El Papa emérito rezando en su visita a Auschwitz
El Papa emérito rezando en su visita a Auschwitz - REUTERS

El recuerdo de Benedicto XVI a Juan Pablo II en Auschwitz

El Papa emérito visitó el antiguo campo de concentración, como su predecesor 27 años antes, donde le rindió homenaje

ABC
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El 28 de mayo de 2006 Benedicto XVI realizó una visita simbólica a los antiguos campos de concentración de Auschwitz y Birkenau en su viaje oficial a Polonia, donde denunció los «crímenes masivos sin precedentes» sucedidos en aquel lugar, al que entró caminando solo, en silencio y con las manos entrelazadas.

«Tomar la palabra en este lugar de horror, de acumulación de crímenes contra Dios y contra el hombre que no tiene parangón en la historia, es casi imposible; y es particularmente difícil y deprimente para un cristiano, para un Papa que proviene de Alemania. En un lugar como este se queda uno sin palabras; en el fondo sólo se puede guardar un silencio de estupor, un silencio que es un grito interior dirigido a Dios: ¿Por qué, Señor, callaste? ¿Por qué toleraste todo esto?», dijo en su discurso entonces. «Con esta actitud de silencio nos inclinamos profundamente en nuestro interior ante las innumerables personas que aquí sufrieron y murieron. Sin embargo, este silencio se transforma en petición de perdón y reconciliación, hecha en voz alta, un grito al Dios vivo para que no vuelva a permitir jamás algo semejante».

En su visita, el Papa emérito no dudó en rendir homenaje a Juan Pablo II, quien visitó el campo el 7 de junio de 1979: «Hace veintisiete años [...] se encontraba aquí el Papa Juan Pablo II; y en esa ocasión dijo: "Vengo aquí hoy como peregrino. Se sabe que he estado aquí muchas veces... ¡Cuántas veces! Y muchas veces he bajado a la celda de la muerte de Maximiliano Kolbe y me he parado ante el muro del exterminio y he pasado entre las escorias de los hornos crematorios de Birkenau. No podía menos de venir aquí como Papa"».

Juan Pablo II, en su discurso entonces, recordó a las víctimas del nazismo y, entre ellas, especialmente a los polacos. Benedicto expresó a su vez la «obligación moral» de acudir a un sitio tan sumamente representativo y simbólico: «No podía por menos de venir aquí. Debía venir. Era y es un deber ante la verdad y ante el derecho de todos los que han sufrido, un deber ante Dios, estar aquí como sucesor de Juan Pablo II y como hijo del pueblo alemán, como hijo del pueblo sobre el cual un grupo de criminales alcanzó el poder mediante promesas mentirosas, en nombre de perspectivas de grandeza, de recuperación del honor de la nación y de su importancia, con previsiones de bienestar, y también con la fuerza del terror y de la intimidación; así, usaron y abusaron de nuestro pueblo como instrumento de su frenesí de destrucción y dominio».

La mañana de la visita de Benedicto XVI, 900.000 polacoslucían los colores amarillo y blanco, representativos de la bandera vaticana, en una Misa oficiada por el Papa emérito en el parque Blonie de Cracovia, siendo, según las palabras de este, «la mejor manera de honrar a Juan Pablo II».