Bomberos trabajan en labores de extinción de un incendio en Portugal
Bomberos trabajan en labores de extinción de un incendio en Portugal - EFE
Incendios

223.275 hectáreas quemadas en Portugal en lo que va de año

El obispo de Viana do Castelo se hace eco del clamor popular: «Basta ya de tantos incendios, señor presidente de la República y señor primer ministro»

Corresponsal en LisboaActualizado:

Nada menos que 223.275 hectáreas han ardido ya en Portugal en lo que va de año… y aún queda verano. No hay duda: la plaga de incendios (muchos de ellos provocados) se ha convertido en el asunto más grave del país vecino a las puertas de las elecciones municipales del 1 de octubre y con el primer ministro, el socialista António Costa, verdaderamente acorralado por la ira popular ante su impotencia para encontrar soluciones.

La cifra responde a un observador implacable: el Sistema Europeo de Información sobre Incendios Forestales (EFFIS, de acuerdo con sus siglas en inglés). La mayor calcinación se ha producido en la franja centro-norte, con 59.703 hectáreas, mientras que el sur tampoco se ha librado (55.344). En cuanto a la tercera zona más castigada, es cierto que aparece a gran distancia (27.502), pero sorprende que la cuenca del río Duero se haya visto tan afectada.

Más cifras de pesadilla: 18.482 en Beira Interior Norte y 14.378 en Beira Interior Sur. Y todo porque la Autoridad Nacional de Protección Civil recibió hasta 12.347 llamadas de socorro motivadas por la acción virulenta de las llamas, casi 3.500 más que en el mismo periodo del año pasado.

Además, la gravedad de la situación se retrata en que el aluvión de incidencias hace de este 2017 el peor año de la última década. Basta un dato comparativo más para darse cuenta del calibre de los acontecimientos: en los 12 meses de 2016 ardieron 116.000 hectáreas, es decir, más de 100.000 menos que en esta ocasión.

Una perspectiva desoladora

De seguir semejante progresión funesta, la catástrofe se cierne sobre Portugal, con el peligro de transformar sus bosques en un secarral de aspecto apocalíptico, como sacado de la novela «La carretera», de Cormac McCarthy.

Las primeras mediciones oficiales de terreno quemado datan de 14 años atrás… y a este paso puede superarse la campaña más funesta: las 425.726 hectáreas que se echaron a perder en 2003, sin olvidar la referencia de las 338.262 solo dos años después. ¿Hubo algún periodo con menor intensidad? Sí, 2008, pues en todo ese año la tierra calcinada no sobrepasó las 17.244 hectáreas únicamente.

Pero, además, un dato echa más leña al fuego: el 45% de los siniestros de este tipo se inicia en horario nocturno, con la conclusión inmediata de que la mano criminal de pirómanos y mercenarios a sueldo tiene gran parte de culpa. La tragedia de Pedrógao Grande, justo en vísperas de arrancar el verano, hizo saltar todas las alarmas con sus 64 muertos a cuestas. Lo que ha venido después adquiere tintes dantescos.

En este contexto, no resulta extraña la intervención desesperada del obispo de Viana do Castelo, Anacleto Oliveira, cuyo último sermón lanzó una dramática voz de auxilio en una romería popular, ante miles de personas.

«Es urgente la movilización de todo el mundo, sin excepción… comenzando por sus máximos responsables: el señor presidente de la República, Marcelo Rebelo de Sousa, quien no solo ocupa una posición única sino que tiene un talante peculiar y un prestigio suficientemente reconocido. Por favor, señor presidente, haga algo», proclamó al borde de las lágrimas. «Se trata de una causa nacional que debe implicar a todos los gobernantes, no únicamente los locales, y con los medios que solo ellos pueden administrar».

Según Oliveira, llega el momento de gritar: «Basta de fuegos forestales. Basta, señor presidente de la República. Basta, señor primer ministro, António Costa, y restantes miembros del Gobierno. Basta, señores diputados. Basta, señores militares de las Fuerzas Armadas. Basta, de una vez. Basta de tantos fuegos que calcinan nuestra querida nación».

Pero sus palabras, que resuenan con fuerza, no se quedaron aquí: «¿Por qué tenemos que resignarnos como si de una fatalidad se tratase? Hay que cambiar la mentalidad de la gente para promover una cultura en contra de los incendios».

Portugal dice basta

A su juicio, todo lo que se ha hecho y se hace demuestra no ser suficiente porque el país continúa en llamas desde hace semanas, meses, años. «Esto es una calamidad de proporciones cada vez más alarmantes», sentenció antes de solicitar un incremento de las penas que se aplican a los detenidos por prender las llamas.

La inquietud se instaló incluso en Lisboa, en vista de que los incendios alcanzaron las proximidades en Sintra, Vila Franca de Xira y Loures. Afortunadamente, su intensidad se fue diluyendo en la misma noche que saltaron las chispas.

La angustia no ha dejado de sobrevolar cientos de aldeas, como Maçao, en el distrito de Santarém, a 130 kilómetros de la capital portuguesa. La población de ese enclave del Valle de Amêndoa tuvo que ser desalojada porque las llamas avanzaban sin control.

En Vila de Rei se pensaba que estaba controlado el siniestro declarado hace unos días, pero volvió a reactivarse y el pánico se desató entre la población.

El Gobierno habla claramente de «una mano criminal» que provoca las llamas, tal cual acreditó el secretario de Estado de Administración Interna, Jorge Gomes.