Los mecanismos más curiosos que usan los detectives para el espionaje
Joaquín Oliva bebe agua de una botella que esconde una cámara - m. moreno

Los mecanismos más curiosos que usan los detectives para el espionaje

El asesor de seguridad Joaquín Oliva muestra a ABC una pequeña relación de artículos que en realidad esconden una cámara de grabación

manuel moreno
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Un bolso, un libro, una corbata, unas elegantes gafas, un falso interruptor de la luz, un teléfono móvil, una botella de agua, unos auriculares, un reloj, el llavero del coche,..., hasta un termo de acero inoxidable con café con leche calentito en su interior puede esconder verdaderamente una cámara para grabar audio y vídeo. Como en la magia, nada es lo que parece. Ni siquiera un pequeño botón, un simple tornillo o un atractivo prendedor de corbata. «Donde menos te lo esperas se puede instalar una cámara», asegura Joaquín Oliva, representante comercial de www.paradetectives.es  y www.espiamos.com.

Oliva ha expuesto, durante el congreso de investigadores privados celebrado esta semana en el Palacio de Congresos de Toledo, una pequeña muestra de los sorprendentes artículos de espionaje que vende a detectives y al público en general, en muchos casos por menos de 200 euros.

Comercializa productos de la marca «LawMate», la empresa de este sector más importante en el planeta tierra. Solo en Estados Unidos, «LawMate» factura dos millones de dólares anuales con los aparatos que utilizan los profesionales de todo el mundo. ¿Por qué? Los grabadores de esta firma comercial siempre pueden servir como prueba pericial. «Esos productos son los mejores amigos tanto de investigadores privados como fuerzas y cuerpos de seguridad», afirma este asesor de seguridad, quien también acepta encargos para acoplar la cámara más pequeña que uno pueda imaginarse a cualquier soporte. «Trabajamos a medida, como los sastres», resume.

Despertador con otros usos

La botella de plástico de la que Joaquín Oliva bebe agua en la fotografía que ilustra este reportaje oculta en realidad una cámara, que es imposible descubrir a simple vista, salvo a muy corta distancia y después de revisarla a conciencia. Cualquiera la puede conseguir por 295 euros.

O unas atractivas gafas con patillas negras que ocultan una cámara para grabar imagen y vídeo en entrevistas realizadas a menos de tres metros. Nunca para hacer seguimientos de personas. Además, el propio mecanismo permite seleccionar para grabar en interiores o exteriores.

Y por la duración de la batería en estos artilugios no hay que preocuparse porque, como sucede con el falso interruptor de la luz, la carga puede tener una vida de hasta una semana.

Para los viajeros, en el mercado también se venden, por unos 200 euros la unidad, despertadores de mesilla con una disimulada cámara de grabación de alta definición, que pueden utilizarse en la habitación del hotel ante el temor de ser víctima de algún robo. Y por unos 90 euros pueden comprar detectores de cámaras ocultas aquellas personas preocupadas de que le estén grabando mientras descansan plácidamente.

Sin olvidar escáners de cámaras inalámbricas para descubrir lo que están transmitiendo terceras personas, detectores de frecuencias de teléfonos (nunca interceptadores de llamadas, porque esta práctica es un delito en España) o transmisores «gps» para enviar información a cualquier lugar del mundo en directo.

Y para las personas más coquetas, a punto están de salir al mercado elegantes colgantes y broches que realmente esconden una cámara de grabación.