El colosal monumento a Colón en el Retiro que iba a competir con la torre Eiffel

El ingeniero Antonio de Palacio proyectó una gigantesca construcción de 300 metros de altura junto al Palacio de Cristal

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Alberto de Palacio (1856-1939) tuvo un sueño. Fue a finales del siglo XIX cuando este brillante ingeniero que transformó el Madrid de su época con obras tan significativas como la estación de Atocha, proyectó un monumento de homenaje a Cristóbal Colón que dejó a todo el mundo con la boca abierta.

Una esfera de 200 metros de altura y un volumen de 4,1 millones de metros cúbicos, que en un principio fue diseñada para la Exposición Universal de Chicago de 1892, pero que, tras rechazarse, se planteó levantarlo en el parque del Retiro.

En el Madrid de la época no se hablaba de otra cosa. Todo el mundo la comparaba con la torre Eiffel de París, y ya comenzaba a hablarse de la rivalidad entre los dos munumentos como la batalla de los dos grandes colosos del sur de Europa. No en vano, Alberto de Palacio fue uno de los grandes discípulos de Gustave Eiffel.

La obra consistía en la representación de un gigantesco globo terráqueo, con los cinco continentes y los océanos plasmados en la superficie. Además, a la altura del ecuador se había colocado una plataforma de 700 metros de longitud y 14 metros de altura que hacía las funciones de mirador. La impresionante bola se apoyaba sobre una peana de 100 metros de alto, hecha en hormigón armado y reforzada con un armazón de hierro, con el que se garantizaba la estabilidad del conjunto gracias a diferentes puntos de apoyo.

Dentro de la esfera se había proyectado la reproducción de la bóveda celeste en el momento de la llegada de los españoles al Nuevo Mundo.

A los pies del monumento estaba previsto construir numerosas dependencias a distintos niveles, como centros culturales, salas de conferencias para congresos, bibliotecas colombinas, museos arqueológicos del mundo español y americano, museos zoológicos y botánicos, salones de música, observatorios y colegios astronómicos, además de varios restaurantes, un teatro, un gran hotel e, incluso, una iglesia. Nunca nadie había visto nada igual.

Como no podía ser de otra forma, una enorme estatuta de Cristóbal Colón recibiría a los visitantes en el pasillo de acceso al monumento. Con más de 300 metros de altura, la peana y la esfera igualaban las dimensiones de la Torre Eiffel (1887-1889). Pero, para batir su récord y convertirse en la estructura más alta del mundo, se pensó en un curioso remate, consistente en una réplica de la carabela Santa María, con esculturas de su tripulación a bordo.

La intención era levantarlo en el Retiro, junto al Palacio de Cristal, edificio en cuya construcción también había participado Antonio de Palacio. El problema llegó cuando las autoridades comenzaron a hacer números para financiar la obra. El presupuesto se disparaba muy por encima de lo previsto, por lo que el proyecto quedó aparcado por los siglos de los siglos.