La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio
La ministra de Trabajo, Migraciones y Seguridad Social, Magdalena Valerio - EFE
EDITORIAL ABC

Inquietante desplome del empleo

Las medidas de populismo laboral de Sánchez son las que están arrastrando a España hacia un nuevo abismo, mientras el PSOE menosprecia las señales de alerta

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Los datos de empleo conocidos ayer son extraordinariamente desalentadores. El número de desempleados registrados en las oficinas de empleo en agosto ha aumentado en 54.371 si se compara esta cifra con la del mes anterior, y la afiliación a la Seguridad Social ha descendido en 212.984 personas respecto a julio. Estos números dibujan un panorama sombrío y preocupante en la medida en que se trata de la mayor caída de empleo desde 2008, cuando gobernaba José Luis Rodríguez Zapatero. No es solo el peor retroceso de afiliados a la Seguridad Social desde aquella etapa, sino que el repunte negativo del desempleo alcanza ya cifras no vistas desde hace nueve años. En un solo día, el número de despidos ha llegado a ser de 120.000 personas, y solo el 8,11 por ciento de los contratos fue indefinido. Queda así en el olvido el denominado «plan de empleo digno», un rimbombante proyecto de Pedro Sánchez anunciado a bombo y platillo el verano pasado, porque las promesas del Gobierno para revertir la precariedad y la provisionalidad laborales han resultado ser un engaño masivo. En un principio, Sánchez aprovechó la estela exitosa de la reforma laboral aprobada durante la etapa de Mariano Rajoy, pero después todo se ha desinflado de modo inquietante para cientos de miles de familias en España. No hace muchos meses, La Moncloa exigió al gobernador del Banco de España que pidiera perdón por haber alertado de que la subida del salario mínimo iba a provocar una caída del empleo. Directamente lo acusó de generar alarma social mintiendo con sus previsiones. Hoy aquel diagnóstico parece estar cumpliéndose, y no consta que nadie del Gobierno esté pidiendo perdón al gobernador por haber acertado. De nuevo se demuestra que las recetas buenistas de la izquierda en España para crear empleo son pura propaganda efectista, al contrario de lo que ha ocurrido por ejemplo en Portugal, donde la izquierda ha acometido reformas, muchas de ellas impopulares, pero imprescindibles para sacar al país vecino de la quiebra y de los efectos del rescate de sus finanzas a manos de la UE.

Sánchez no podrá alegar que la deriva de nuestra economía y el riesgo de estancamiento se deban solo a la incertidumbre política provocada porque nadie quiere entregarle sus votos para que presida el Gobierno. Tampoco podrá alegar que está maniatado por ejercer en funciones. Para lo que quiere, para hacer precampaña con sus «viernes sociales» y para usar La Moncloa al servicio electoralista del PSOE, sí maneja dinero a capricho. Son sus medidas de populismo laboral las que están arrastrando a España hacia un nuevo abismo mientras el PSOE menosprecia las señales de alerta. A menudo, los españoles votan más con el bolsillo que con ideología, y lo vivió en primera persona. Arrastrar ahora a España a otra crisis como la de 2008 sería ya letal.