AnálisisFaceApp: «¿A quién entregamos nuestros datos?»

Datos como el rostro de personas tienen un valor, y es cierto que contar con conjuntos de datos amplios para entrenar a sistemas de inteligencia artificial resulta interesante para muchas empresas

MadridActualizado:

No podemos negar la gran tracción que ha obtenido la aplicación FaceApp, que ha acumulado en poco tiempo a nivel mundial más de cien millones de descargas. Con famosos que han mostrado los resultados de aplicar los filtros de esta aplicación sobre sus fotos, rápidamente sus fans la han descargado en sus terminales y han procedido a subir los resultados, ayudando de nuevo a aumentar esta popularidad.

Pero, como suele suceder en tantas otras aplicaciones para móvil que tratan datos personales como estas fotografías, no siempre nos encontramos con servicios que cumplan completamente la Ley. Esta aplicación, creada en Rusia (aunque el equipo de desarrollo ha indicado en un comunicado que los datos no son transferidos a este país), no cumple con los requisitos que la normativa europea de protección de datos impone.

Está claro que existen problemas jurídicos para el desarrollo de este servicio, con una baja o nula transparencia respecto a los usos y transferencias internacionales de los datos, además de los plazos de conservación y habilitaciones incluso para uso comercial de las imágenes obtenidas, pero el debate se ha ido desplazando hacia posibles usos malintencionados a partir de la obtención de los datos biométricos de sus usuarios, en especial a causa del origen de la aplicación.

Datos como el rostro de personas tienen un valor, y es cierto que contar con conjuntos de datos amplios y adecuados para entrenar a sistemas de inteligencia artificial resulta interesante para muchas empresas, pero centrarnos en dicho aspecto como uno de los principales objetivos de la aplicación es a mi parecer un error.

La gente que tenderá a descargar dicha aplicación sin tener en cuenta los riesgos ya habrán cargado multitud de imágenes en otras redes sociales, y que pueden ser descargadas por parte de terceros, aunque no tengan una habilitación legal para ello. Por otro lado, si hablamos exclusivamente del entrenamiento guiado o no de estos sistemas resulta sencillo obtener «datasets» ya preparados para realizar esta tarea.

A mi parecer, el caso de FaceApp debe servirnos para recordar de nuevo la facilidad con la que se instalan aplicaciones en un terminal de nuestra propiedad, cómo se entrega la privacidad desconociendo que sucederá después con los datos que aportamos, más allá de este caso concreto, y cómo empresas extranjeras abren un servicio al público sin quedar sujetas en la práctica a las múltiples obligaciones que la normativa establece. Si lo que nos preguntamos es si somos conscientes de los riesgos de instalar una aplicación y de subir nuestros datos a la nube, la respuesta es claramente negativa, y ese es el verdadero problema.