El río Ebro a su paso por la localidad aragonesa de Pina de Ebro
El río Ebro a su paso por la localidad aragonesa de Pina de Ebro - afp
De Primera Mano

La pertinaz sequía

Hasta aquí hemos llegado sin un plan hidrológico solvente y con el trasvase del Ebro descartado definitivamente

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En el otoño-invierno de 1944, un servidor era colegial de los Hermanos Maristas de Burgos, en donde cursaba 2º de aquel antiguo Bachillerato, de siete cursos con su Examen de Estado, que inventó el ministro Callejo y que retocó Ibáñez Martín. En aquella lejana época no llovía, llovía poco o nada, y los reducidos pantanos estaban secos. Ante esta situación el General Franco reconoció “la pertinaz sequía” y decretó un cambio horario de dos horas de anticipo para “ahorro de la luz”. Como se ve aquí todo tiene precedente y casi nadie inventa nada, pues el actual y mareante cambio de hora los otoños y las primaveras en todo el mundo ya lo había intentado el denostado dictador español, con un éxito similar al que reconocen los estados modernos de Europa y América.

Además de la ocurrencia antedicha, Franco se lanzó a la construcción de pantanos de modo agresivo y sin demasiados escrúpulos medioambientales, pues entonces –recuerden- ni existía oposición, ni mucho menos fortificadas agrupaciones

En los últimos diez días la ribera del Ebro han vivido momentos de gran preocupación

ecologistas. Se produjeron situaciones conflictivas, no siempre resueltas con demasiada equidad. Al final de la historia, se llegó a los 55.900 hectómetros cuadrados, que es la capacidad total de los embalses españoles de los cuales, a día de hoy, embalsan 42.414, lo que es el 75% de su capacidad. A poco que se den bien los reconocidos meses lluviosos de los futuros días primaverales, garantizan en un estiaje más que aceptable en un país como España en donde en más de 4/5 partes del territorio no cae ni una gota de junio a septiembre.

Para “lo de la luz” se acometieron obras brillantes y fundamentales como la Presa de Aldeadávila, que en su día construyó Iberduero, diseñada por el ingeniero Rubio Sacristán, y que utilizamos en TVE para una parte del rodaje de la película de Antonio Mercero, La Cabina, de la que algún día contaremos el rodaje detalladamente.

En los últimos 10 días la ribera del Ebro, desde Navarra hasta el Delta, han vivido momentos de gran preocupación, de pérdidas reconocibles y de derroche enorme de agua. El Ebro, que no olvidemos nace en Fontibre, Comunidad de Cantabria (de soltera Santander en decir de Camilo José Cela), atraviesa el Norte de la provincia de Burgos, la Rioja, Navarra, Aragón y Cataluña. Ya Carlos III se acordó del río y diseñó el canal de Aragón que, junto con su hermano, el Canal de Castilla, fueron maltratados, olvidados y combatidos. Luego vino Lucas Mallada, con su proyecto de trasvase, que retomó el socialista Indalecio Prieto, que se encontró con dificultades económicas en la época de Franco y que, finalmente, cuando el PP de José María Aznar se lo propuso como tarea, vino el inconsciente viajero, José Luis Rodriguez Zapatero y, como primera providencia, lo declaró, de la mano de la ministra Narbona, fuera de la ley. Hasta aquí hemos llegado sin un plan hidrológico solvente, con el trasvase del Ebro descartado definitivamente y con ligeros retoques de pequeños pantanos de cuenca, que, según explicó la ministra Garcia Tejerina el miércoles pasado, se mueve ahora en un terreno de modernización y construcción, con obras actualmente en 14 de ellos.

Es de sobra sabido que los territorios son de por sí egoístas. También se conoce el poco entusiasmo, de algunos técnicos y de consumados ecologistas, por el aprovechamiento racional de los recursos nacionales. Con 16 horas del agua desaprovechada estos últimos días se podría abordar el consumo de una ciudad como Valencia durante un año. Sumen y multipliquen.

El 26 de junio de 1964 el ministerio de Obras Públicas autorizó el concurso de las obras del proyecto modificado de embalse de Retuerta (Burgos), que hubiera permitido la puesta en regadío de 20.000 hectáreas, la mayoría en la provincia burgalesa, aunque también afectaba, en su embalse de 177 millones de metros cúbicos, a las provincias de Valladolid y Palencia. Este pantano anegaría los pueblos de Retuerta y Cascajares, así como el Monasterio de San Pedro de Arlanza. Precisamente estas gloriosas ruinas de la Castilla primera, fueron las más determinantes para desistir de la construcción del pantano, pues el cenobio merecía un respeto y un cuidado, extremos ambos que el Estado, la comunidad autónoma y el pueblo de Covarrubias han tenido, y tienen, en el olvido, pues no solo no han hecho nada significativo para cuidar los restos, sino que incluso han obstaculizado cualquier iniciativa privada que ha tratado de poner en valor actual el significado histórico del monumento.

“La pertinaz sequía” vista desde ahora parece una broma, como tampoco se puede tomar muy en serio lo del contubernio “judeo-masónico”, “la incuria liberal” y “la familia, el municipio y el sindicato”, como elementos de participación democrática. La España de las autonomías de la Constitución de 1978 nos ha dado 40 años de vida en paz y en libertad, pero ese artículo octavo de las nacionalidades y sus contradicciones hace que algunos nostálgicos recuerden aquello de la “unidad de los hombres y las tierras de España”. Dicho de otra manera, con modernos y precisos términos democráticos, refuercen el sentido común y la autoridad del Estado y, especialmente, den la autonomía necesaria a las confederaciones hidrográficas de los ríos como entes naturales que puedan influir en sus cauces y pactar con unas u otras cuencas. La Confederación Hidrográfica del Tajo ha sido y es un ejemplo.