La esquina de la avenida Lee con la calle Roebling, uno de los puntos neurálgicos de la comunidad hasídica en Nueva York - J. Ansorena / Vídeo: Nueva York declara la «emergencia pública de salud» ante la epidemia del sarampión

«Conozco a alguien que se puso la vacuna del sarampión y al día siguiente era autista»

La desinformación y la resistencia a las vacunas, especialmente entre la comunidad judía ultraortodoxa, causa el segundo mayor brote en 25 años en Estados Unidos

Corresponsal en Nueva YorkActualizado:

«Tengo prisa». «Lo siento, llego tarde». «Perdón, no hablo inglés». «No sé, no tengo información sobre eso». «Gracias, ahora no puedo». «No, aquí nadie habla de eso». La comunidad judía ultraortodoxa de Williamsburg, un barrio de Brooklyn, es de por sí hermética. Ahora lo es todavía más, cuando está en boca de Nueva York y de buena parte de EE.UU. por el brote histórico de sarampión que sufre y que ha motivado medidas extraordinarias de las autoridades para tratar de controlarlo. Una enfermedad que se dio por erradicada en el final del siglo pasado corre como la pólvora en la capital del mundo.

La esquina de la avenida Lee con la calle Roebling es uno de los puntos neurálgicos de esta comunidad hasídica, una rama del judaísmo muy conservadora, endogámica y con un código religiosos y estético anclado en el siglo XVIII. Entre la pastelería Rosenfeld y otras tiendas de barrio, delante de la sinagoga Khal Adas Yereim Vien, hombres y mujeres caminan por separado. Ellos, de negro y blanco, tapados con un abrigo y tocados con sombreros anchos, a menudo agarrados a teléfonos móviles de la vieja escuela, sin grandes pantallas ni conexión a internet. Ellas, con la cabellera tapada con pelucas o pañuelos de seda, falda por debajo de las rodillas, medias oscuras, tacón bajo, ni un milímetro de piel a la vista en un día delicioso de primavera. Muchas pastorean grupos de niños, con tirabuzones que les crecen de las sienes, y niñas con trenzas y coletas.

Nadie quiere hablar de lo que más se discute en el barrio durante los últimos meses. Se han detectado 359 casos de sarampión desde octubre, el segundo mayor brote del último cuarto de siglo. Todo apunta a que se inició con el contagio de un niño en un viaje a Israel y que se extendió por la oposición de parte de la comunidad a las vacunas.

El 99% de los niños que acuden a colegios públicos en Nueva York están vacunados. El porcentaje es un poco más bajo, 98%, en las ‘yeshivas’, los colegios privados para judíos ortodoxos. Pero aquí, en Williamsburg, los niños sin vacunas son el 5% y, en algunos colegios, el porcentaje se dispara hasta el 20%. La razón es que en los últimos años han circulado rumores y propaganda antivacuna que han calado en parte de esta población.

Un ejemplo de ello es Mikha’el, de 26 años, uno de los pocos vecinos que accede a hablar con este periódico. «Personalmente yo no apoyo la vacunación», dice. «Sé de un caso de un niño que le pusieron la vacuna y al día siguiente era autista», añade sin poder explicar si se trata de un caso que conoce personalmente, un familiar, amigo o conocido.

Gran desinformación

La desinformación que demuestra es sorprendente y explica por qué la ciudad de Nueva York ha tomado medidas extraordinarias: «El sarampión no es tan peligroso», continúa sobre una enfermedad que puede traer complicaciones graves e incluso ser mortal. «Si alguien de mi familia lo hubiera contraído quizá pensaría diferente».

La respuesta de Nueva York ante el brote no tiene precedentes: se han cerrado ‘yeshivas’ con bajos índices de vacunación, se ha impuesto el estado de emergencia médica, se ha decretado la obligación de ponerse vacunas y se amenaza con multas de mil dólares a los padres que no cumplan. La preocupación es mayor en estas fechas, en plena celebración de la Pascua, con grandes celebraciones familiares que facilitan el contagio.

Yoel, otro vecino que se para a hablar, asegura que está a favor de la vacunación y que lo hará con su primer hijo, que acaba de nacer, cuando le toque. Apenas tiene 20 años y un hombre más mayor le interrumpe para saber de qué habla y toma la palabra con agresividad: «El 99% de esta comunidad se vacuna», asegura, aunque los números no son ciertos. «Pero lo que es intolerable es forzar a los padres a hacerlo y amenazar con multas», critica, y pronostica que la medida será tumbada en los tribunales por «anticonstitucional».

Es una opinión predominante en una comunidad acostumbrada a regirse por sus propias normas y a vivir de espaldas -aunque pegados- a la capital económica y cultural del mundo. Consiguen mucho porque votan en bloque y negocian su apoyo al político que más les dé. «Si sigue con esta dureza, quizá afecte a nuestro voto», dice el vecino sobre el alcalde Bill de Blasio, al que la comunidad apoyó en las dos últimas elecciones.