Editorial ABC

PP, la hora de consolidarse

Casado ha roto con lo peor del pasado, pero asimismo mantiene lo mejor del PP, que también fue mucho

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Tras la fallida investidura de Pedro Sánchez y la renovación que ha hecho Pablo Casado de su cúpula, el PP ha iniciado una nueva andadura en la que debe ganarse por méritos propios el liderazgo de un electorado que desde hace cuatro años venía abandonándolo hasta dejarlo en sesenta y seis escaños. El rumbo que ha imprimido Casado al PP es el adecuado, aunque es evidente que aún tiene tareas pendientes, entre ellas su complicada reimplantación en Cataluña o el País Vasco, donde es percibido como una formación residual. Sin embargo, empieza a registrarse un avance donde hace solo un año había un retroceso. Con la moción de censura presentada por Sánchez, el PP tocó fondo. Ahora ha sabido mantenerse firme ante la trampa que le había preparado Sánchez al exigirle una «abstención de Estado». Casado tenía razón en vista del acuerdo soterrado alcanzado por el PSOE con Bildu en Navarra, por ejemplo. No obstante, sigue cargando con el baldón de una herencia de corrupción demoledora. Sin duda, el PP entra en una nueva etapa, con nuevos rostros en primera línea, nuevos liderazgos y mensajes solventes que le han permitido conservar buenas dosis del poder territorial y municipal. En ese aspecto, el contraste entre la coherencia y la capacidad negociadora que mantiene Casado, y la capacidad de humillación del PSOE ante fuerzas como Bildu es notable. También ha apostado por renovadas vicesecretarías que le han permitido moderar su discurso y que pronostican una progresiva recuperación electoral. La designación de Álvarez de Toledo como portavoz parlamentaria es otro indicio de la convicción firme del PP en sus clásicos valores y principios. Aun así, deberá remar contra la corriente de una herencia conflictiva en lo que atañe a varios dirigentes inmersos en procesos judiciales por casos de enriquecimiento ilícito. El mensaje del PP de ahora en adelante en la lucha contra esa lacra debe ser drástico, porque de lo contrario la percepción de ese cambio de tendencia correrá el riesgo de estancarse.

Casado ha roto con lo peor del pasado, pero mantiene también lo mejor del PP, que también fue mucho. Por eso se ha ganado el derecho a reivindicar el liderazgo de la oposición. Tanto si Sánchez consigue fraguar una investidura como si España acude a nuevas elecciones, el PP debe mantener una línea de trabajo firme que le permita recuperar muchos de los votos fugados a Ciudadanos y a Vox. No tiene alternativa. La labor no será fácil, pero son muchos los errores cometidos por esos dos partidos, y el PP debe aprovechar la coyuntura porque el andamiaje de partido sólido y consolidado la tiene de antemano. Siempre fue el partido que recondujo a España de los abusos cometidos por la izquierda con la economía, y debe ser de nuevo el partido de una derecha moderada, reconocible y fiable para ese electorado que dejó de confiar en él.