La gran escalinata que conducía a los camarotes de primera clase del transatlántico
La gran escalinata que conducía a los camarotes de primera clase del transatlántico - abc
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Titanic, el gigante de los océanos, emerge en Colón

El centro cultural Fernán Gómez acogerá en septiembre una exposición única sobre el siniestro marítimo, con 200 objetos originales, algunos de ellos nunca antes expuestos

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Gerda Lindell se aferró a las manos de su marido Edvard y de su amigo Olof antes de morir congelada en las gélidas aguas del Atlántico. Exhausta, no logró subir al último bote salvavidas del «insumergible» transatlántico de la White Star Line. En él dejó su alianza de boda y, con ella, la historia de estos tres náufragos suecos camino de Nueva York. Ese anillo, entre otros secretos del trágico hundimiento de la madrugada del 15 de abril de 1912, emergerá el próximo mes de septiembre en el Fernán Gómez Centro Cultural de la Villa con «Titanic: The exhibition».

Más de 200 objetos originales, algunos de ellos nunca antes expuestos, que ya han zarpado hacia Colón desde México, el último destino de esta muestra de la compañía española Musealia. El buque que traerá esta exposición única a la capital se encontraba esta semana frente a las costas de Cuba rumbo directo a Valencia.

En su interior traslada parte de la historia del suceso naval más famoso del siglo XX. El RMS Titanic se convirtió en leyenda antes de comenzar a construirse en los astilleros Harland and Wolf. Iba a ser, junto a sus dos hermanos gemelos –el Olimpic y el Gigantic, renombrado tras la tragedia como Britanic–, el barco más grande y lujoso del mundo. Y lo fue. Un «trasatlántico de los sueños» con comodidades de las que muchos de sus pasajeros nunca antes habían disfrutado, como la luz eléctrica en todos los camarotes.

Un lujoso interior que el visitante de esta retrospectiva podrá comprobar en primera persona con recreaciones idénticas de sus estancias. Por ejemplo de la gran escalinata que presidía la zona noble del barco o la cabina desde la que Mr. Phillips, uno de los operadores de Marconi en el barco, envió desesperadamente su señal de «SOS» a los barcos cercanos.

«Pasajeros» privilegiados que se pondrán en la piel de las víctimas recorriendo un pasillo de primera clase, contemplando un camarote de tercera e incluso tocando una placa de hielo. Una recreación de un iceberg de más de 5 metros de largo y 2 de altura en el que se puede sentir el atroz frío que tuvieron que pasar antes de ser rescatadas o de morir en las heladas aguas del Atlántico Norte.

El objetivo, según sus organizadores, es hacer sentir una «entrañable experiencia, con una alta carga humana y emocional». Un recorrido en el que la «verdad» sobre el transatlántico se impone sobre la leyenda, aunque sin renunciar a los mitos que han inspirado a la literatura y al cine. Uno de ellos es el colgante original en el que James Cameron se basó para crear la joya de ficción denominada «Corazón de la Mar» que Rose Dewitt –interpretada por Kate Winslet y Gloria Stuart– luce en la oscarizada «Titanic».

Detenidos en el tiempo

Fragmentos de historia que albergan el recuerdo de los verdaderos protagonistas del fatídico viaje. Todos han sido minuciosamente estudiados y rescatados de colecciones privadas para ser testigos únicos de la impresionante tragedia que se llevó consigo la vida de 1.495 personas. Entre ellos están algunos de los relojes que se pararon en la hora exacta del hundimiento o la lista original de pasajeros certificada por la White Star Line el 31 de mayo de 1912. De las tres copias que se expidieron por parte de la compañía propietaria del Titanic, esta es la única que se conserva. También se podrán ver las dos cartas originales escritas por el primer oficial William Murdoch; manuscritos del hombre que estaba al mando del buque cuando se produjo el choque con el iceberg y el encargado de dirigir las tareas de salvamento en la cubierta de estribor.

Emociones a bordo

Junto a las postales, diarios personales y cartas rescatadas, constituyen los documentos originales de mayor trascendencia histórica que se conservan del buque. El que más impresiona quizá es la lista de los cuerpos recuperados tras el hundimiento, en la que figura el nombre de las 712 personas que lograron sobrevivir a la catástrofe marítima.

Las botitas que llevaba puestas la pequeña Louise Kink la noche del naufragio o la manta original utilizada por la pasajera de tercera clase Velin Ohman son algunos de los objetos con mayor carga emocional «a bordo» de esta exposición. Los testimonios de los pasajeros acompañarán al visitante por los más de 1.500 metros cuadrados –repartidos en ocho salas distintas– gracias a una audioguía especial.

Un valor añadido que recupera historias tan singulares como la de Victor Peñasco, uno de los pocos españoles que viajaban en este gigante. Estaba de luna de miel junto a su esposa María Josefa Pérez de Soto. Ella se logró salvar por la orden del capitán Edward John Smith de que las mujeres y los niños fueran los primeros en ser evacuados. Le obligaron a soltarse de los brazos de su marido. De él nos queda su historia, su esmoquin y sus objetos personales –presentes en la muestra– y la última frase que le dijo a su mujer: «Pepita, que seas muy feliz».

El 1 de septiembre de 1985 a la 1.05 de la mañana, el Titanic fue localizado en su tumba abisal, a cuatro kilómetros de profundidad.

El transatlántico se convirtió en el objetivo de oceanógrafos y cazadores de tesoros que no siempre han respetado su historia. Todo lo contrario que «Titanic: The Exhibition» que, con su rigor histórico, pretende embarcar en esta muestra a 150.000 visitantes hasta marzo de 2016.