Probamos el iPhone XS: una fórmula depurada sin apenas mutaciones

El nuevo terminal de Apple mejora por dentro, algo que se aprecia en su resultado fotográfico, aunque si tienes el anterior puede pecar de ser innecesario

MADRIDActualizado:

Únicamente una pequeña banda de plástico en el marco inferior permite distinguir el iPhone XS del iPhone X, el terminal lanzado el pasado año para conmemorar el décimo aniversario de la llegada del producto. Es tal el diseño continuista que nos encontramos que puede llevar a confusión si lo vemos en paralelo. Una cosa está clara: Apple ha recuperado para este curso la letra «S» que se ha utilizado para sus generaciones intermedias; aquellas en las que el alumno adelantado mejoraba progresivamente. El «secreto» en este móvil está en la masa, en su interior.

La compañía ha propuesto un terminal que fuera es prácticamente igual, así que la pregunta es clara: ¿dónde está entonces la gracia? En líneas generales tiene más potencia, se ha mejorado el sistema de procesamiento fotográfico y se ha logrado hacer más resistente al agua. Estéticamente es bonito, pero eso no debería sorprender visto el modelo del pasado año, aunque los nuevos colores dorados le confieren una nueva cara como cuando se inyecta uno «bótox».

A lo sumo, puede ser más o menos igual. El hecho de no haberle pasado por el quirófano se aprecia incluso en la pestaña o «notch» que ya caracteriza al modelo. Es cierto que no nació en el iPhone X, sino en el fracasado Essential Phone, pero la compañía norteamericana ha logrado que se ponga de moda entre un gran elenco de dispositivos Android. Es una solución, algo controvertida, pensada para ganar espacio pero seguir manteniendo los sensores, altavoz y cámara frontal sin problemas, pero por el momento no corre el riesgo de ser un producto demodé.

Más bien al contrario: presenciar un iPhone 8 por ejemplo, que todavía emplea el botón Inicio en su cara frontal, da la sensación de ser algo casi arcaico. Los tiempos en el mundo de la tecnología funcionan así. De un año a otro se queda desactualizado. Con un terminal elegante y de cristal trasero, el iPhone XS ha logrado evolucionar algunos de sus componentes internos hasta el punto de rivalizar en potencia incluso con un ordenador MacBook. El nuevo terminal forma un mosaico de las especificaciones exigidas para un gama alta.

Plusmarquista nato

El secreto se encuentra en el chip A12 Bionic de seis núcleos con procesamiento neural que, según las pruebas de rendimiento, es una verdadera bestia. Es un velocista nato: ofrece un desempeño fluido y contundente en la mayoría de tareas realizadas. Esa potencia de salida también tiende la mano a la tecnología biométrica: FaceID, el sistema de reconocimiento facial, es más rápido, aunque apenas se aprecia la nueva plusmarca registrada. Y, por cierto, desde iOS 12 también se puede configurar un aspecto alternativo. Incluso esa fortaleza del motor neural se aprecia en la reproducción de contenidos audiovisuales o juegos móviles, escenarios en donde generalmente se exige más al móvil. Todo rinde perfectamente.

Aunque Apple no suele dar la cifra de la memoria RAM, ésta alcanza los 4 GB. Dado su filosofía de trabajar al mismo tiempo hardware y software la compañía puede presumir de sacarle un buen rendimiento al producto. Se comporta de manera fluida y sorprende su rapidez. Al igual que su procesamiento gráfico; hasta un 50% más potente que el pasado año. También, su chip neural tiene otras relaciones, y es lograr que el comportamiento de experiencias de realidad aumentada sea más fluida.

El iPhone XS se mantiene las 5.8 pulgadas del pasado año, aunque viene con un «hermano» mayor que alcanza las 6.5 pulgadas que, pese a las dudas, se maneja aceptablemente bien. Pero, sí, es muy grande, con lo que es posible que un posible comprador de este modelo sea consciente de que no lo transportará en el bolsillo del pantalón vaquero. La diferencia entre ambos es insignificante: son iguales pero uno de mayores dimensiones. Ambos cuentan con paneles Super Retina que alcanzan los 458 puntos por pulgada.

Al tratarse de pantallas de tipo OLED, la reproducción de las imágenes se equilibra con contrastes profundos y colores intensos, aunque los blancos tienden más a colores cálidos. Eso sí, sopota los estándares del Alto Rango Dinámico o HDR más extendidos (HDR10 y Dolby Vision), con lo que reproducir películas y series es una gozada, y más si se aprovecha el equipo de audio estéreo.

Otra de las novedades viene de su apartado fotográfico. Junto al rendimiento, su cámara ha ganado algo de peso aunque en líneas generales no se aprecia una gran revolución. Se trata de una configuración de dos lentes de 12 megapíxeles cada una, aunque con matices: una de ellas es un gran angular mayor (con apertura focal de F1.8) y un teleobjetivo (de apertura F2.4) capaz de generar un zoom óptico de dos aumentos. Eso sí, dispara de manera más rápida y puede gestionar la apertura focal (de F1.4 a F16) en el modo retrato, aunque a posteriori. Es una decisión en la que se echa de menos, quizás, que esta operación se pueda hacer en tiempo real. Es decir, mientras estás enfocando. También se echa de menos que se incorpore un modo manual, aunque siempre se puede tirar de aplicaciones de terceros.

Aunque parezca un cambio mejor, se aprecia un mejor tratamiento de las imágenes en condiciones de baja luminosidad. Ese esfuerzo se refleja en situaciones con contrastes pero también la cámara principal del nuevo terminal ha logrado aventurarse una mayor definición del modo retrato. El sistema negocia los planos principales aparentemente de manera similar, pero cuando observamos detenidamente el sistema extiende el enfoque de una forma más sensible. A veces, es cierto, se aprecian resultados más cortos y un recorte de la silueta no tan definido.

Cuenta, además, con un sistema «HDR inteligente» que mejora el rango dinámico adaptándose de manera automática a las circunstancias de la escena. El resultado es sorprendente y se aplica a todas las escenas, aunque a veces deja las fotografías sobreexpuestas. Pero luego, el iPhone XS no es perfecto. Además de ser excesivamente caro, nos encontramos con algunas pegas. Una de ellas, la batería; que solo dura escasamente media hora más que su predecesor con lo que llega al día con cierto esfuerzo en un uso moderado. Y sorprende, a su vez, que aunque soporta un sistema de carga rápida el cargador sea normal, de lo de 5 vatios como en el modelo original, con lo que ello conlleva: desesperarse un poco hasta alcanzar el 100% de carga.