Superficie del glaciar Petermann, en Groenlandia
Superficie del glaciar Petermann, en Groenlandia - reuters
medio ambiente

Así se inició el principio del fin de la Edad del Hielo

Un estudio publicado en «Science» resuelve la paradoja de cuándo y en qué grado el calentamiento del planeta dio paso a un período más estable y cálido

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Un nuevo estudio publicado en «Science» de los hielos de Groenlandia documenta el calentamiento de la última Edad de Hielo, resolviendo en parte la paradoja de cuándo y en qué grado ocurrió realmente ese aumento de la temperatura.

Grandes capas de hielo cubrían Norteamérica y el norte de Europa hace unos 20.000 años, durante la parte más fría de la Edad de Hielo. Pero los cambios en la órbita de la Tierra alrededor del Sol elevaron la intensidad de la energía solar que llegaba a Groenlandia. Así, hace alrededor de 18.000 años comenzó a liberarse carbono de las profundidades del océano.

El estudio se basa en los isótopos de nitrógeno del hieloHasta ahora, el análisis de los núcleos de hielo de Groenlandia no mostraba ninguna respuesta como se esperaría de un aumento en el CO2 y el flujo de la energía solar, señalan los investigadores del trabajo. En este nuevo estudio, financiado por la Fundación Nacional de Ciencia, los científicos reconstruyeron las temperaturas del aire mediante el examen de las relaciones de isótopos de nitrógeno en el aire atrapado en el hielo.

Cinco grados de aumento

Según el autor principal, Christo Buizert, investigador postdoctoral en la Universidad Estatal de Oregón, Corvallis, Estados Unidos, «los registros sugerían que las temperaturas hace 12.000 años, durante el llamado periodo ' Younger Dryas', cerca del final de la Edad de Hielo, eran prácticamente las mismas en Groenlandia que hace 18.000 años, cuando la mayor parte del hemisferio norte estaba todavía cubierto de hielo. Eso nunca tuvo mucho sentido porque entre 18.000 y 12.000 años atrás, los niveles atmosféricos de CO2 aumentaron», recuerda. «Pero cuando se reconstruye la historia de la temperatura usando las proporciones de isótopos de nitrógeno, se obtiene una imagen muy diferente», resalta Buizert. «El registro muestra entonces que hace 12.000 años, las temperaturas de Groenlandia ya se habían calentado unos cinco grados (Celsius), muy cerca de lo que los modelos climáticos predicen que debería haber ocurrido, dadas las condiciones», prosigue.

Circulación meridional atlántica

La reconstrucción de las temperaturas mediante el uso de isótopos del agua proporciona información útil acerca de cuándo cambian las temperaturas, pero puede ser difícil de calibrar debido a los cambios en el ciclo del agua, añade el coautor Edward Brook, paleoclimatólogo de la Universidad del Estado de Oregón. Y es que además del calentamiento gradual de cinco grados (C) durante un periodo de 6.000 años que comenzó hace 18.000 años, el estudio investigó dos tiempos de calentamiento abrupto y un periodo de enfriamiento brusco documentado en los nuevos núcleos de hielo, que los expertos ligan a los cambios en la circulación meridional atlántica ( AMOC, por sus siglas en inglés), que trae agua cálida desde los trópicos hacia las latitudes altas del norte.

La estabilidad climática y cálida del Holoceno favoreció la civilizaciónEl primer episodio causó hace unos 14.700 años un incremento en la temperatura del aire de Groenlandia de entre 10 y 15 grados en tan sólo unas décadas. Un aparente cierre de la AMOC hace 12.800 años provocó un enfriamiento brusco de entre 5 y 9 grados, también en cuestión de décadas. Cuando la circulación meridional atlántica se revitalizó de nuevo, hace unos 11.600 años, provocó un aumento en las temperaturas de 8 a 11 grados, que anunció el fin de la Era de Hielo y el comienzo del periodo Holoceno, climáticamente cálido y estable, lo que permitió el desarrollo de la civilización humana.

«La última deglaciación es un ejemplo natural del calentamiento global y el cambio climático», sugiere Buizert. Es muy importante el estudio de este periodo, ya que puede ayudarnos a comprender mejor el sistema climático y la sensibilidad de la temperatura de la superficie al CO2 en la atmósfera».