Francisco habla con los periodistas en una improvisada rueda de prensa durante el trayecto de vuelta de su viaje a México - EFE

El Papa admite la posibilidad de usar anticonceptivos para evitar embarazos ante el virus zika

Sobre Donald Trump asegura que «una persona que piensa en construir muros en lugar de puentes no es cristiano»


JUAN VICENTE BOO / A BORDO DEL AVIÓN PAPALActualizado:

El riesgo de malformaciones cerebrales graves por el virus zika durante el embarazo es muy serio, y el Papa Francisco, durante el vuelo de regreso de México a Roma rechazó rotundamente la propuesta de aborto pero admitió la posibilidad del uso de anticonceptivos ante una circunstancia excepcional.

Ante el abanico de propuestas de autoridades sanitarias en varios países afectados por el virus, el Papa recordó que «el aborto no es un mal menor, sino un crimen. Es lo que hace la mafia».

En cambio, tomar la decisión de evitar un embarazo por motivos excepcionales «es un conflicto entre el quinto y el sexto mandamiento. El gran Papa Pablo VI, en una situación difícil en África, permitió a las religiosas utilizar anticonceptivos» ante el riesgo de violación por los guerrilleros en el antiguo Congo belga.

El Papa reiteró que «el aborto es un mal absoluto. En cambio, evitar un embarazo no es un mal absoluto. Y en ciertos casos, como el de Pablo VI, está claro. En todo caso, yo exhortaría a los médicos a encontrar vacunas».

La amistad de Wojtyla y Anna-Teresa

Respecto a la extensa correspondencia de san Juan Pablo II con la filósofa Anna-Teresa Tymieniecka, el Papa comentó que conocía esa relación entre los dos y le parecía normal pues «a un hombre que no sabe tener una relación de amistad con una mujer –no hablo de los misóginos, que son enfermos- es un hombre al que le falta algo».

Francisco, que ha atesorado relaciones de gran amistad con muchas mujeres a lo largo de su vida, añadió que «el Papa es un hombre. Tiene necesidad del pensamiento de mujeres, y también puede tener una amistad sana. A mí me gusta escuchar la opinión de las mujeres, pues aportan mucha riqueza. Miran las cosas de un modo diferente».

Para evitar equívocos, precisó que «una amistad con una mujer no es pecado. En cambio, una relación amorosa con una mujer que no es tu esposa, es pecado ¿entendido?».

El mejor ejemplo es el de grandes santos que han trabajado en equipo como «Francisco y Clara, o Teresa de Ávila y Juan de la Cruz».

Deliberadamente añadió que las mujeres no son todavía suficientemente escuchadas. «Y no hemos entendido el bien que las mujeres aportan a la vida del sacerdote en el sentido de consejo, de ayuda, de sana amistad».

Sus palabras marcaban una clara línea de solución a un problema serio en muchos ambientes eclesiásticos o religiosos, con raíces de machismo y, en algunos casos, misoginia.

Ratzinger, pionero contra abusos sexuales

Ante otras patologías, como el abuso sexual de menores por parte de sacerdotes, la Iglesia católica ha dado ya pasos gigantescos comparada con otras organizaciones.

La «tolerancia cero» es ya normal en muchas diócesis, y se está avanzando en la responsabilidad de gestión. Los obispos negligentes serán juzgados por un tribunal especial de la Congregación para la Doctrina de la Fe, creado por el Papa el año pasado.

Algunos casos de mala gestión, ni siquiera deberían llegar allí. Sin ningún atisbo de duda, el Papa afirmó: «Un obispo que cambia a un sacerdote abusador de parroquia es un insensato, y lo mejor que puede hacer es presentar la renuncia. ¿Está claro?».

Eran palabras que nadie hubiese pensado escuchar de un Papa hace veinte años, o quizá diez, pero que ayer sonaban ya normales. Buena parte del mérito, según Francisco, es del cardenal Ratzinger «que fue valiente para abrir esta puerta. Preparó los cimientos para destapar la olla”.

El cáncer de los abusos nunca se hubiese curado de haberse mantenido la cultura del secreto, que tanto lo fomentaba. El Papa comentó que «le doy gracias a Dios de que se haya destapado esta olla, y hay que seguir destapándola. El abuso de menores es una monstruosidad».

[Escucha esta noticia en COPE]

Divorciados, vueltos a casar

En el capítulo de la integración de los divorciados vueltos a casar, Francisco adelantó que la exhortación apostólica, que intenta publicar antes de la Pacuna,«recoge lo que dijo el Sínodo sobre las familias heridas».

Se trata de que sean respetadas y se integren en las actividades de las parroquias y movimientos, como un matrimonio de ese tipo que, en el encuentro con las familias en Tuxtla Gutiérrez, comentó con naturalidad que no podían recibir la comunión «pero comulgamos con el Señor ayudando a los enfermos y los necesitados», concretamente en una cárcel de Monterrey.

Viajar a China, «un sueño»

A la pregunta directa de «¿Cuál es su sueño?» en términos de viajes, el Papa respondió: «China. Ir allí. Me gustaría muchísimo».

Con la misma soltura se despachó respecto a las propuestas xenófobas del candidato presidencial republicano Donald Trump: «Una persona que piensa en construir muros en lugar de puentes no es un cristiano. Eso no está en el Evangelio”.

Comento también que había aceptado recibir el premio Carlomagno «pero en el Vaticano». Y que lo hace por aprecio a Europa, en momentos de dificultad, en parte por falta de liderazgo pues «hoy no hay un Schumann o un Adenauer».

Francisco respondía a las preguntas más variadas, pero dejó claro que su interés era hablar de México para elogiar la grandeza del país y manifestar, una vez más, lo triste que resulta ver el dominio de las bandas de narcotraficantes: «es un dolor que me llevo. Este pueblo no se merece una drama así».

También aportó detalles sobre su largo rato de oración en silencio en el camarín de la Virgen de Guadalupe: «Recé por México y por la paz, pedí perdón, pedí que la Iglesia crezca sana…Pero lo que un hijo pide a su madre es un secreto».

Francisco estaba más que satisfecho del encuentro con el Patriarca de Moscú, Kiril, en La Habana el pasado viernes, y de la buena marcha de su viaje a México. Han sido seis días de emociones, en encuentros desbordantes de humanidad y lugares de una belleza arrebatadora.