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Nada puede parar un sueño

Pedro Almodóvar se convirtió, sin previo aviso, en el protagonista de la XXIV edición de los Premios Goya /EFE
Pedro Almodóvar se convirtió, sin previo aviso, en el protagonista de la XXIV edición de los Premios Goya /EFE
FEDERICO MARÍN BELLÓN |
Actualizado
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¿Bastaba con eliminar la publicidad, dejarse de pruebas y encargar la presentación a un profesional para que todo fuera sobre ruedas? Sí y no. También hacía falta un guión medido, una puesta en escena sobria, un ritmo feroz, unos cámaras atentos, un realizador omnipresente, unos efectos especiales brillantes, un narrador oportuno y sabio incluso para rectificar, un falso tráiler de «Celda 211» genial...

Eran necesarias muchas cosas, más de las que nadie imagina, y no faltó ni falló casi ninguna, aunque alguien eche ahora en falta un poco de sangre. Todos hemos hemos visto ya las galas suficientes, incluidos los Oscar -de los que se copió sólo lo bueno-, para saber lo difícil que es redondear una gala tan sencilla, sin más estridencias que las provocadas por los nervios de algún galardonado. Venía haciendo falta una fiesta de verdad, que no estuviera en contra ni a favor de nada, salvo del cine.

Brillante y sin sorpresas

De Buenafuente, lo único malo que se puede decir es que su brillantez no sorprendió a nadie. Sin perder su estilo, ni sus improvisaciones, que además de una mente rápida demostraban una preparación excelente, el infiltrado de La Sexta parecía una mezcla entre Billy Crystal y Jon Stewart. Hasta que llegó el contrapunto dramático del

discurso del presidente, Álex de la Iglesia , reivindicativo pero nada llorón, emotivo, sin salirse nunca del tiesto cinematográfico, con un as en la manga y en Calzada de Calatrava. ¿Será verdad que «nada puede parar un sueño»?

De los premios se puede discutir todo lo que queramos, como de cualquier decisión democrática, de los árbitros de fútbol y de las tonterías de los políticos o los periodistas. Esa es la parte que no se puede controlar. El resto, lo que se puede escribir en un guión, salió sobre ruedas. Y qué bonita fue la entrega a Mercero. Qué demostración de sensibilidad y buen gusto. Este es el camino.