Los antivacunas y el turismo resucitan enfermedades «fantasma» como la rubeola o la difteria

España es uno de los países europeos con la población más inmunizada, frente a Francia o Italia, donde los antivacunas han hecho descender la tasa de protección

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Enfermedades que suenan a antiguo como la polio, el sarampión, la rubeola, la viruela o la difteria, que causaron estragos en la generación de nuestros abuelos y empezaron a erradicarse a finales del siglo XVIII gracias a la acción de las vacunas, han vuelto a emerger en los países desarrollados como consecuencia de la caída de las tasas de vacunación y la libre circulación de personas entre países.

La muerte por difteria de un menor que no había sido vacunado en Olot (Gerona) reavivó, en 2015, la alarma sobre la amenaza que representan estas enfermedades que después de años de desaparecer del mapa epidemiológico europeo reaparecen como espada de Damocles sobre nuestras cabezas. El reciente brote de rubeola detectado en un matadero de Zuera, en Zaragoza, con 12 afectados -el mayor registrado en nuestro país desde 2012-, ha vuelto a avivar la polémica. A la reaparición de estas dolencias «fantasma», que en algunos países como Francia e Italia han causado estragos debido al descenso del nivel de inmunización de la población, se suma también el repunte de algunas enfermedades infecciosas como la tuberculosis o el sida, y otras de transmisión sexual como la sífilis o la gonorrea fruto de la falta de profilaxis o las conductas de riesgo.

Años libre de amenaza

Solo personas de edad avanzada guardan aún en la memoria el trágico recuerdo de como la rubeola, la polio, la difteria o la polio segaban la vida sin compasión a familiares y seres queridos. Años de lucha sostenida contra estos implacables enemigos dieron su fruto y a finales del siglo XVIII la ciencia sirvió a la humanidad la primera vacuna de la historia.

El médico británico Edward Jenner logró inmunizar contra la viruela. Fue el principio de la era de las vacunas, el inicio de una vida libre de la amenaza de estas enfermedades infecciosas.

Después de años en el olvido, estas enfermedades «fantasma» han vuelto a resurgir a causa de la acción de los movimientos antivacunas, la relajación en la vacunación y el aumento de la circulación de personas entre países. «La inmigración y el turismo han hecho que los virus y las bacterías que causan estas enfermedades, durante años olvidadas, circulen más entre países, aunque es importante señalar que esa mayor circulación de virus no supone en sí una amenaza si la población en la que se instala está vacunada», señala en declaraciones a ABC el epidemiólogo del Hospital Clínic de Barcelona, Antoni Trilla.

España, uno de los países más protegidos

El experto recuerda en este sentido que España es uno de los países de Europa con una tasa de inmunización grupal o global más elevada (casi el 95 por ciento de la población está vacunada) frente a otros países como Francia e Italia, donde en los últimos años el índice de población protegida «ha descendido de forma preocupante, principalmente debido a la acción de los antivacunas».

«Por suerte en España, el mensaje de los colectivos que promueven la no vacunación no ha calado demasiado y nuestro nivel de inmunización se ha mantenido prácticamemente estable en los últimos años». «No se puede evitar que un virus circule pero sí que éste acabe causando un brote ya que, por mucho que circule, si la gente está vacunada la amenaza desaparece», insiste el epidemiólogo.

«Me preocupa más la gripe»

Trilla subraya también que «para todas las enfermedades a las que nos estamos refiriendo hay vacunas con un alto grado de eficacia». «Rubeola, difteria, sarampión, tos ferina...., el nivel de protección que ofrecen las vacunas contra estas enfermedades es de entre un 90 y un 95 por ciento», dice el experto del Clínic y apunta, en contraposición, el nivel de cobertura que ofrece la inmunización estándar contra la gripe. «La protección de la vacuna de la gripe es, como máximo del 50 por ciento. A eso se suma que la gente se vacuna mucho menos. La gripe sí me preocupa, el resto de enfermedades se frenan con una vacuna que está al alcance de toda la población», señala Trilla.

Admite, no obstante, que el nivel de protección de España con respecto a estas enfermedades emergentes no es el mismo que el de otros países como Italia, Francia o Grecia, donde en los últimos años se han registrado situaciones «preocupantes» causadas por el sarampión.

Repunte preocupante en Europa

La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó en 2018 sobre un brote record de esta enfermedad en Europa. Según los datos que maneja la Organización, en los primeros seis meses del pasado año se detectaron más de 41.000 casos de infección por este virus, casi el doble que en todo 2017. También se registraron 37 muertes. La mayoría de las infecciones se registraron en Ucrania (23.000) y, dentro de la UE, Grecia, Italia y Francia.

La OMS atribuyó esos datos preocupantes a la «ineficacia de los programas de vacunación y al movimiento de población posiblemente contagiada, sobre todo en los meses de verano. A juicio de Trilla, la opinión que tiene la población sobre las vacunas también influye «y mucho».

«Una encuesta hecha pública en Gran Bretaña revela que el nivel de confianza de la población en las vacunas es de cerca del 80 por ciento en España, mientras que en Francia e Italia ese nivel de confianza desciende hasta la mitad», indica el epidemiólogo.

Tuberculosis y sida

Trilla hace un aparte al referirse al repunte de enfermedades infecciosas como la tuberculosis, el sida o las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) como la gonorrea o la sífilis, que también han aumentado su incidencia en los últimos años y cuya reaparición va directamente ligada a las prácticas de riesgo y la relajación en la profilaxis.

«En el caso de la tuberculosis diremos que es una enfermedad que nunca se ha ido. Ha estado con nosotros desde hace casi 3.000 años y ahora ha aumentado quizás por la aparición de variantes del bacilo resistentes a los fármacos y el hecho de que la medicación no llegue a toda la población. No obstante, sigue siendo una patología que tiene un tratamiento altamente efectivo», dice el epidemiólogo. El caso del incremento del sida lo vincula directamente a las conductas de riesgo y al menor calado de las campañas preventivas.

Con respecto a las denominadas ETS, la situación es diferente. «Con la llegada del sida, en los años ochenta, la población tomó conciencia de que debían minimizarse las conductas de riesgo. En aquel momento era una enfermedad letal. Luego llegaron los cócteles antirretrovirales y la gente se relajó. Eso básicamente se ha traducido en los últimos años en un repunte de enfermedades como la sífilis o la gonorrea», señala el experto. A su entender, la única forma de encauzar las estadísticas es reforzando el mensaje de que las conductas de riesgo tienen consecuencias, «algo que la gente tenía muy claro hace unos años». Esa cultura preventiva debe también extenderse en el caso de las enfermedades que se curan con las vacunas. «No vacunarse tiene un precio, para tí y para el prójimo», concluye.