Imagen facilitada por el 112 de Murcia de un incendio forestal declarado en Almansa (Albacete), cerca del límite con Yecla (Murcia)
Imagen facilitada por el 112 de Murcia de un incendio forestal declarado en Almansa (Albacete), cerca del límite con Yecla (Murcia) - efe
medio ambiente

Incendios forestales: combatir al fuego con el propio fuego

Investigadores del Creaf defienden que dejar a su libre evolución algunos focos espontáneos, bajo condiciones controladas, podría ayudar a prevenir futuras catástrofes

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Este año -uno de los mejores de la última década- han ardido más de 41.000 hectáreas de superficie forestal en España, y estamos hablando de un año históricamente bueno. Según Greenpeace, nuestro país es uno de los más afectados cada año por el fuego, que en un 96% de los casos está ocasionado por el ser humano, bien sea por negligencia o intencionadamente. Acabar con esta lacra de nuestros bosques, uno de nuestros grandes patrimonios, debería ser una de nuestras prioridades. No en vano, somos el país de la UE que mayor superficie aporta a la Red Natura 2000 y el de mayor biodiversidad del Viejo Continente.

En este constante pulso contra el fuego, investigadores del Creaf, el CTFC y la UAB acaban de publicar los resultados de un estudio en la revista PLoS ONE que ponen de manifiesto la urgencia con la que necesitamos reducir la excesiva continuidad de nuestros bosques y matorrales. Esta continuidad es uno de los principales factores de propagación de los incendios forestales más virulentos, que son los que tienen peores consecuencias ambientales y socioeconómicas, y los que suponen un mayor riesgo para la población.

Según el estudio, la superficie total sobre la que habría que actuar anualmente debería ser muy superior a la actual, si queremos incrementar nuestra eficiencia en la reducción de estos grandes incendios, que serán cada vez más frecuentes en las próximas décadas debido al Cambio Global. Por ello, los investigadores han estudiado el efecto que podría tener un método complementario a los anteriores y que consistiría en reducir la continuidad vegetal relajando los esfuerzos de extinción en incendios que tengan lugar cuando las condiciones meteorológicas garantizan un buen control del fuego por parte de los bomberos. No se trata de provocar ningún fuego, sino de dejar que algunos incendios espontáneos quemen algunas hectáreas bajo condiciones controladas.

El método no es nuevo. Y de hecho se usa en otros lugares del mundo. Así se ha hecho, por ejemplo, en el Parque Nacional de Yellowstone, en EE.UU., y no precisamente por falta de recursos. «40.000 hectáreas quemadas por unos pocos incendios de gran virulencia tienen un impacto sobre el ecosistema y un riesgo real para la población mucho más elevados que si se queman las mismas hectáreas en un número mayor de incendios y de manera más controlada», comenta el investigador Adrián Regos. «Modular los esfuerzos de extinción en fuegos que se producen bajo condiciones suaves puede incrementar considerablemente las oportunidades de encontrar espacios para apagar los incendios más virulentos bajo condiciones extremas», añade Regos.

Las previsiones de cambio global pronostican que el trabajo de los equipos de extinción del fuego será cada vez más difícil, por el aumento del riesgo de incendios y el aumento de situaciones climatológicas extremas. Por eso, hace tiempo que tanto los bomberos, especialmente el Grupo de Apoyo de Actuaciones Forestales (los GRAF), como los diferentes colectivos implicados en la gestión del territorio reclaman medidas más efectivas de reducción de la biomasa forestal. «El objetivo es acabar teniendo un mayor control sobre el régimen de incendios en una perspectiva a largo plazo. En el contexto actual de cambio climático, nuestra capacidad de modificar este régimen es muy limitada si no encontramos métodos efectivos de intervenir sobre las masas forestales arboladas a gran escala», explica Lluís Brotons, coautor del estudio.

En cualquier caso, «este método es sólo una alternativa más que se podría utilizar bajo determinadas condiciones. Hay que rebajar la continuidad forestal de una gran parte del territorio, y debemos hacerlo ya. De lo contrario, corremos un riesgo cada vez mayor de sufrir pérdidas catastróficas desde el punto de vista ecológico, económico e incluso de vidas humanas».