El Papa Francisco a su llegada a una audiencia en la plaza de San Pedro
El Papa Francisco a su llegada a una audiencia en la plaza de San Pedro - efe

Estas son las claves de la encíclica ecológica del Papa Francisco

Será un documento de gran envergadura social, sin limitarse al cambio climático

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Aunque la expectación internacional por la primera encíclica sobre ecología es ya muy alta, el Papa la intensificó el domingo haciendo notar que su documento “está dirigido a todos”, y no sólo a los católicos, pues abordará el cuidado de la “casa común” que es nuestro planeta. La encíclica lleva por título “Alabado seas” (“Laudato si” en italiano), tomado del “Cántico de las criaturas” de san Francisco, que aporta belleza poética y profundidad teológica.

El punto que provocará mayor impacto cuando se haga pública el próximo jueves, será el fuerte llamamiento del Papa a reducir las emisiones de combustibles fósiles. Pero la encíclica es un texto de gran envergadura social, que aborda todos los temas de desarrollo sostenible y los de la justicia social, integrando de modo coherente la “ecología humana” y la “ecología ambiental”.

Durante el rezo del Ángelus, el Papa invitó a recibir el documento “renovando la atención a las situaciones de deterioro ambiental, y también de recuperación, en el propio territorio”. Es el consejo práctico de “piensa globalmente, actúa localmente”.

El Papa ha elogiado muchas veces la enseñanza ecológica de “mi querido hermano Bartolomé I, patriarca ecuménico de Constantinopla”, a quien cita con frecuencia. Es previsible que la primera encíclica sobre ecología tenga un aire ecuménico y, además, interreligioso, pues Francisco ha invitado muchas veces a todas las religiones a trabajar juntas por la paz, el desarrollo social y la defensa del medio ambiente.

Aunque la necesidad de abordar sistemáticamente el desarrollo sostenible y la protección del planeta se nota desde hace tiempo, el Papa ha trabajado a la carrera para publicar su encíclica “con un poco de tiempo antes de la reunión de París, de modo que sea una aportación” al debate de diciembre. La Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático 2015 abordará el modo de frenar y hacer retroceder la subida global de temperaturas y los fenómenos asociados como desertificación, sequías, inundación de zonas costeras por subida del nivel de los océanos, daños por temporales anómalos, etc.

Sensación de urgencia

El Papa tiene sensación de urgencia porque el encuentro preparatorio, celebrado en Lima el pasado mes de diciembre “ha sido flojo”, según comentó a los periodistas el pasado mes de enero, añadiendo que “me ha decepcionado la falta de coraje: se quedaron parados en un punto. ¡Esperemos que en París sean más valientes!”.

El “punto espinoso” del encuentro de París es fijar nuevas reducciones nacionales y mundiales a las emisiones de gases que provocan el “efecto invernadero”, entre los que destacan el anhídrido carbónico resultado de quemar gasolina, gasoil, carbón y otros combustibles.

Siguiendo el consenso de la abrumadora mayoría de los científicos en torno a las conclusiones del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPPC), el Papa apoyará la línea de resolver el problema del calentamiento global disminuyendo drásticamente la quema de combustibles fósiles, reforzando las energías renovables, reciclando, mejorando los aislamientos térmicos y, sobre todo, reduciendo consumos inútiles y residuos urbanos e industriales.

En sociedades consumistas, a los gobiernos les cuesta decir a sus empresas y a ciudadanos que no pueden seguir consumiendo combustibles a este ritmo, pero el pasado 8 de junio, en la cumbre presidida por Ángela Merkel, los responsables del Grupo de los Siete países más desarrollados (G-7) concluyeron en su comunicado final que “es necesaria una acción urgente y concreta para hacer frente al cambio climático, como se indica en el Quinto Informe Evaluativo del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPPC)”.

Aunque el problema es urgente y grave, varios colaboradores del Papa han subrayado estos últimos días que “la encíclica del Papa no va a ser un documento de política energética, sino un documento de magisterio, en un contexto moral”. Y Francisco va a hacerlo con el estilo del santo del que tomó su nombre: mediante un enfoque poético, ecológico, humanitario y místico a la vez.

Manifiesto teológico

El famoso poema escrito por san Francisco de Asís en 1226 hacia el final de su vida es un cántico de alegría y acción de gracias: “Alabado seas, mi Señor, en todas tus criaturas, /especialmente el Señor hermano sol, / por quien nos das el día y nos iluminas”.

En los versos siguientes se canta a la “hermana luna”, la “hermana agua” y otros elementos hasta llegar a “la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sostiene y gobierna”.

Es un manifiesto ecológico y teológico de gran envergadura, mas de siete siglos antes del nacimiento de los modernos movimientos ecológicos, aplaudidos por el Papa Benedicto XVI en su discurso de septiembre del 2011 en el Bundestag de Berlín para delicia inesperada de los “Verdes”.

El Papa Francisco renovará ese apoyo pero no de modo general, pues los movimientos ecológicos son muy variados y no faltan algunos extremistas como los que consideran al ser humano “el cáncer del planeta” y el mayor culpable de sus desastres.

Francisco, en cambio, recordará las enseñanzas del Génesis y la tradición judeo-cristiana. Dios creó el cosmos, la Tierra, los animales y las plantas, “y vio que era bueno”. Hace unos meses, el Papa adelantaba el eje de su encíclica: “Invito a todos a ver el mundo con los ojos de Dios Creador: la tierra es el ambiente que hay que custodiar y el jardín que hay que cultivar”.