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American Playboy Hugh Hefner, el hombre que rompió el tabú sexual de América y fue acusado de «obscenidad»

Amazon estrena hoy este formato híbrido, que mezcla técnicas del documental con elementos narrativos, que desmonta los mitos del magnate

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Hugh Hefner es más que las conejitas de las que siempre estaba rodeado, sus tres mujeres y su millonaria mansión. Más que las piscinas y la gorra de Marine. Con la revista «Playboy», el magnate abrió una brecha en los cincuenta, dándole a la sociedad americana, reprimida tras la Segunda Guerra Mundial, un caramelo que no pudo ni quiso evitar.

Al menos así lo retrata «American Playboy: The Hugh Hefner Story», la docuserie que Amazon estrena este viernes y en la que desmonta el mito del mujeriego que llegó a ir a juicio por «obscenidad».

A través de un vasto material y variadas declaraciones, este documental construye una hagiografía alrededor del fundador del imperio que revolucionó la sociedad estadounidense marcando un antes y un después, y levanta un muro con el que proteger su figura, que a punto de cumplir 91 años todavía ve desfilar a sus múltiples detractores desde una habitación de esa mansión que ya vendió.

Recurriendo a la faceta de pionero de Hefner, «American Playboy» desarma los argumentos de los que lo acusaron de misógino, y de utilizar a la mujer como un producto superficial que vender con ropa escasa.

¿Misógino o revolucionario?

Amado y odiado, el propio magnate, que en la serie solo aparece en intervenciones de antaño rescatadas y a través de la versión joven de sí mismo que interpreta el actor Matt Whelan, asume su papel como el del que logró romper el tabú sexual en América y se define como «el tipo que lo tiene todo: una mansión de lujo, fiestas legendarias y, por supuesto, a las mujeres», pero también como esa figura necesaria que despertó a una sociedad que hivernaba en la posguerra.

Probó suerte en «Esquire», su referente editorial por aquel entonces, y salió escaldado: la revista a la que solía recurrir ya no le representaba. Decepcionado, decidió fundar la suya propia, una publicación que incluyese todo lo que a la gente como él le gustaría encontrar. Y así personificó no solo la desnudez, sacándole los colores a su archienemigo J. Edgar Hoover, primer director del FBI, con el que protagonizó sonados encontronazos. Creó un espacio para los jóvenes varones estadounidenses que querían algo más que leer sobre caza y pesca, les ofreció un nuevo (y más placentero) estilo de vida. Una revista provocadora que daba cabida en sus páginas a escritores prohibidos, reivindicaba los derechos de homosexuales y negros, perseguidos a mitad del siglo pasado, y liberando a una América cautiva en sus deseos sexuales reprimidos.

«Más que mujeres desnudas»

«Mi revista no se trataba solo de mujeres desnudas. Se trataba de derrumbar barreras, de iniciar una conversación cultural sobre la sexualidad y defender la justicia social», predica Whelan al principio de la serie, toda una declaración de intenciones.

Pero no todo estuvo siempre a su alcance. En el material que rescata «American Playboy», Hugh Hefner recuerda su infancia, solitaria. No recibía abrazos ni cariño, «ningún tipo de emoción», por eso escogió el camino que le quedaba, la fantasía, y empezó a dibujar. Y de tanto que lo hizo, creó la revista que normalizaba unos contenidos hasta el momento clandestinos; ya no solo sugería, como los dibujos que tanto le gustaban de las pin up de su admirada «Esquire», iba un paso más allá: o todo o nada. Y el niño desamparado cogió lo que le había sido arrebatado: el amor con el que su madre nunca le dio lo buscó en despampanantes mujeres en traje de baño y pajarita, con orejas y pompón: sus conejitas, el cimiento de un imperio multimillonario.