Rosa Belmonte

Los caballos de Sergio Leone

Rajoy citó en la campaña a Clint Eastwood pero se parece más a Bud Spencer

Rosa Belmonte
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En la campaña, Mariano Rajoy habló de Clint Eastwood, Sergio Leone y Ennio Morricone. No todo iba a ser alertar sobre los malos. Fue el viernes que iba a Almería. Le recordaba a Susana Griso el rodaje de películas del Oeste en la ciudad andaluza. En el desierto de Tabernas. De Bud Spencer no dijo ni pío. Bud Spencer contó en una entrevista a Íñigo Domínguez que Sergio Leone les dejaba los caballos cansados para que ellos siguieran rodando sus más baratas películas. De cine de verano. Porque yo no he visto esas películas en otro sitio que no fuera el cine de verano. Con (muchos) bocadillos y (muchos) cojines. Cuando en el cine de verano empezaron a proyectar títulos de estreno, con sólo tres o cuatro meses de antigüedad, y dejaron de poner «Le llamaban Trinidad» o «La profesora enseña en casa», el cine de verano pasó a mejor vida. El cine de verano era Bud Spencer y Terence Hill, Alvaro Vitali, Edwige Fenech y mucho kung fu. No Nicolas Cage, que bajo la luna (la del hechizo y la de verdad) hasta parecía Marlon Brando.

No citó Rajoy a Bud Spencer. Bud es por Budweiser, esa cerveza de señorita remilgada (renombrada América en Estados Unidos hasta la elección presidencial de noviembre). Una cerveza que sabe a eso que ahora llaman clara y que cuando íbamos al cine de verano era cerveza con Casera. Igual que el tinto de verano era vino con Casera. Tanta tontería. Volviendo a Bud, Spencer era por Tracy. Rajoy se parece más al italiano que a Clint Eastwood, aunque este fuera alcalde (Bud Spencer también se presentó en el Lazio por el partido de Berlusconi, pero no fue elegido). El actor napolitano había sido waterpolista. Aquí la coincidencia está con Albert Rivera, el de Mogollón de Muebles al Costo. Si Birkin tiene un bolso (aunque no lo quiera), Rivera debería tener un sillón con su nombre. Como el Paimio, el Wassily, el Eames, el Bibendum, el LC3… Aunque es más de sofá Marshmellow. Nube de azúcar. Concediéndole ser un sofá caro y no uno de Híper del Mueble con el plástico puesto permanentemente.

Bud Spencer era un grandullón con barba, como Rajoy, que daba un estupendo puñetazo vertical. Igual que Benny Hill daba esos palmetazos en la cabeza del vejete calvo. También era especialista en el tortazo lateral. Los tortazos que Rajoy dio el otro día. Ha escrito José Muñoz Clares sobre el batacazo dominguero de Podemos que la respuesta a todo la tiene la abuela de su amigo Antonio: España no vota comunista. Pero meses atrás estábamos convencidos de que la gente había perdido la memoria y, lo que es peor, el miedo al comunismo. Otra coincidencia. Otra referencia cinematográfica. El sábado se cumplieron 40 años del estreno de «La profecía». Al menos en EE.UU, que a España llegaría el 8 de noviembre de 1976 (se había visto el mes de septiembre en San Sebastián). Puestos a perder el miedo al comunismo y al demonio, yo ya veía Damien llegando a la Moncloa en lugar de a la Casa Blanca. Con ese Gregory Peck que cuando estaba a punto de matar al niño recibe un disparo y muere. Escuchando el «Ave Satani» de Jerry Goldsmith en lugar del merengue del PP.

Pensábamos que Joe Rígoli era Juan Marín, el pelambreras de Ciudadanos en Andalucía (así lo bautizó José Antonio Montano). Pero no, es un concepto. Dice Pulga de Triana que el gran politólogo español es el cómico Rígoli con su eslogan «yo sigo». Y que eso explica la política española desde 1975. El problema es que no se trata sólo de Rajoy, todos siguen. Y ya no es que los políticos tengan los caballos cansados de Sergio Leone. Los cansados somos nosotros.

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