EDITORIAL ABC

Nuevas pruebas elevan el plagio

PlagScan revela otro engaño más que convierte la conducta de Sánchez en contumaz y reincidente, con un agravante añadido: el de destinar dinero público para encubrir la realidad

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Las revelaciones hechas en un comunicado oficial por la empresa alemana propietaria de PlagScan sobre los manejos realizados por La Moncloa para salvar la cara a Pedro Sánchez son muy graves, y demostrativas de que ABC no miente. PlagScan es una de las dos herramientas informáticas empleadas por la Presidencia del Gobierno para concluir que Sánchez no plagió su tesis doctoral de 2012. Con una de ellas, Turnitin, las pruebas fehacientes de plagio se elevaban al 13 por ciento, una cifra que La Moncloa consideró irrelevante y admisible en este tipo de trabajos universitarios. En la muestra realizada con PlagScan, ese 13 por ciento se redujo a un ínfimo 0,96 por ciento. Para La Moncloa, todo era una invención de ABC para destruir la figura política del presidente del Gobierno. Sin embargo PlagScan ha delatado a Sánchez al realizar, ahora por propia iniciativa, un nuevo examen de la tesis y concluir que la «coincidencia de propiedad intelectual» -un mero eufemismo del plagio- se eleva al 21 por ciento. De este modo, uno de cada cinco folios de los 340 que conforman la tesis doctoral está claramente copiado y no responde a un trabajo original del presidente del Gobierno. Es más: la empresa alemana sugiere que en el análisis ejecutado por La Moncloa se pudieron detectar una serie de «falsos positivos» que, con la aplicación de unos determinados filtros informáticos, quedaron deliberadamente eliminados para no disparar las sospechas sobre Sánchez. Es demasiado lo que no le cuadra ya a La Moncloa, que no ha hecho públicas ni esas pruebas ni la metodología de su examen para poder contrastar cómo lo ejecutó y si ocultó algo relevante. Ahora es evidente que se ocultó algo tan relevante como la falta de autenticidad y rigor en una quinta parte de la tesis.

Sánchez no solo ocultó la verdad al Congreso cuando adujo que su tesis estaba colgada en internet. No era cierto que fuese de libre acceso en la plataforma Teseo y por eso tuvo que hacerla pública. Ahora PlagScan revela otro engaño más que convierte la conducta de Sánchez en contumaz y reincidente, con un agravante añadido: el de destinar dinero público para encubrir la realidad y, presuntamente, manipular un diagnóstico delatador para el presidente del Gobierno. Todo sigue siendo opacidad, y amenazar con denunciar a los medios de comunicación no es la mejor manera de defender su honorabilidad. Es de suponer que tras esta revelación, también se planteará demandar a PlagScan. Sin embargo, ahora tiene una nueva obligación moral con la transparencia que tanto predica. Sánchez está obligado a hacer pública la metodología real del examen técnico que hizo La Moncloa para exonerarle de cualquier responsabilidad ética. Mientras no lo haga, la sospecha crecerá porque ahora es también la palabra de PlagScan contra la suya.