VIDEOANÁLISIS

«Assassins Creed Odyssey» y la potencia del poder femenino

Brillante en su avance hacia un sistema de exploración, la nueva entrega de la serie de aventuras mantiene su espíritu clásico con nuevos elementos rol y ensalzando a una mujer como la principal guerrera

MADRIDActualizado:

Desde que Assassin’s Creed apareciera por primera vez hace once años, todas sus entregas han querido acercar al gran público un periodo histórico muy concreto, aunque con el tiempo la saga ha exhibido ciertas carencias. Los videojuegos han prosperado desde un planteamiento abierto a una mayor exploración. Los mundos jugables se han ensanchado; no así la manera de enfrentarse a ellos. La inmensa mayoría de los títulos del género han comido de la misma idea: elaborar una lista de la compra que coleccionar. Cuanto más larga y marcada en el mapa, mejor.

Ese tiempo está acabando. «Assassins Creed Odyssey», nueva entrega de la serie de aventuras, rompe con ese concepto y, de la misma que sucede en «The Legend of Zelda: The Breath to the Wild» y otros juegos de rol, permite al videojugador asaltar la historia desde la exploración. Sin guías. Sin más ayudas que los marcadores que aparecen cuando te aproximas a un objeto. Si bien es cierto que es una función optativa -al comienzo del juego te da la opción- es una constatación que los usuarios son cada vez más maduros y desean sumarse a retos. Por medio de pistas se van conociendo las zonas de actuación. En total, una treintena de regiones a pisar.

Podría parecer que los inicios dramáticos de la saga no tenía más recorrido que «Origins», entrega en la que se plasman los hechos que desencadenaron en la creación de la Hermandad de los Asesinos, el grupo que el jugador se pone en la piel mientras libra una batalla ancestral contra los Templarios, presentados como misteriosas personas que quieren dominar el mundo.

Esa representación historiográfica se mantiene pero se ha querido alargar la trama hasta tocar otro periodo muy seductor, la Grecia clásica. Y más concretamente, el año 430 antes de Cristo y las guerras del Peloponeso. Una etapa en la que se cimenta la modernidad y se va abandonando la concepción politeísta del mundo. No es de extrañar, por tanto, las referencias hacia los guerreros espartano y a personajes históricos como Hipócrates.

A diferencia de otras entregas, en esta ocasión se ha querido coquetear, sin llegar a profundizar del todo, en las elecciones del jugador. Algunas de sus decisiones tienen impacto a corto plazo, mientras que otras afectarán a la larga. Es más, hay hasta cuatro finales distintos, aducen desde la compañía desarrolladora. Esta decisión cambia drásticamente la forma de emplazar las misiones y al mundo griego, dejando de lado en ciertos sentidos al tradicional planteamiento anodino del que pecan los mundos abiertos. ahora es más dinámico, pero sigue sin moverse con brillantez.

Teniendo en cuenta que los diálogos y la manera de comportarse del personaje influye dentro de la narrativa, el título apuesta por reforzar los condicionamientos RPG de los clásicos juegos rol. Mejorar el armamento y las habilidades se convierte no solo en un deseo sino en una necesidad para poder afrontar con garantías las diferentes misiones que engloba la trama.

Por primera vez, además, permite jugarse al completo bajo un personaje femenino, Kassandra, una guerrera espartana de piel dura y corazón de hierro, a quien la vida no le ha tratado demasiado bien. Otra opción es manejar a Alexios, otro mercenario. Es una decisión encomiable, pero se echa en falta un mayor arrojo por haber potenciado aún más ese poder femenino que evidencia, sin dudas, esta entrega. Y más sabiendo que la elección no tiene ninguna trascendencia, dado que ambos personajes tienen la misma fortaleza y las mismas habilidades.

Pese al avance en integrar todos los elementos, muchas de las misiones convierten al personaje en un mero artificiero. En un recadero o emisor que acude en ayuda de los desfavorecidos, sin lograr fusionarse con la trama principal. El sistema se combate es muy similar al introducido el pasado año. Es muy directo y ofensivo. Los enemigos, por ejemplo, atacan todos a la vez y para salir airoso hay que realizar una combinación de golpes y bloqueos al mismo tiempo que se rueda por el suelo. Es divertido y pone el acento en la paciencia del jugador, pero adolece de una mayor creatividad y de fidelidad histórica.

El juego funciona porque es distinto. Esa diferenciación se aprecia también en otros apartados como la presencia de los llamados «Mercenarios», que funcionan -con ciertas limitaciones- como el sistema Némesis potenciado por «Sombras de Mordor». Aquí el jugador se encuentra unos clanes de enemigos que dirigen el cotarro. Lo que sí no ha cambiado es el minucioso trabajo de reproducción de los entornos y las ciudades, repletas de vida y detalles. Un mundo cautivador y que, con la excusa de la Grecia clásica, el jugador puede ir descubriendo un pasado que, tal vez por formar parte de una cultura universal, funciona casi por adoración.