Viaje al interior del megaedificio fantasma que arruinó Alcorcón
Sala de Exposiciones con el artesonado de madera noble - foto: De San Bernardo/ Video: Luis M. Farraces
Madrid

Viaje al interior del megaedificio fantasma que arruinó Alcorcón

ABC entra en el Centro de Las Artes, el proyecto faraónico del anterior alcalde socialista y que sigue siendo inviable

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Techos de cobre, artesonados de madera noble, tecnología punta, robótica de diseño, lujo desmedido y ostentación. Unos 66.000 metros cuadrados de discutible viabilidad y dimensiones propias de un proyecto faraónico. Una locura presupuestaria. ¿Dónde estamos? ABC se mete en las tripas del Centro de Creación de las Artes de Alcorcón (CREAA), un proyecto faraónico del antiguo alcalde socialista, Enrique Cascallana. Paralizado y fantasmagórico, sigue necesitando dinero de las arcas municipales. Lo principal, vigilancia permanente contra asaltos y «okupas».

Sin palabras. Así se queda uno cuando pisa, por dentro, este desaguisado. Silencio. Polvo. Materiales de primera clase apilados. Cables sueltos que cuelgan. Camerinos y salas a medio terminar... De pronto, la «autopista». Se aprieta el interruptor y, de golpe, se enciende un pasillo casi kilométrico.

Porque, grandezas aparte, el CREAA —con esos 66.000 metros cuadrados de superficie total—, se pensó como un solo ente de 9 edificios inseparables e interconectados por los sistemas de refrigeración y calefacción. Se pone en marcha en una punta y llega hasta la otra. No está hecho por fases. Los interminables tubos del techo lo dejan claro. O todo o nada.

Del proyecto está construido un 60% aproximadamente. Cascallana se gastó 110 millones de euros. Si alguien quisiera terminarlo tendría que invertir otros 60 más. Por lo menos. Lo curioso es que el megaproyecto del socialista se ha ido costeando a base de las plusvalías de Emgiasa, la empresa pública de la vivienda de Alcorcón, que tiene, como es lógico, otros fines sociales distintos. Los socialistas dejaron Emgiasa con una deuda de 333 millones, aproximadamente el 60% de la deuda del Ayuntamiento (612 millones). Hoy, dicha empresa pública está en periodo de liquidación.

He aquí alguno de los espacios del CREEA. Las cifras son de vértigo: conservatorio Danza (989 metros cuadrados), conservatorio Música (2.393), auditorio con capacidad para 1.500 personas (8.603 metros cuadrados), sala configurable (2.599), tiendas (199), palacio congresos (1.765), cafeterías y restaurantes (1.200), talleres de producción artística (2.340) y sala de exposiciones (1.430). El aparcamiento (500 plazas) y los muelles ocupan 19.718 metros cuadrados. Y todo, conviene recordarlo, de corrido; sin separaciones. Hay diversas puertas para entrada de público. Pero nadie contó con los accesos, en coche, al CREAA: las carreteras no absorberían el tráfico y la zona, ya poblada, se colapsaría.

Punto y aparte son el circo estable para 600 asientos (2.522 metros cuadrados) y la escuela de circo (2.487 metros cuadrados). Era el homenaje de Enrique Cascallana a su padre, que se dedicaba al digno oficio de payaso.

Las obras se encarecieron en 2 millones de euros por culpa solo del circo: los aposentos para elefantes y otros animales de gran tamaño así como las zonas para reciclado y tratamiento de sus residuos orgánicos.

Todo el proyecto está repleto de virguerías. No falta detalle. Todo a lo grande. Piscinas, gimnasios, musculación, videotecas, camerinos de lujo, salas de audición, salas de ensayo para orquesta, peluquería... Y mucha zona «vip». El CREEA hubiera pasado de los 180 millones de euros de presupuesto. El Guggenheimde Bilbao costó 123 y la ampliación del Museo del Prado, 150.

Nos vamos. Al apagar las luces, la sensación de frialdad se acrecienta. ¿Y qué se puede hacer con todo esto? ¿Cómo acabar con este despropósito a medio terminar? Los urbanistas dicen que tiene mala solución. Para más «inri», está sobre suelo demanial. No se puede vender ni alquilar. Recalificar, imposible.