Recreación de la «Batalla del Batán» del pintor Carlos Morón
Recreación de la «Batalla del Batán» del pintor Carlos Morón - abc

«Por España y por la fe, vencimos al holandés», Gran Canaria celebra la épica victoria sobre Van der Does en 1599

La potente armada de los Países Bajos, derrotada en la «Batalla del Batán», saqueó e incendió Las Palmas de Gran Canaria hace 415 años

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Hace 415 años la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria fue atacada, saqueada e incendiada por la armada holandesa del almirante Pieter van der Does. Entre los días 26 de junio y 8 de julio de 1599, la potente flota de los Países Bajos, con 74 embarcaciones y 12.000 hombres -entre tripulantes y soldados- lograron poner pie en la bahía del puerto de las Isletas (hoy llamado de Las Palmas o La Luz), en lo que pretendía ser el principio de la invasión de la isla de Gran Canaria y, a partir de ella, de las seis islas restantes.

A finales del siglo XVI los Países Bajos se habían sublevado contra la España de Felipe II y el ataque naval a Gran Canaria, probablemente el más potente y trascendental que ha padecido Canarias en su historia, muy superiores a los desencadenados por Drake o Nelson, era clave en los planes de Holanda de cara a sus futuros establecimientos en las Indias Occidentales y Orientales.

Tal y como ha contado el reconocido historiador tinerfeño, ya fallecido, Antonio Rumeu de Armas, hay que tener en cuenta las expediciones holandesas anteriores a lugares como Sumatra, Borneo o Java. Estaban convencidos de que Gran Canaria podía ser el punto de apoyo "vital" para garantizar la travesía a ambos continentes.

El pirata exigió un rescate por liberar a la ciudad de la destrucción

El esquema de ataque de Van der Does tenía cuatro objetivos básicos: Apoderarse de Las Palmas como represalia a las supuestas tropelías y daños provocados por las autoridades españolas en los Países Bajos; exigir un importante rescate a cambio de liberar a la ciudad de los horrores del saqueo y la destrucción; apresar a las autoridades y organismos de la isla para asegurar el dominio político de Gran Canaria y, a partir de ahí, utilizar este territorio como plataforma para extender la soberanía holandesa sobre todo el Archipiélago.

La población de la ciudad sumaba entonces apenas 5.000 habitantes y toda la isla no superaba los 15.000. Las fortificaciones, como la muralla que la rodeaba o el castillo de Las Isletas, eran "escasamente válidas", narra Rumeu de Armas.

El plan de defensa del gobernador y Capitán General de la isla, Alonso de Alvarado, para reducir a los 12.000 expedicionarios holandeses consistía en evitar el desembarco a toda costa; vigilar los flancos para evitar el cerco, y si esto no daba frutos, resistir en la línea defensiva de la muralla hasta "la extenuación".

Antes de llegar a isla canaria, la escuadra holandesa hizo una primera escala en Plymouth y dos frustrados amagos de ataque a La Coruña y Sanlúcar de Barrameda.

Intenso bombardeo

Al amanecer de un 26 de junio de 1599 la flota de Van der Does hizo acto de presencia en el puerto grancanario. A la 9 de la mañana se inició la batalla artillera con un intenso bombardeo al castillo principal y a los navíos de la flota. Dos horas de lluvia de balas que se saldaron con numerosas averías e incendios en los barcos.

Después de reiterados intentos y reñidos combates contra las fuerzas holandesas, el desembarco comenzó cuando el almirante dirigió sus cañones a tierra. Perdieron la vida 1.000 soldados, hubo cerca de un centenar de bajas españolas y el gobernador resultó herido de muerte (falleció el 20 de agosto).

Desembarcada la infantería de marina holandesa en el Real de Las Palmas -su nombre entonces-, con el teniente Antonio de Pamochamoso como nuevo gobernador, se inició el asedio. Tras varias escaramuzas frustradas a distintas áreas de la ciudad, las autoridades ordenaron la evacuación inmediata. Tal es así, que cuando Van der Does penetró en la capital, encontró un "espectro fantasmal", describe el prestigioso investigador.

Su objetivo principal ahora era obtener 400.000 ducados como precio por el rescate de la ciudad, además de un pago anual de 10.000 ducados en reconocimiento a la soberanía, "mientras los dichos señores Estados poseyeran las otras seis islas de Canaria o cualquiera de ellas", reseña Antonio Rumeu de Armas, autor de obras imprescindibles como “Piratería y ataques navales contra las Islas Canarias” y “La conquista de Tenerife”.

"El almirante quedó sorprendido por la decisión de los canarios, que rehuían el diálogo con el invasor. No acertaba a comprender la eficacia del sistema de guerra empleado por los nativos. Daba gritos de indignación y exigía a sus subordinados la captura de parlamentarios", rememora el historiador.

En medio del desconcierto que produjo la invasión, Van der Does optó por enviar cartas a los gobernantes de la isla por medio de un correo con bandera blanca. No recibió respuesta. Como tampoco su pliego de condiciones de negociación del rescate. Finalmente, en demanda de respuesta, envió un mensajero: "Que hiziere lo que quisiere, que la gente de la isla se defendería", fue la contestación.

Envió una columna soldados a arrasar Santa Brígida

Con Las Palmas tomada y en estado de saqueo, la capital se trasladó temporalmente a la Villa de Santa Brígida, en el interior de la isla. Hasta allí también se había replegado la población y las autoridades.

Van der Does, consciente del intrincado pero desconocido terreno que iba a pisar, en la mañana del sofocante 3 de julio mandó una columna de soldados a arrasar la localidad, dada la resistencia a negociar el rescate. Suponía, además, que habían trasladado y escondido allí las riquezas de Las Palmas.

Cuando se internaron en el frondoso bosque de árboles, acebuches y mocanes de Monte Lentiscal, a las puertas de Santa Brígida, una pequeña guerrilla isleña, formada en su mayoría por milicianos canarios, los abatieron, cortando en seco su avance en el cerrillo del Batán. Los que quedaron vivos se marcharon en desbandada. "La retirada de los holandeses sin orden ni concierto, tuvo como precio un reguero de muertos".

Los canarios cayeron sobre la compañía holandesa bajando por peñas y riscos, saliendo a su encuentro sin piedad. Cundió el pánico en las filas holandesas, agotadas, además, por el calor. Esa misma tarde los piratas saquearon la Catedral de Santa Ana, el Cabildo, el palacio episcopal, conventos y casas nobles de la ciudad. También incendiaron la fortaleza de La Luz. En total, se llevaron 32 cañones, 17 del Castillo de La Luz.

Van der Does ordenó la salida de Las Palmas, no sin antes prenderle fuego. Iglesias, conventos y edificios públicos fueron pasto de las llamas, y el 4 de julio los holandeses regresaron a sus navíos entre columnas de humo.

La escuadra holandesa fue derrotada en la que ya se conoce como la "Batalla del Batán". Estos días el Ayuntamiento de Santa Brígida ha celebrado, junto con el Regimiento Infantería Canarias-50, el 415 aniversario de la gesta.

La ciudad desierta había sido decisiva para la liberación de Las Palmas. Esta fue "la victoria vencida", expresó el poeta Cairasco. En el escudo de Santa Brígida reza la leyenda: "Por España y por la fe, vencimos al holandés". La reconstrucción costó 30 años.