Sánchez se queda sin crédito

Al Gobierno le llueven los mensajes, ya inequívocos, sobre el rumbo que ha emprendido en el campo presupuestario

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El nuevo informe de la Comisión Europea sobre el proyecto de Presupuestos enviado por el Gobierno de Pedro Sánchez, doctor en Economía, representa un sonoro suspenso y una clara advertencia. El mes pasado, y dentro de las previsiones de otoño, la consideración negativa de Bruselas fue algo más discreta porque, entre su evidente bisoñez y los buenos oficios que se esperaban de la ministra de Economía, Nadia Calviño, algunos aún pensaban que había que dejarle margen para que probase sus capacidades. En su dictamen de ayer, sin embargo, la Comisión Europea ha concluido que el texto enviado no es el requerido, y que las escasas novedades improvisadas por el Ejecutivo resultan irrealizables. La consecuencia es que la economía española, que cuando Pedro Sánchez llegó al poder estaba en un camino claro de estabilización, corre ahora el riesgo de descarrilar.

La amonestación de la Comisión no es la única. También la OCDE ha rebajado las previsiones de crecimiento para España -dentro de un proceso de desaceleración global-, y lo mismo hace el Fondo Monetario Internacional, en este caso con señales específicas de alerta sobre los peligros del peso excesivo de la deuda y la irresponsabilidad, en términos presupuestarios, de medidas como la vinculación de la subida de las pensiones al IPC.

Al Gobierno le llueven los mensajes inequívocos sobre el rumbo que ha emprendido en el campo presupuestario, basado en el pacto suscrito con el líder de Podemos, Pablo Iglesias. Sin capacidad parlamentaria para sacar sus cuentas adelante, el único consenso logrado por Sánchez es el de los organismos internacionales, que coinciden en destacar que la ausencia de políticas reales de corrección de los desequilibrios presupuestarios que permitan la reducción acelerada de la deuda pone en peligro la economía. Sánchez no podrá decir que ignoraba o que no podía conocer este diagnóstico, ni que todas las críticas venían de la oposición. El presidente es perfectamente consciente de esta situación, y ya ni siquiera le sirve el elemento comparativo con otros países que, como Italia, están en la misma situación en cuanto al cumplimiento de las reglas europeas. La ministra Calviño, lastrada por sus dudosas prácticas fiscales en su vida personal, ha dejado de ser su talismán, y esta política acabará con la escasa reputación que aún le queda.

A estas alturas, la Comisión ni siquiera cree que los planes del Gobierno sean realistas, por la sencilla razón de que no ve probable que logre aprobarlos. Es decir, el mensaje -ya poco sutil- para Pedro Sánchez es que no es capaz ni de plantear una senda presupuestaria creíble y sensata. Y eso solo tiene una solución: convocar con urgencia las elecciones que no hace mucho recetaba a quienes no podían sacar adelante sus cuentas.