El Papa no quiere «cristianos de salón, que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y el mundo»

Celebra San Pedro y San Pablo con todos los cardenales del mundo

Corresponsal en el VaticanoActualizado:

En la fiesta que recuerda el martirio de San Pedro y San Pablo en Roma, el Papa Francisco ha invitado este miércoles a todos los fieles a no ser «cristianos de salón» sino «apóstoles en camino», incluso en los momentos y lugares de persecución, como sucede ahora en muchos países del mundo.

El Santo Padre ha concelebrado la misa en la plaza de San Pedro con todos los cardenales del mundo, reunidos desde el miércoles para participar en la entrega de la birreta púrpura a los cinco nuevos cardenales, incluido el arzobispo de Barcelona, Juan José Omella.

El cardenal australiano George Pell, quien había anunciado una hora antes su excedencia para poder regresar a Australia y defenderse en un proceso por presuntos abusos sexuales ya no ha participado en la ceremonia, y deja entretanto la secretaria de Economía en manos de sus ayudantes.

En su homilía, el Papa ha invitado a todos a preguntarse «si somos cristianos de salón, de esos que comentan cómo van las cosas en la Iglesia y en el mundo, o si somos apóstoles en camino, que confiesan a Jesús con la vida porque lo llevan en el corazón».

El contraste entre ambas actitudes es notorio. La de los «cristianos de salón» no solo es estéril sino negativa, pues se trata de un contraejemplo.

Según Francisco «quien confiesa a Jesús sabe que no ha de dar sólo opiniones, sino la vida; sabe que no puede creer con tibieza, sino que está llamado a ‘arder’ por amor» y a «correr el riesgo de ir mar adentro, renovando cada día el don de sí mismo» como hicieron Pedro y Pablo.

Por contraste con los «cristianos de salón», el Papa ha recordado que «incluso hoy en día, en varias partes del mundo, a veces en un clima de silencio, con frecuencia cómplice, muchos cristianos son marginados, calumniados, discriminados, víctimas de una violencia incluso mortal». Y esto sucede «a menudo sin que los que podrían hacer que se respetaran sus sacrosantos derechos hagan nada para impedirlo».

Como es tradicional en la fiesta de San Pedro y San Pablo, el Santo Padre ha entregado personalmente a cada uno de los 36 arzobispos nombrados durante el último año, entre los que no hay ningún español, el «palio» que simboliza su tarea de velar por su diócesis y las sufragáneas.

El «palio» es una pequeña estola de lana blanca con cruces negras que recuerda al Buen Pastor, quien debe llevar a hombros si hace falta la oveja herida o cansada.

A mediodía, en el rezo del Ángelus, el Papa ha vuelto a saludar a decenas de miles de peregrinos llegados de todo el mundo, incluido un numeroso grupo de españoles, en su mayoría catalanes y aragoneses amigos del cardenal Omella.