El presidente de la Generalitat, Quim Torra, coloca un lazo amarillo en el Parlament
El presidente de la Generalitat, Quim Torra, coloca un lazo amarillo en el Parlament - ABC
EDITORIAL

Sánchez da alas al «ataque» de Torra

El Gobierno minimiza la grave amenaza de Torra al Estado, mientras la Generalitat manda a los Mossos a reprimir a los catalanes que quitan la simbología golpista de las calles

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Cuarenta y ocho horas ha tardado el Gobierno en reaccionar (es un decir) a la grave amenaza lanzada por Quim Torra («Atacaremos al Estado») y la respuesta ha sido más preocupante que decepcionante. Por boca de la vicepresidenta Carmen Calvo y lejos de lanzar un mensaje que tranquilizara a los españoles, el Ejecutivo socialista prefirió justificar al presidente de la Generalitat al asegurar que «con una frase inaceptable no se ataca al Estado». Y para que no se enfade mucho por lo de inaceptable, arremetió Calvo de inmediato contra la oposición, PP y Cs, a quienes acusó de «falta de lealtad» por pedir al Gobierno que reaccione ante el ataque que preparan los separatistas. No terminó ahí la justificación de la desvengonzada amenaza sino que Calvo se mostró incluso comprensiva «con la radicalidad» de Torra, «que se puede llegar a entender».

España, por tanto, tiene ahora dos problemas. Al desafío contra su unidad se une un Gobierno entregado a la justificación de los separatistas que intentan romperla, de tal forma que cuando estos anuncian expresamente sus planes de ataque, Sánchez no se da por enterado y en vez de cortar de raíz el embate, la emprende contra los partidos constitucionalistas, los únicos que pueden ayudarle a parar otro golpe. Naturalmente, Calvo afirmó también que al Ejecutivo de los 84 diputados no se le pasa por la cabeza reactivar la aplicación del artículo 155 pese a que una autonomía anuncie que va a agredir al Estado y la rete de la forma más clara escuchada desde la proclamación de la fantasmagórica república catalana del prófugo Puigdemont.

Y Calvo se equivoca porque el ataque, en realidad, ya está en marcha. La Generalitat ha comenzado a perseguir a los ciudadanos («individuos», los llama su Consejería de Interior) que se dedican a quitar los lazos amarillos de los espacios públicos. Torra -acreditado «supremacista y racista», según el propio Sánchez- ha iniciado por tanto la caza de brujas contra los catalanes no separatistas. Y contra ellos ha lanzado a su policía. Los Mossos ya han identificado a catorce personas en diversas localidades, que se enfrentan a multas de hasta 30.000 euros por intentar evitar que la simbología golpista inunde las calles. El mundo al revés, desaparecen de los edificios oficiales los símbolos del Estado y son sustituidos por banderas alegales y símbolos que honran a una partida de sediciosos. El separatismo abre la fase de represión en la calle, elemento esencial de todo movimiento totalitario. ¿También esto es «entendible»?

Los españoles merecen un Gobierno que les defienda, no uno acomplejado y timorato sustentado en las Cortes por los principales enemigos de la unidad de España, que ahora, envalentonados con la desidia de Sánchez, se atreven incluso a anunciar su ataque al Estado.