El alcalde de Oza-Cesuras, Pablo González-Cacheiro, ante una de las dos casas consistoriales del municipio
El alcalde de Oza-Cesuras, Pablo González-Cacheiro, ante una de las dos casas consistoriales del municipio - miguel muñiz
entrevista a pablo gonzález-cacheiro, alcalde de oza-cesuras

«Si nos hubiéramos fusionado antes, esta crisis no nos hubiera cogido tan de cerca»

Cumplido un año de la primera fusión de municipios en democracia, el impulsor de esta unión hace balance de un período convulso en el que la clave ha estado en adaptarse manteniendo la identidad personal

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Aunque los indicadores viales se empeñan en dar la bienvenida a los visitantes por separado, lo cierto es que poner un pie en el antaño municipio coruñés de Oza de los Ríos es hacerlo también en Cesuras, y viceversa. Fruto de un enlace cuya tramitación se prolongó durante casi dos años, surgía en junio de 2013 el tándem Oza-Cesuras, primer ayuntamiento fusionado en España en los últimos 45 años. El cerebro de esta reformulación local fue Pablo González, un alcalde que los días pares despacha en la casa consistorial de Oza y los impares en la de Cesuras. Hoy [esta entrevista se realizó el pasado jueves] toca estar en el segundo de estos municipios, el que amplió la lista de «clientes» de González «en 2.200 vecinos más».

—La familia ha crecido en el último año y ahora el concello que dirige suma más de 5.000 habitantes. Un salto cuantitativo que les supone importantes beneficios económicos, sumados a los de la propia fusión...

—Sólo a nivel presupuestos estamos hablando de que ahora manejamos 4.378.000 euros y antes entre Oza y Cesuras no llegaban apenas a 3 millones. Es decir, se trata de un 25 por ciento más. Con este dinero se está mejorando el saneamiento, se están colocando aceras en las parroquias... en conjunto, se están realizando obras por importe de más de un millón y medio de euros. Pero lo importante no es eso, sino los servicios vecinales. Ahora estamos priorizados con respecto a los demás ayuntamientos, sobre todo en el tema de puntuaciones, y eso se nota. En lo que es la cuota de basura, por ejemplo, bajamos el coste de 96 euros a 56.

—En el balance que se presentó en el Parlamento se habló, hilando unas partidas y otras, de una ganancia próxima a los 200.000 euros. Sin embargo, la fusión no logró el efecto arrastre que se esperaba.

—En realidad, un año de balance no se puede tomar como referencia. Eso es solo un principio y nosotros esperamos aumentar beneficios. Sobre lo de que otros alcaldes se animen, hombre, es difícil. Una fusión no es tan sencilla como se atrevieron a decir algunos estudiosos. Yo puedo decir que mi vida ha cambiado el doscientos por cien. Ahora tengo dos ubicaciones, con lo que tengo que trasladarme cada día y el desgaste es mayor. Para mí y para los trabajadores que tuvieron que adaptarse a nuevas formas de hacer, a la fusión de dos administraciones, para el personal de Oza que se vino a Cesuras y al contrario... ha sido complicado. Estamos hablando de un período de adaptación, como cuando nos pasamos al euro. Y cada día nos siguen surgiendo nuevas dudas como si la Diputación nos tiene en la base de datos juntos o separados, sobre cómo nos trasladan los informes del INE, si como Oza-Cesuras o cada uno por su lado...

—El aproximarse a sus nuevos «clientes» también forma parte de esta obligada adaptación. El alcalde dedica muchas tardes a ir casa por casa hablando con los vecinos.

—Sí, normalmente llego, toco a la puerta y les digo que voy a cobrarles los impuestos, para sacar hierro al asunto. A veces digo que estoy perdido y pregunto si me conocen.

—¿Qué quejas le transmiten en esas visitas a domicilio?

—Sobre todo hablan del paro, que en esta localidad está en 350 personas. También te piden infraestructuras, mejoras en las comunicaciones...

—¿Cómo va el proyecto de la esperada escuela infantil?

—Firmamos el convenio hace dos semanas y ya está en marcha. Yo creo que las obras empezarán ya y tardarán alrededor de un año. Suena mal, pero coincidirá con las elecciones municipales.

—A las que usted se presentará...

—Ahora ya no me queda más remedio y hay que tirar para adelante. Yo esto, por la parte que me toca, no lo dejo a medias. Sé que el proyecto aún da más de sí.

—Defiende el modelo de fusión a capa y espada, pero algunas desventajas tendrá...

—Sí, sobre todo el que en un momento malo para la economía estemos generando un ahorro en los sueldos de los empleados porque acabamos con las duplicidades. Antes había dos educadoras familiares y ahora solo una; había dos técnicos de empleo y ahora queda uno... estas cosas son difíciles de hablar en tiempos de crisis.

—Pese a todo, sigue habiendo duplicidades importantes. Mantienen dos casas consistoriales y hay dos ediles por concejalía.

—El objetivo de la fusión es que se iba a mejorar la calidad de vida de los vecinos y a día de hoy tener dos emplazamientos permite que la gente pueda ir al ayuntamiento que tenga más cerca. Por eso, aunque nos cueste, seguiremos manteniendo las dos casas igual que hacen otros concellos como Culleredo, que tiene oficinas en O Burgo al margen del concello. La idea es acercar la administración a los vecinos, no que los vecinos tengan que desplazarse por la administración. Lo de los dos ediles por concejalía se mantiene porque no tienen dedicación exclusiva. Aquí no existe el reparto por áreas como puede existir en una gran ciudad. Se trata de meros transmisores de ideas que tienen sus trabajos fuera del ayuntamiento y con los que no ha habido roces al compartir. Tengo que quitarme el sombrero con el personal.

«El Gobierno tiene que premiar que llegamos a la meta a tiempo»

—Los vecinos le piden empleo y farolas para sus calles, pero ¿qué le pide usted al Gobierno central?

—Que nos recompensen por haber hecho las cosas bien y por haber llegado a la meta antes de tiempo. No tiene sentido ni es justo que la nueva reforma local no nos reconozca nada porque nos fusionamos antes de que entrara en vigor. Por eso tenemos pendiente una cita con el secretario de Estado de Administraciones Públicas, Antonio Beteta, para explicarle nuestra realidad. Tenemos derecho a una exención en la prestación de servicios de poblaciones de más de cinco mil habitantes y la Xunta nos apoya en esta lucha. Son 80.000 euros que al año dan para muchas cosas y no vamos a renunciar a ellos.

—Además de la pelea por que la situación de Oza-Cesuras sea tenida en cuenta en la nueva ley, tiene otros dos frentes abiertos. El de Coca-Cola y el de la planta de Ence...

—Coca-Cola tiene un terreno adquirido en el que invirtió 7 millones de euros. Ahora están pasando por una época en la que trataron de llevar a cabo un ERE, pero el tema sigue estando porque el solar es suyo. Miramos hacia delante y con positivismo porque sabemos lo que tenemos y lo que tenemos es bueno y Coca-Cola lo sabe. En lo que se refiere a Ence, estamos trabajando porque aquí el sector forestal es importantísimo. Tenemos dos de los aserraderos más importantes de la provincia y la madera es la caja de ahorros de los vecinos de Oza-Cesuras. El proyecto de Ence es para crear una central de biomasa donde se aprovechen los despojos de la madera. En las conversaciones que tuvimos con la empresa nos dejaron claro que la idea les gusta y les interesa. Lo único que podemos hacer es agradecer que se hayan fijado en este ayuntamiento y que vengan tanto a visitarnos.