Posado

Lo siguiente será el posado junto al árbol de Navidad, perdón, junto al árbol del Solsticio de Invierno

David Gistau
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Leí el comunicado de Irene Montero acerca de la feliz noticia y la carga emocional me pareció típica de la experiencia primeriza. Tal vez ella llegue a comprobar que, a partir del tercer o cuarto embarazo, las expresiones cursis desaparecen y en su lugar surgen otras más prosaicas, características de un matrimonio de larga duración que sobrevivió a la combustión espontánea del sentimentalismo: «Ya que bajas trae estropajos. Y magnesio de la farmacia, que estoy embarazada otra vez. Y pan de molde, que no queda». En eso, la vida personal se parece a la política: las experiencias atemperan la intensidad pero aumentan la sabiduría resignada -toda sabiduría es resignación- de aquellos que llegaron convencidos de que con ellos todo sucedería por primera vez. Cuanto hacemos y sentimos, por más que nos haga creer únicos, es en realidad una repetición, a veces la de un fracaso.

En el contexto de la discusión nacional, la noticia del embarazo de un político profesional no debería ni darse salvo como breve social. Es algo ajeno a su actividad que no concierne a nadie más allá de su círculo familiar. El respeto a lo personal debería cultivarse en ambos sentidos. Es decir, constituiría una mezquindad no dar siquiera tiempo a nacer a unos bebés antes de usarlos contra sus padres. Pero, de igual manera, se nos antojaría frívolo que esos mismos padres utilizaran la noticia de un embarazo para sacar cualquier provecho en términos de imagen o de acaparamiento de protagonismo. Frívolo por el hecho de referirnos a la política. Los programas del corazón viven de esto y por eso ahí circulan en abundancia comunicados semejantes al de Irene Montero.

Tal vez ésta sea la clave en la que hay que comprender a Iglesias y Montero, y donde encaja la importancia concedida a una noticia personal que, en caso de aludir al ministro de Economía o a la vicepresidenta del Gobierno, no le importaría una higa a nadie. Iglesias y Montero son personajes del corazón por otros medios, con otras coartadas, y ocupan en ese sentido un espacio no tan distante del divorcio de los Bustamante o del liberalismo Ferrero-Rocher de Vargas Llosa entrevistado por Tamara. Parecen haber sido inventados para que la izquierda de ínfulas intelectuales pueda seguir contenidos propios del «Diez Minutos» sin sufrir problemas de conciencia. Los podemitas, los «nuevos», fueron como ídolos del rock cuando entraron en nuestras vidas arrojando televisores por la ventana y trajeron una actividad sentimental, propia de las pandillas adolescentes, que en algún momento nos permitió decir que sobre el Parlamento volvía a gravitar una atmósfera erótica como se dice que hubo en los tiempos fundacionales de la Transición. Pero hasta los ídolos del rock se hacen mayores y justifican con sus embarazos portadas del «¡Hola!» bolchevique. Lo siguiente será el posado junto al árbol de Navidad, perdón, junto al árbol del Solsticio de Invierno.

David GistauDavid GistauArticulista de OpiniónDavid Gistau