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El selfi de Fundéu-BBVA

Una lengua es una herramienta de comunicación. Y esa riqueza puede acabar en incomunicación

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ES cosa buena que quien se gasta su dinero en patrocinar alguna actividad espere obtener un rédito por su inversión. Eso son unas reglas de juego razonables aunque algunos quieran acabar con ellas ahora. Cuando en 2005 la Agencia Efe tuvo el buen criterio de crear una Fundación del Español Urgente (Fundéu) a partir del Departamento de Español Urgente que ya tenía desde 1980 en colaboración con la Real Academia Española, hizo falta encontrar un patrocinador y ese fue, desde el primer momento el BBVA. Con el paso de los años hay quien llega a la conclusión de que el mucho dinero que el banco vasco invierte ahí luce poco. Después de todo el objetivo principal de Fundéu es asesorar a periodistas en su trabajo, no el ser noticia en sí mismos. Así que se busca un día de gloria al año para la Fundéu inventándose tener la capacidad de designar la palabra del año. Con buen tino se úbica ese día el 30 de diciembre, en el que la actualidad informativa es menor y por tanto la repercusión mucho mayor. Y se escoge una palabra. Polémica, a ser posible. El resultado es brillante: todo el mundo habla de tu iniciativa a un coste cero. Sólo podemos felicitar al responsable de la idea.

Como el galardonado de este año es el término «selfi», yo pediría ahora a Fundéu que haga su trabajo y me explique cómo llamar a esa extensión del brazo que emplean para hacerse selfis algunos como Carlos Herrera, según queda inmortalizado esta semana en «¡Hola!». Me informa mi hija -que no tiene más autoridad en la materia que la de disponer de idéntico aparato- que eso es un «paloselfi». Pero puestos a argumentar que el inglés ofrece «palabras cortas y sonoras que entran bien por el oído», como hace la Fundéu, sería más lógico llamarlo «selfistic» del inglés «selfiestick».

No se puede estar en contra de la inclusión de extranjerismos en ninguna lengua y menos en nuestros días de globalización. Aunque esto siempre ha ocurrido. En inglés tenemos el maravilloso término «tantamount» que viene del dicho castellano «tanto monta, (monta tanto, Isabel como Fernando)». Y entonces la comunicación era por correo postal. Y en países como Estados Unidos el español también coloniza el inglés. Pero sería conveniente pedir un poco más de prudencia a la hora de legitimar términos que pueden estar desaparecidos en unos años. Y ese ha sido siempre un objetivo fundamental de la RAE -que sigue asesoando a la Fundéu.

A lo largo de los años he tenido muchas discusiones con amigos anglosajones sobre el valor que tiene la existencia de una academia de la lengua. Lord Garel-Jones, galés de Candeleda, siempre me habla de la riqueza del inglés por no estar constreñido. Y eso es cierto. El problema es que una lengua es una herramienta de comunicación. Y esa riqueza puede acabar en incomunicación. Las academias de la lengua en España e Iberoamérica trabajan juntas e intentan mantener una unidad del lenguaje en todo el planeta. Un reto inmenso, pero mucho más real hoy en castellano que en inglés. Prueba de ello es que un ciudadano de Bermeo y otro de San Carlos de Bariloche (Patagonia) pueden entenderse en castellano perfectamente. Pero es más dudoso que un bostoniano y un ciudadano de Quetta, en Paquistán, se entiendan tan bien. Como ya no se entienden un marroquí y un iraquí y ambos hablan árabe. Hablar una lengua común enriquece, mientras que hablar diferentes lenguas empobrece precisamente porque no permite comunicar. Y ahora, con la asesoría de la Real Academia Española la Fundéu legitima el selfi. Un acto que nació de la incomunicación que implica tener que hacerte una foto a ti mismo porque no tienes nadie que te la haga o no quieres que otro te ayude.