El cantante, que este fin de semana estará en Ferrol
El cantante, que este fin de semana estará en Ferrol - abc
entrevista a celso albelo

Celso Albelo: «El Teatro Real ha cambiado con Matabosch, ahora hay variedad»

El cantante canario, que graba en Ferrol este fin de semana su primer disco, charla con ABC de su trayectoria

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Responde desde Lanzarote, donde canta estos días. Su siguiente parada, Ferrol, con recital y disco. Y ya en perspectiva, Madrid, donde volverá la próxima temporada.

Por fin un disco de Albelo. Se ha hecho de rogar...

Tenía algunas grabaciones, como «Pescadores de Perlas», o el DVD del Arlequín de «Pagliacci». Pero por fin, sí, puedo grabar un disco con las canciones que a mí me gustan.

¿Qué le vamos a escuchar cantar en Ferrol?

Una primera parte de canciones españoles y sudamericanas. Como canario, aquí siempre hemos tenido un embudo de todos los artistas que iban a América, y se forjó un crisol de músicas. Siempre me gustó cantar piezas de allí, como Ginastera, canciones mexicanas, venezolanas o argentinas. Y la segunda parte nos ponemos un poco más serios con ópera y zarzuela, dentro del belcantismo, que es lo que hago y para lo que me da la voz.

Oiga, ¿y por qué Ferrol?

Porque todo es culpa de César Wonenburger, buen amigo y director artístico de la temporada lírica de La Coruña. Él sabía que yo quería grabar un disco, y a través de Amigos de la Ópera me lo facilitaron, insistiéndome en la gran acústica del nuevo auditorio de Ferrol. Fue un consejo aceptado.

Le acompañará un pianista. ¿No le queda la espinita de no grabarlo con orquesta?

Con orquesta podría cantar las arias de ópera, que no se van a grabar, pero no las canciones, que son las que se recogerán en el disco. Grabar ópera con piano no tiene razón de ser.

¿Cómo lleva el francés?

Después de mi última experiencia con el «Guillaume Tell» en París, muy contento. Es un idioma que me cuesta, pero los resultados se vieron. Las dos cosas que he cantado en París, el «Tell» y «La Fille du Regiment», son óperas en francés, con lo que muy mal no se me debe dar cuando los propios franceses me piden que vaya a cantarles su repertorio.

Para que luego le critiquen el acento...

Si no me critican el acento francés me criticarán que no se me escucha en el teatro. Al final, si te quieren criticar siempre encuentran algo. No somos perfectos. Ni nadie es objetivo.

El francés bien, entonces. ¿Y la ópera francesa?

Ahí estoy. Mi voz camina poco a poco entrando en ese momento en que es el repertorio que podría abarcar.

¿Ya anda estudiando papeles del género?

Sí, sí. Obviamente, si tengo que decir uno, el Werther. Para debutarlo más pronto que tarde.

Confiese, a Albelo le va la marcha.

Sí, pero una marcha bastante controlada. La gente se piensa que soy muy espontáneo, pero todo va muy estudiado y pensado. Detrás hay horas y horas de estudio, de preparación. Me va la marcha, pero hasta donde se puede.

¿Con quién se habla la evolución de una carrera?

Más que hablar, hay que escucharse a uno mismo y no dar un paso más largo que tu pierna. En cuanto sacas los pies del tiesto, tu propia voz te dice que es el camino equivocado. Incluso con papeles que se suponen que deberían irte bien, pero que los pruebas y notas que no te encuentras en el sitio. Entonces lo recomendable es esperar o, sencillamente, dejarlo.

Cuando se llega arriba, ¿a qué se aspira?

Nunca he visto esto como arriba y abajo. Yo busco divertirme y ser un tipo honesto. Ese es el secreto. Dentro de la honestidad está el sacrificio, el estudio, el trabajo. No me planteo lo de arriba y abajo, la verdad.

En Madrid debutó con el Duca de «Rigoletto», volvió con el Nemorino del «Elisir d'amore» y el próximo año con el Arturo de «I Puritani». ¿Sus tres papeles fetiche?

Sí, nunca lo había visto así pero es verdad. Es la suerte de que me los hayan ofrecido y tuviera huecos en la agenda para ir a cantarlos. Rigoletto fue el papel con el que empecé, junto a un tal Leo Nucci, y es el más he cantado en mi carrera. Nemorino, que me fue muy bien desde el debut en Venecia y luego con los bises, aunque en Madrid no procedía darlo, y me ha dado muchísimas satisfacciones. Ahora acabo de cantarlo en Viena y Parma, y ya sabemos cómo se las gastan en Parma. Y Arturo, qué te puedo decir. Uno de esos papeles grandes, y me ilusiona volver a Madrid con él.

¿Se corre el riesgo en «I Puritani» de que el aficionado se quede esperando el Fa sobreagudo del aria final y se decepcione si no llega?

La gente es libre de quedarse con lo que quiera. Mi Arturo no empieza y termina en el Fa. Sí, es morboso, pero yo me vuelvo loco por hacer un tercer acto lleno de color, porque es donde me divierto. Lo importante es poder decidir si das esa nota o no.

Teatro Real. ¿Han cambiado las cosas con Matabosch respecto a la etapa anterior?

Estos «Puritani» son mi primer título con Matabosch de director artístico. Después de cantarlos podré opinar con más propiedad, pero creo que sí. Basta ver la temporada. De momento, se hacen óperas algo más conocidas y eso llamará más a la gente. Luego te podrán gustar más o menos las elecciones que hace, pero desde luego es una programación más variada.

Vive a caballo entre Madrid y Roma. ¿Tan grave es la crisis de la ópera en Italia?

Sí, es un momento complicado, pero creo que tienen recursos suficientes para salir adelante. Por ejemplo, la Fenice ha demostrado que siendo cabal y con una programación sensatas se puede cerrar con superávit. Acabo de cantar en Módena, teatro modesto, pero saneado económicamente. Se han cometido errores en el pasado pero están en el camino para subsanarlo. Los italianos para eso son hábiles.

¿Es un problema de gestión o de público?

Bastante más de gestión de los teatros.

¿La ópera entonces puede ser rentable?

Absolutamente. Mi mujer es hija de un empresario que se jugaba su dinero programando y produciendo espectáculos de ópera. Y ahora que he conocido el tema, me explicaba fórmulas para que la cultura sea rentable, incluso también desde el plano económico. ¿La cultura es cara? La incultura lo es todavía más.

Su mujer, Giorgia Guerra, trabaja en el ámbito de la producción. ¿Lo clásico pasa de moda?

Lo clásico, bien hecho, nunca pasa de moda. Ahí está la historia. En todas las crisis, siempre se acaba volviendo a lo clásico, porque te da un punto de partida. En lo clásico están las raíces, la esencia. Si se pierde eso de vista, se acaban presentando idas de olla que nada tienen que ver con lo que quería el autor. Que puede ser muy interesante, pero suele ser también escandaloso. Y además, muchísimo más caro.

¿Mira de reojo a su cita con el Metropolitan de Nueva York el año próximo?

De reojo no, de frente. Pero sin vértigo. Me llega en el momento justo. Llevo diez años de carrera, acabo de ser papá, estoy equilibrado y puedo afrontar el último gran teatro que me quedaba. Y además es un título de un autor que domino, como Donizetti. No podría coincidir mejor. Lo afronto con mucha ilusión pero con toda la calma.

La última. ¿Ya ha aprendido nanas infantiles?

¡Me las sé en italiano y en español! Y por ahora el niño se queda dormido...