Sor Teresita en una imagen de archivo - EFE

Sor Teresita a Benedicto XVI: «Rezo por usted todos los días»

Tras 84 años de clausura, la veterana monja salió por primera vez, para saludar al Papa

madrid Actualizado:

Ni el calor, ni sus 103 años ni su frágil salud pudieron con la ilusión de Sor Teresita. Esta veterana monja de la orden del Císter, que cuenta con el récord mundial como la persona que ha pasado más tiempo enclaustrada en un mismo monasterio, 84 años, ha roto este sábado por primera vez su clausura para reunirse con el Papa.

El encuentro, que tuvo lugar en la Nunciatura Apostólica de Madrid y duró unos diez minutos, se produjo por invitación expresa de Benedicto XVI. Sor María, la abadesa del convento de Buenafuente del Sistal, acompañó en todo momento a Sor Teresita y cuenta que esta se mostró «muy emocionada y desbordada por tanta atención recibida». Y es que no solo el Papa, sino también cardenales y miembros de la Nunciatura, quisieron acercarse para conocerla y pedir oraciones.

Todo trascurrió de una forma «muy sencilla y serena, estábamos como en casa», cuenta Sor María de camino al monasterio. Uno de los momentos más emotivos se produjo cuando Sor Teresita se dirigió a Benedicto XVI y le dijo que rezaba por él todos los días; «después, le hizo la señal de la cruz en la frente y le besó la mano», cuenta la abadesa. «Aunque había mucha gente en la sala, se notaba una especial ternura en el trato del Papa hacia ella; se le iluminaba la mirada», explica emocionada.

Aunque era la primera vez que Benedicto XVI y Sor Teresita se encontraban, sus vidas ya estaban de algún modo entrelazadas. El 16 de abril de 1927, fecha en que nacía en la región alemana de Baviera Joseph Ratzinger, Valeriana Barajuen (ahora Sor Teresita) ingresaba con 19 años en el convento de Buenafuente del Sistal, Guadalajara. El destino, sin duda, había jugado sus cartas y esa coincidencia fue una de las primeras cosas de las que hablaron, pues a ambos les causaba sorpresa.

Una vocación tardía

Valeriana Barajuen viene de una familia de labradores de Álava. La mayor de siete hermanos, tuvo una vocación tardía, y de hecho fue su padre quien la animó no solo a ella, sino también a sus otras hermanas, a tomar los hábitos. «Yo estaba muy a gusto con mi familia en el campo, hacía muchas bromas y me reía con mis hermanas», comentó en alguna ocasión. «Pero por contentar a mi padre recé a la patrona de Vitoria y le pedí que me diese vocación... ¡Y vaya si me la dio!».

Entre las paredes de Buenafuente de Sistal encontró la paz que buscaba e inició un camino de austeridad, silencio y oración, señas de identidad de las religiosas cistercienses que, sin duda, continuará practicando hasta el final de sus días.

El 16 de septiembre Sor Teresita cumplirá 104 años. Con el encuentro de ayer, sin duda el Papa ya le dio su regalo anticipado.