No hay dos sin Tertsch

IGNACIO RUIZ QUINTANO
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ZAPATERO declaró el fin de la crisis y, para celebrarlo, el sindicalismo vertical ha dispuesto para hoy una magna demostración sindical en lo que parece una Fiesta de Exaltación del Paro Nacional.

-¡Estos son nuestros pobres!

Dos animadores de las agrupaciones teatrales de educación y descanso, Hipatia de Cantalejo y un Charlie Rivel del Régimen, leerán la cartilla a los descamisados en la Puerta de Alcalá.

-Vivíamos en un Madrid nervioso e incómodo, afeado y entristecido por la pasión política, que daba a la calle un tinte agrio y a nuestra ciudad un clima moral desapacible... -escribió Ruano.

Antes de recoger el Nobel de la Paz, Obama pasó por West Point para soltar su discurso de la guerra: treinta mil tíos más para Afganistán. En ese discurso arengó a los muchachos contra Al Qaeda, recordándoles los atentados de Londres, Amán y Bali, y nada dijo del de Madrid, cuando todos habíamos quedado en que a Madrid vinieron los yihadistas a ajustar las cuentas con Aznar.

-La creciente propaganda -prosigue el relato de Ruano-, auténtica revolución en marcha de las izquierdas, tuvo siempre un tono amenazador y, sobre todo, grosero, hijo del feísmo y de un rencor acumulado que salía por todas partes como un irrespirable humo denso que encogía el alma y nos tenía a todos en una nerviosa provisionalidad...

A quince días de presidir a la Gran Democracia Europea, Madrid es una capital donde la policía política puede llamar a un bar de Irún para poner en fuga a los terroristas o donde un periodista de la oposición puede ser enviado de una patada al hospital para general regocijo en los círculos de progreso.

-Lo que peor perdona cierta clase de humanidad inferior es la independencia -concluye Ruano-. La felicidad de la independencia. La ironía de la independencia.

Lo de menos es quién haya pegado a Hermann Tertsch, aunque se le reconozca el valor: ahí es nada, exponerse a una reprimenda de la actual Asociación de la Prensa de Madrid. Lo importante es la alegría «de clase» que la agresión ha causado.

-Yo tuve en mi casa de Londres a etarras -declaró Sabina una vez-, y era una gente encantadora que pegaba tiros en la nuca, algo que nos parecía una cosa muy graciosa en ese momento. Y hacíamos mal. Porque de aquellos polvos vinieron estos lodos.

Para un Alto Representante de Internet Ante el Gobierno de Zapatero, lo escandaloso del caso Tertsch no es la patada, sino la Sanidad de Madrid, que es de derechas y no diagnosticó bien las lesiones. Bueno, esto es lo que se llama un análisis marxista de la realidad, que le habrá valido a su autor el título de Gramsci para niños y un puñado de corticoles.

-¡Pues no hay dos sin Terstch!

Es el dicho de bareto que, entre chanzas, me cae a los pies, y que, con un pateo de «folha seca», lanzo a los chuchos de Roures como taba.

La crisis ha terminado.