Las nuevas fibras del placer

Las nuevas fibras del placer

Una crema hidratante puede darle un subidón emocional si sabe cómo aplicarla. El secreto se esconde bajo la piel, en unas fibras nerviosas que envían mensajes de bienestar al cerebro al recibir un masaje

N. RAMÍREZ DE CASTRO | MADRID
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Pierda cada mañana cinco minutos en extenderse una loción por todo el cuerpo. No importa la marca ni los ingredientes que incorpore. Sólo cuenta cómo lo haga: ni muy rápido ni con excesiva parsimonia. Es probable que ese momento se convierta en uno de los placeres del día, más que la ducha o el primer café del día. La clave está en el masaje, en esa delicada presión que sepa ejercer sobre su piel. Porque entonces habrá activado un grupo de fibras nerviosas que le harán sentirse bien.

Son las denominadas fibras «C», terminaciones nerviosas que conectan la piel con una zona del cerebro encargada de procesar los sentimientos positivos. Se localizan sólo en las zonas de piel con vello o pelo, por lo que también bastaría con un masaje en el cuero cabelludo o un buen cepillado de pelo para activarlas. Estas fibras serían también las que permiten esa conexión tan especial que mantienen algunas personas muy cercanas a través del tacto. Como la que existe entre una madre con su hijo recién nacido. Una relación táctil que nada tiene que ver con el contacto sexual. De hecho, las fibras «C» no están en el área genital.

Ni deprisa ni muy despacio

El papel de esta nueva clase de fibras nerviosas se describe hoy en la edición digital de la revista «Nature Neuroscience» a cargo de neurocientíficos de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), Liverpool (Reino Unido) y Goteborg (Suecia). En sus experimentos, los científicos comprobaron que al acariciar o masajear generosamente la piel a un ritmo de 4 centímetros por segundo, las fibras nerviosas lograban enviar señales de bienestar o placer al cerebro. Sin embargo, si la piel se frotaba muy despacio o demasiado rápido, no se activaban.

Los autores del estudio creen que esta nueva clase de fibras nerviosas podría explicar por qué los humanos sentimos la necesidad de acicalarnos y arreglarnos, tanto para nosotros mismos como para los demás. «Parece que el mero acto de hacerlo nos ayuda a sentirnos bien, tanto como el vernos con mejor aspecto», escriben.

Más allá de la vanidad personal, la investigación sugiere que el tener bien arreglado el pelo o en buen estado la piel tiene una función importante en nuestro equilibrio emocional. «Estamos preparados para disfrutar del acto de cuidarnos. Quizá por esa razón los humanos pasamos tanto tiempo cuidando de nuestra apariencia», señala el neurocientífico Francis McGlone, uno de los autores del trabajo.

No están en las manos

Lo curioso es que las fibras «C» no están presentes en la palma de la mano humana. «Es la forma que la Madre Naturaleza tiene de asegurarse de que no se envían mensajes erróneos al cerebro cuando están actuando como una herramienta funcional», apunta McGlone.