Funeral en Estambul por policías turcos asesinados por un terrorista suicida
Funeral en Estambul por policías turcos asesinados por un terrorista suicida - AFP

Los yihadistas dejan de suicidarse para poder seguir matando

No todos los terroristas eligen perecer en sus actos criminales. Cada vez más de ellos, prefieren sobrevivir para repetirlos

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Atentados recientes como el de Turquía confirman que el suicidio no es el único modus operandi en el repertorio yihadista. Por motivos diversos inmolarse es la preferencia de algunos, pero no de todos los terroristas inspirados en el fundamentalismo islámico. Sus consideraciones tácticas pueden llevarles a intentar sobrevivir para seguir asesinando para dejar el mayor número de muertes posibles, aunque tampoco descarten morir si son abatidos mientras perpetran sus atrocidades.

Una vez alcanzado el elevado grado de fanatización que supone el asesinato masivo de seres humanos, la lógica asesina es la que dicta la táctica y la estratégia. La muerte propia por la que algunos terroristas optan constituye, desde la perspectiva del fundamentalismo, una recompensa. También se acepta si contribuye a «ocultar secretos de los combatientes en la fe», en palabras del líder terrorista Mustafa Setmariam. Por tanto, el terrorismo suicida es una elección, tomada en un estadio de profunda radicalización, en la que influyen factores racionales, emocionales e ideológicos.

Las preferencias terroristas también están condicionadas por la oportunidad de acceder a determinadas armas y explosivos. El próspero tráfico ilegal ha favorecido la disponibilidad de armas automáticas como el Kalashnikov, proliferando su uso entre terroristas y otros criminales. Sorprende la facilidad con la que se puede disponer de un arma tan letal y que genera tanta fascinación. Al ser un arma de guerra, ayuda al terrorista a ver su crimen como un acto legítimo en la contienda que alega librar contra objetivos a los que deshumaniza descalificándolos como «infieles», «apóstatas» o «cruzados».

Hay yihadistas deslumbrados ante la capacidad bélica que proyecta, como muestran los últimos detenidos en España que posaron con un Kalashnikov, y que convenientemente rentabilizan a través de su propaganda distintos grupos terroristas, como ocurrió tras los atentados en Francia de 2015 en los que se utilizaron este tipo de fusiles. Tan variadas pautas de actuación terrorista añaden complejidad a la respuesta policial a la amenaza.

ROGELIO ALONSO ES DIRECTOR DEL MÁSTER EN ANÁLISIS Y PREVENCIÓN DEL TERRORISMO URJC