 y 90, en que cada dos o tres días se terminaba un nuevo rascacielos en esta antigua colonia británica, devuelta en 1997 a China. Al acabarse el espacio en la isla y fluir el dinero de la «fábrica global» hacia al continente, Shanghái le tomó el relevo como la nueva megalópolis del siglo XXI, un escenario real que parece sacado de “Blade Runner”. Pero Hong Kong, con su mezcla histórica de culturas, sigue conservando el encanto apátrida de un cruce de caminos más cercano a las nubes que al suelo.

Javin Lau, el autor del vídeo