Ujieres del Congreso, así vivieron el 23-F: «Nos dijeron que no íbamos a morir»
El portero mayor y el adjunto del Congreso de los Diputados hablan por primera vez de lo que vivieron aquel 23-F - ANgel de ANToNIO
MADRILEÑOS CON HISTORIA

Ujieres del Congreso, así vivieron el 23-F: «Nos dijeron que no íbamos a morir»

El portero mayor y el adjunto del Congreso de los Diputados hablan por primera vez de lo que vivieron aquel 23-F. «Nos dijeron que no utilizáramos los teléfonos»

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Llevan treinta y cuatro años juntos. Son de la misma promoción de ujieres. José María Mayoral Pérez y Luis Alfonso González Rodrigo no borran de su retina aquel 23-F de 1981. El primero, hoy portero mayor adjunto del Congreso de los Diputados, lo vivió en primera persona. Estaba allí, en su turno. A su jefe, Luis Alfonso, portero mayor, no le pilló por los pelos pues acababa de quitarse el uniforme e iba ya camino de casa. Los recuerdos y las anécdotas les salen a borbotones. A los dos. «Nada más ver entrar a los guardias civiles me olí que era un golpe de Estado», sentencia José María.

Ambos llevan una especie de temple parlamentario en la sangre. «Todo lo bueno se pega», dicen con cierta guasa. Les gusta su trabajo en la Cámara baja y se conocen al dedillo el palacio de la Carrera de San Jerónimo. Hablan sin parar de «aquel día» como si hubiera pasado anteayer y sin darse cuenta de que, con sus relatos, escriben también parte de la historia reciente de este país.

«Mi primera entrevista»

«A mí nunca me han hecho una entrevista. Es la primera», nos asegura José María, nacido en Villanueva del Campillo (Ávila), hace 56 años. Y promete que nos va a contar varias anécdotas que nadie sabe. Inéditas. El muy cuco se las guarda para el final. Luis Alfonso, con 66 años recién cumplidos, procede de Villargordo (Jaén). Está casado y tiene dos hijos. Pensando precisamente en ellos aquel día confiesa que se le hiela la sangre. «Aunque viví el 23-F en casa, sufrí muchísimo. Por mis compañeros y por lo que suponía en sí. Porque si al principio me quedé bloqueado y temí lo peor. Y le dije a mi mujer: ¡Otra vez no!».

«Yo venía -señala Luis Alfonso-, del ramo del metal. Empezábamos a dejar atrás un régimen sin libertades, especialmente la de expresión. No podías rechistar ni manifestarte. ¡Y cómo se negociaban aquellos convenios colectivos! ¡Pero si estrenábamos la democracia...! Fue un alivio ver al Rey en la tele, un verdadero alivio».

«Vi desfilar a los agentes. Los primeros, ni saludaron. Iban nerviosos, muy crispados»José María rebosa cordialidad. Y aguante. Aquel 23-F de 1981 él estaba en su puesto casi habitual: el control de periodistas. «¡Por eso conocía a casi todos!», sonríe. «Eran poco más de las seis de la tarde. Investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno», recuerda. El hemiciclo a reventar. Los diputados iban siendo llamados para votar con un somnífero soniquete. «Vi desfilar a los agentes. Los primeros, ni saludaron. Iban nerviosos, muy crispados. Entre los últimos, la verdad, algunos tenían cara de no saber qué pintaban allí. Se estaba llamando a los diputados a votar. Y al llegar a Núñez Encabo todo paró. El famoso grito, los tiros...»

«Salvapatrias con fusiles»

«Nos dijeron que estuviéramos tranquilos, que no íbamos a morir, pero que no utilizáramos ningún teléfono. Todos quietos. Así nos querían al personal del Congreso. Llegaron a decir que nos fuéramos a casa pero luego se dieron cuenta de que lo mismo alguien se indisponía y nos iban a necesitar. Yo veía a un guardia de cierto rango y con bigote que mandaba mucho. Era Tejero», señala José María.

«¿El peor momento? Los disparos. Sin duda. Los escuché, como todos, y no sabes qué ha pasado y si ha habido heridos o muertos... Tampoco nos dejaron poner la radio. Y ahí hay que reconocer hoy el maravilloso papel de los medios de comunicación. Chapeau. Dilo, dilo, por favor».

El poso que a Luis Alfonso y a José María les dejó el 23-F es, más bien, una lección. «Que el paso de una dictadura a una democracia lleva su tiempo pero merece la pena. ¡Y que Dios nos libre de salvapatrias con fusiles! Nunca más». Lo dicen los dos. Lo mejor, recuerdan, fue casi al final. A escondidas, un ujier le pasó un periódico del día 24, calentito, al diputado de UCD Modesto Fraile. En portada: «Fracasa el golpe de Estado».