Eurodiputadas del Parlamento Europeo y su personal sostienen una pancarta que dice "Estamos en huelga" mientras protestan en la entrada principal del Parlamento Europeo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en Bruselas el 8 de marzo de 2019
Eurodiputadas del Parlamento Europeo y su personal sostienen una pancarta que dice "Estamos en huelga" mientras protestan en la entrada principal del Parlamento Europeo para conmemorar el Día Internacional de la Mujer en Bruselas el 8 de marzo de 2019
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Las feministas españolas que lideran la lucha por la igualdad de género en la Eurocámara

«Dónde están ellas» y MeTooEP, iniciativas lideradas por españolas, buscan darle más visibilidad a la mujer y romper con la cultura del silencio en la Eurocámara

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Tuvo que ser una superviviente del Holocausto, Simone Veil, la primera mujer en la historia de la UE en ser elegida presidenta del Parlamento Europeo. Después de esta heroína francesa, el templo de la democracia europea solo ha contado con otra mujer a los mandos: la también gala Nicole Fontaine. Es decir, dos mujeres de un total de treinta presidentes si se empieza a contar desde 1952 con la presidencia de la Asamblea Común de la Comunidad Europea del Carbón y Acero a cargo del socialista belga Paul-Henri Spaak.

Desde los años 80, el Parlamento Europeo ha avanzado notablemente en igualdad con una progresión de representación femenina, del 1,3% de 1952 al actual 36,1%. Las europarlamentarias de los escaños españoles llegan al 41%. A nivel administrativo, la cifra desciende hasta el 16% de los secretarios y directores generales o el 30% de los directores. «La presencia de mujeres en los órganos de representación de los parlamentos ha empezado a ser una realidad en el momento en que por ley las listas electorales deben respetar un porcentaje de mujeres sea "formato cremallera" o con un porcentaje. La ley ha establecido esa ortodoncia política cuando ha habido esa incorporación de manera creciente», sostiene Beatriz Becerra, vicepresidenta de la Subcomisión de Derechos Humanos del Parlamento Europeo. En 2019 parece no hacer falta haber sobrevivido a Auschwitz para llegar a lo más alto de las instituciones europeas, aunque de momento entre los candidatos a liderar la Comisión Europea solo aparece una mujer, Ska Keller (Verdes), y para las elecciones españolas solo el partido animalista Pacma, entre los que tienen opciones de representación, presenta a una candidata.

La representación femenina en la Eurocámara ha pasado del 1,3% en 1952 al actual 36,1%

Al calor del feminismo y el 8 de marzo, varias iniciativas surgidas en el Parlamento luchan por una mayor representatividad femenina en el corazón de la democracia europea, entre ellas la iniciativa « Dónde están ellas», promovida por la Oficina del Parlamento Europeo en España.

María Andrés, directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España
María Andrés, directora de la Oficina del Parlamento Europeo en España - MJ López Olmedo

«Este compromiso nace con la idea de dar mas visibilidad a las expertas españolas e internacionales en los seminarios y conferencias que organizamos en la oficina», explica María Andrés, su directora. En su primer año, de los 3.634 participantes en los debates organizados por los firmantes iniciales de #DondeEstánEllas (17), entre los que han participado universidades, think tanks, ONGs, empreses e instituciones públicas, el 39% de los ponentes de actos fueron mujeres. Ahora suman hasta 58 firmas, incluidos el ministerio de Exteriores, la Comunidad de Madrid y la CEOE, entre otros organismos.

Esta iniciativa para promover más expertas en los actos públicos, sin embargo, no quiere obligatoriamente fundamentarse en las cuotas. «No queremos conseguir el efecto contrario la sensación de que hay mujeres por ser cuota, no queremos mujeres floreros, queremos visibilizar un talento que existe y que necesitas esfuerzo para ser más visible. Ese 39% es mejorable, supone un intento honesto por radiografiar la participación pero tenemos que seguir mejorando», señala la directora de la Oficina del Parlamento en Madrid.

Amelia Martínez, portavoz de Me TooEP, cree que el Parlamento es una institución «mastodóntica y muy masculinizada» y los cambios van más lentos de lo que le gustaría. En octubre de 2017, el Parlamento Europeo adoptó con una gran mayoría una resolución firme que contemplaba medidas como una evaluación independiente de la situación de acoso y abuso sexual en la Eurocámara, formación obligatoria sobre respeto y dignidad en el trabajo para todo el personal incluido los eurodiputados y la composición de dos comités para garantizar el equilibrio de género. En medio de la ola de de denuncias contra el acoso y abuso sexual bajo la etiqueta del Me Too, trabajadoras del Parlamento europeo como la propia Amelia, Arantxa Calvera y Blanca de Riquer se organizaron junto a compañeras procedentes de otros países para impulsar medidas con las que visibilizar este problema dentro de la institución y acabar con la cultura del silencio: aún con la presión del Me Too, «solo ha habido un caso, pero no estaba en el comité político sino en el administrativo, y tardaron un año en resolverlo; que no haya denuncias no quiere decir que no existan», señala Calvera.

Acto de Me Too EP por más igualdad en la Eurocámara
Acto de Me Too EP por más igualdad en la Eurocámara - Cedida a ABC

«A pesar de la resolución, estos tres puntos siguen sin ser aprobados. Los cursos son obligatorios para los trabajadores pero voluntarios para los eurodiputados por libertad de mandato. Desde el pasado noviembre, solo lo han seguido 44 eurodiputados, de 751, eso demuestra que si no es obligatorio no funciona», comentan. Crítica que comparte la directora de la Oficina: «El parlamento europeo se ha tomado muy en serio las acusaciones del movimiento Me Too, estos casos también ha existido en el Parlamento como ha habido fuera y que hay que erradicar. Pero esa formación es voluntaria (por la libertad de mandato de los representantes), ¿quién lo va a hacer? Quien ya esté sensibilizado y no quien más lo necesita. Pero lo importante es que se están haciendo cosas y no se ha ocultado bajo la alfombra», apostilla.

Los cinco grupos políticos principales del PE (Partido Popular Europeo, Socialistas, Liberales, Verdes e Izquierda Unitaria) han firmado el compromiso, así como el presidente del PE, Antonio Tajani. Con estos apoyos, el próximo 25 de marzo la Mesa, compuesta por el presidente, los catorce vicepresidentes del Parlamento (cinco son mujeres) y cinco cuestores, y que dirige el funcionamiento interno del Parlamento, dirimirá si se implementan estas medidas. «A los políticos les viene muy bien en campaña decir que son feministas y firmar un papel que no es vinculante, el movimiento tiene la responsabilidad de seguir trabajando y que sientan nuestro aliento para hacer seguimiento de cada enmienda que vota», avisan desde el movimiento Me Too EP. La Eurocámara, apuntan, «es un terreno muy propicio para el acoso sexual» porque hay muchos viajes donde el límite entre lo privado y lo público está muy difuso, y los eurodiputados «tienen un rol de poder muy marcado no solo por el dinero que manejan sino por la capacidad de contratación de personal».

El Parlamento, donde se cuentan más de 7.500 trabajadores, constituye una microciudad que representa el crisol de culturas que componen la UE. Según las activistas consultadas, algunos eurodiputados se escudan en factores culturales para explicar su comportamiento sexista. «Es falso, peligroso. Es lo peor que puede hacer una persona: decir que es un elemento cultural, que es parte de la forma de hablar del siglo XXI, ahí es donde más daño hace», denuncia Andrés.

Solo 44 de 751 eurodiputados han seguido el curso de formación contra el abuso

La defensora del pueblo de la UE, Emily O'Reilly, expuso el pasado diciembre que todo el personal de la UE, independientemente de su cargo, debe estar cubierto por políticas contra el acoso, y que la protección se extiende a los actos cometidos por todo el personal, incluido el de alto rango. «Lo que distingue a un buen lugar de trabajo es si tiene una cultura de tolerancia cero ante el acoso y si el personal está informado sobre sus derechos y está facultado para actuar», añadió.

Beatriz Becerra, vicepresidenta de la Subcomisión de DD.HH. del Parlamento Europeo
Beatriz Becerra, vicepresidenta de la Subcomisión de DD.HH. del Parlamento Europeo - Inés Baucells

A juicio de Becerra, de los liberales de ALDE y que en su trabajo parlamentario ha resaltado luchas feministas como la de las mujeres en Irán «por el simple hecho de quitarse el velo y bailar», esta legislatura el Parlamento Europeo ha avanzado «muchísimo desde el punto de vista de la visibilización. No se trata ni del discurso sectario feminista excluyente, ni lo de tratar a las mujeres como víctimas porque está todo hecho en la ley. No es cierto, ni lo uno ni lo otro».

En sus memorias («Una vida»), Simone Veil, que había liderado la legalización del aborto en Francia, recuerda con cierta ironía su nombramiento para liderar la lista europea por parte del entonces presidente Valéry Giscard D’Estaing, reconocido europeísta que ha sido comparado en varias ocasiones con el actual presidente francés Emmanuel Macron: «Teniendo en cuenta lo que yo representaba, Giscard veía en mi candidatura un símbolo de la reunificación franco-alemana, y la mejor manera de pasar definitivamente la página de las guerras mundiales (...) Que una antigua deportada se convirtiera en la primera presidenta del nuevo Parlamento Europeo parecía un buen augurio para el futuro». Con su candidatura, recuerda la conservadora francesa, Giscard buscaba un golpe de efecto europeo, como símbolo de la unión de las dos grandes potencias reconciliadas tras la Segunda Guerra Mundial.

Las madres de la UE, como remarca María Andrés, han estado durante muchos años en la cocina o por detrás escribiendo notas. «No hubo mujeres entre los padres fundadores de la UE como Altiero Spinelli y Jean Monnet, pero luego sí tuvimos dos presidentas del Parlamento Simone Veil (1979-1982) y Nicole Fontaine (1999-2002). Es un inicio tímido y hay que seguir empujando. Tampoco ha habido madres de la Constitución española y seguro que las hubo contribuyendo a la redacción. No salieron en la foto y eso hay que cambiarlo».