Largas colas este sábado para ver el portaaviones "Juan Carlos I", el buque insignia de la Armada española
Largas colas este sábado para ver el portaaviones "Juan Carlos I", el buque insignia de la Armada española - EFE
EDITORIAL ABC

La lección del navío Juan Carlos I

La llamada «normalización» no tiene porqué consistir en aceptar sólo lo que quiera el nacionalismo vasco, sino en devolver al País Vasco las rutinas de la sociedad española

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El entusiasmo mostrado por miles de vizcaínos con el portaaviones Juan Carlos I, atracado en Guecho este fin de semana, demuestra el nivel de distanciamiento entre los partidos políticos que se opusieron a su atraque y la normalidad con la que el ciudadano recibe este tipo de acontecimientos. Las familias que pudieron visitarlo, tras horas de espera y atascos en los accesos, estaban movidas por la curiosidad y el interés propios de estas situaciones, porque para ellas el portaaviones no representa un acto hostil del Estado español, sino una oportunidad de conocer un buque de la Armada, sin mayores prejuicios ideológicos, ni traumas nacionalistas. Los socialistas vascos, al apoyar a los nacionalistas en la oposición a la visita del portaaviones, han demostrado nuevamente su falta de personalidad para defender opciones que deberían ser las normales de un partido nacional, pero es evidente que al PSOE le cuesta comportarse como un partido nacional en Cataluña y el País Vasco porque teme ser confundido con el Partido Popular. La lección del portaaviones Juan Carlos I es que los ciudadanos toman decisiones que desacreditan los diagnósticos tremendistas que hacen los partidos políticos, especialmente aquellos que, como los nacionalistas, quieren someter las sociedades a un estado permanente de crispación y enfrentamiento.

No será este el último atraque de un barco de la Armada. El buque-escuela Juan Sebastián Elcano también fondeará en el País Vasco para rendir homenaje a los grandes marinos de esa tierra que sirvieron a España y contribuyeron a la expansión de la Corona española. El propio Elcano, y su vuelta al mundo con Fernando de Magallanes. El donostiarra Antonio de Oquendo y Zandategui, almirante general de la Mar Oceana con Felipe IV. Blas de Lezo, nacido en Pasajes, y defensor de Cartagena de Indias frente a la flota inglesa en 1740. O el héroe de Trafalgar, Cosme Damián de Churruca y Elorza, guipuzcoano de Motrico. Los socialistas vascos podrán repetir el despropósito cometido con el Juan Carlos I, o rectificar y respaldar algo tan natural como que los puertos vascos acojan buques de la misma Armada en la que sirvieron antepasados tan memorables como aquellos. La llamada «normalización» no tiene porqué consistir en aceptar sólo lo que quiera el nacionalismo vasco, incluido el proetarra -tan sensible a los buques de guerra y tan entusiasta con las pistolas de ETA-, sino en devolver al País Vasco las rutinas de la sociedad española en su conjunto, empezando por el acogimiento a nuestras Fuerzas Armadas como un elemento sustancial de la convivencia pacífica. Que al PNV y a Bildu les repela esta idea, se comprende. Pero que el PSOE también, es inaceptable. Más Estado es lo que necesita España.